Blogs / Actualidad / Febrero 03 de 2017 / Comentarios

La movilidad en la encrucijada

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Nunca antes se habían sentido tantas debilidades en la movilidad en Armenia como ahora, sitiada por la falta de vías, el exceso de vehículos, el desorden de las autoridades locales, las obras de infraestructura y la falta de cultura ciudadana.

Pocos resultados arroja el sistema de pico y placa, que amplió la medida a toda la ciudad para ajustar la caótica cotidianidad que debemos vivir los habitantes cuando nos enfrentamos a esta selva de cemento, autos, desidia e imprudencia.
Sin embargo,  cualquier conclusión que hagamos al respecto no nos da una solución pronta, sino varias inquietudes que debemos resolver.

Empecemos por los dueños de las responsabilidades.  La administración municipal no logró consolidar las zonas azules para organizar la movilidad y de paso adquirir ingresos que se podrían reinvertir en lo mismo.
Con zonas demarcadas pero con un funcionamiento inexistente se perdió una oportunidad para suplir en parte esta necesidad.

De igual manera, el poblamiento de vehículos apostados  en las calles del centro de la ciudad no solo significa la demostración absoluta de falta de respeto y sentido común por parte de  los conductores, sino la ausencia de autoridad, del establecimiento de un sistema de control que garantice el orden  al mejor nivel.

A estas alturas conductores de automotores particulares, taxis, buses de servicio público y motocicletas viven las angustias que se generan a partir de las dificultades de desplazamiento, pero además son en parte actores del caos que se apodera cada vez más de las vías de nuestra capital.

Y ni qué hablar del comportamiento de los ciclistas que creen que las normas de tránsito no los cobijan y que pueden pasar un semáforo en rojo como si no hicieran parte del sistema. Si bien la ciudad no les ha respondido con ciclo rutas adecuadas, es indispensable que sus posturas sean coherentes  con un orden, con un proceso.

No estamos en la ciudad urbe de grandes dimensiones pero parece que el problema superó los límites de la sensatez  y no advierte una pronta salida. Las justificaciones son el resultado de una suma de impotencias que van y vienen de boca en boca, que saltan de protagonista en protagonista y que se quedan en el mismo círculo para no provocar nada, porque pareciera que a nadie le interesa en serio.

Albergo la esperanza de que como habitante de Armenia, conductor y peatón se pueda tocar el fondo de esta situación para producir un cambio que nos involucre  a todos, que nos sensibilice y que nos permita seguir avanzando en nuestro propósito de tener una ciudad amable, atractiva para las inversiones y dinámica en su movilidad.

 

* Directora ejecutiva de Fenalco

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