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Santa Lucía que valga

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Como decía hace mucho tiempo una de las vecinas de mi mamá el domingo pasado sufrí un ataque de vergoña. Aunque creo ya no vale la pena discutir los resultados electorales, nuestro pueblo más que dividido, padece de una condición crónica que los especialistas han denominado el “meimportaunculismo”.

Y es sobre este fenómeno abstencionista que deberíamos prestar un poco más de atención: El colombiano, es un ciudadano defraudado por el sistema político y por tanto ha abandonado su condición de ciudadano que no es otra cosa que la participación activa en las decisiones del Estado.

No podrían interpretarse los guarismos en la participación electoral en otro sentido diferente. A menos, claro, que el colombiano sea un molondro, insuflado de purita modorra mental. Pero como me niego a pensar que mis compatriotas y yo somos así, quisiera analizar el camino de la defraudación.

Para que más del 60% de la población alistada para votar se quede en la casita, una fría y lluviosa tarde de domingo, se necesita, además de un buen partido de futbol y unas cobijas calientitas, varias cosas. Entre ellas estar convencido que el voto no sirve para nada.

Me gusta la parábola de los ratones que eligen como alcalde entre el gato blanco y el gato negro, la diferencia de color es fundamental. A los pocos ratones que proponen a otro ratón como la tercera vía, los comienzan a desaparecer paulatinamente otros ratones, con el argumento de que son ratones perversos, ateos y comunistas y, por qué no, que desean incluir la ideología de género en el gobierno. Entonces, tenemos a un lado ratones narcoparamilitares y del otro ratones castrochavistas que desean volver la cocina una nueva versión de la Venezuela fallida de Maduro.

Quizás el voto si sirve. El memorando desclasificado del Citigroup que explica la profunda crisis de la burbuja inmobiliaria del 2007 es muestra de ello: cuanto temen los gatos que los ratones se den cuenta que viven en la plutocracia y que la única forma de hacerse valer es su voto. La democracia es un sistema sumamente peligroso, por eso hay que disipar su funcionamiento y propender la abstención es uno de los mejores caminos.

Nuestra Sociedad no puede permitirse los mismos errores, es necesario ya implementar mecanismos de participación masivos, obligatorios y de incentivos más claros, que dejen de un lado el tradicional tamal, las tejas y las bolsas de cementos que vemos circular el día de elecciones. Necesitamos ya voto virtual, jornadas de elecciones de más de un día y definitivamente que las elecciones no sean los domingos. Que pereza salirme de la cama el día que Dios me concedió de Sabbath. Además es pecado venial y podría condenarme al fuego eterno del infierno.

 

CARLOS ANDRES GARCIA GIRALDO

@_carlosandresgg

 

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