Domingo, 09 Dic,2018

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Se dice de mi…

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Cómo no recordar el título de la canción oficial de la más famosa producción de la televisión colombiana, Yo soy Betty la fea. Esta novela alcanzó a paralizar al país en varios de sus episodios en los que la complejidad de las relaciones humanas, alimentaban el morbo de los televidentes, al punto de ser incluida en el libro Guinness World Récords 2010 como la telenovela más exitosa de la historia al ser emitida en más de 180 países. 
Sin embargo, lo que pocas de las personas que siguieron la novela pudieron identificar, fueron los graves problemas de gobernanza que se presentaron en el manejo de la empresa Eco Moda, que derivaron en una serie de prácticas que infortunadamente aún se ven en muchas empresas a nivel mundial. 

Empecemos por los problemas de sucesión en el mando. En efecto, Eco Moda era una empresa perteneciente a dos familias en la que cada una poseía el 40% de la participación accionaria, y en donde ambas, tenían un candidato familiar para suceder al fundador de la organización. Para resolver el dilema se realizó un concurso a través del cual cada uno debería presentar un plan de negocios que definiría quién sería el sucesor. El ganador, tendría la oportunidad de ejecutar dicho plan durante un año, pero si los resultados no eran exitosos, tendría que entregar el mando al representante de la otra familia. Esta situación generó en el ganador, una obsesión por demostrar resultados basados en cifras amañadas, y en el perdedor, desde su posición en la junta directiva, un bloqueo y una oposición permanente a las actividades gerenciales. Brillaron en esta situación la inexperiencia directiva del gerente, a pesar de su formación académica; el peligroso mecanismo para la elección del ejecutivo principal, que además de ser improvisado, llevó a dividir a sus participantes entre ganador y perdedor; y finalmente, el conflicto de intereses del perdedor, por buscar su beneficio personal en el fracaso del gerente. 

El otro aspecto crítico en Eco Moda se da por la composición y funcionamiento de su junta directiva. En ella hacían parte los accionistas familiares con dos miembros por cada familia y un representante de los accionistas minoritarios. En una de las reuniones más recordadas por los televidentes, la esposa del fundador reniega por la información financiera que le fue repartida a los miembros de la junta, la cual consideró como innecesaria o menos importante que mencionar los detalles de la organización del matrimonio de su hijo con una de las socias. Adicionalmente, la junta se cancelaba por decisión arbitraria del gerente, o incluso, se realizaba con éste en estado de alicoramiento, y la junta nunca tomó medidas frente a estas situaciones. La ausencia de miembros externos, conocedores del negocio; independientes frente a la situación de la empresa, ajenos a las pugnas entre los accionistas, desencadenaron problemas que llevaron a Eco Moda a una situación en la cual los activos quedaron embargados por una empresa de propiedad de un tercero, ajeno a los accionistas. 
Es así que nos vemos enfrentados a otra característica que se presenta durante gran parte de la novela, y es la falta de ética en el ejercicio profesional, además de las actuaciones claramente ilegales. La situación personal vivida por Betty nos llevó a sentir compasión por ella, mientras le ayudaba al gerente a maquillar los estados financieros de la compañía, a crear y controlar otra empresa que pudiera embargar los activos de Eco Moda, antes que sus verdaderos acreedores y a comprar telas de contrabando entre muchas otras actuaciones que están por fuera de la ley. La falta de controles externos, como una revisoría fiscal “verdaderamente independiente”, comités de auditoría y una junta directiva con un enfoque en el control de riesgos, jamás hubieran permitido que los desvíos de la administración pudieran llegar tan lejos. 

Finalmente, sin ser el último de los errores de esta empresa, encontramos la falta de profesionalismo de sus empleados. La participación de los mejores amigos de los socios, incluida la peliteñida de los seis semestres en la San Marino, las improductivas y chismosas secretarias del cuartel de las feas, el diseñador de moda que amenazaba permanentemente con renunciar, entre otros, hacían de Eco Moda el ejemplo perfecto, del peor lugar para trabajar. 

Aunque no lo creamos, la televisión en este caso nos entregó un excelente caso de cómo no se deben manejar las empresas y de cuáles son los principales errores que se cometen a diario en las organizaciones. ¿Será entonces que nuestra empresa es también una novela?


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