Domingo, 24 Mar,2019
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El amor sincero en un mundo de mentiras

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Lo he dicho muchas veces: “todo el mundo miente”. En algún momento de la vida, engañamos a nuestra pareja, abusando de la confianza —sin importar el tipo de mentira que sea—. Para fortuna de las féminas, en estos tiempos, de la subordinación social de las mujeres con respecto a los hombres, heredada de las abuelas, ya no queda sombra.

El propósito de este artículo consiste en reflexionar acerca de lo que escucho a cada rato: gente solicitando y pidiéndole a Dios y a los santos, la llegada de un “amor puro y sincero”. Lo cual no me parece descabellado, sin embargo, me sorprendo cuando veo que en sí mismas, las personas, son un mundo de mentiras —están operadas de las mamas ‘silicona a tutiplén’, se han hecho dermolipectomías, labioplastias, liposucciones, implantes de cabello, alargamientos de pene, etc.—; donde las mujeres son las ganadoras con un sorpresivo 86,2%, de acuerdo con la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética —Isaps, por sus siglas en inglés—, siendo Colombia el cuarto país donde más se practican cirugías plásticas, con incremento del 9% anual; pero bajo el infortunio de no tener claros registros de las complicaciones y muertes por esta causa.

En un mundo de mentiras, es difícil pensar en el amor sincero u otras pretensiones semejantes, máxime cuando muchas decisiones de emparejamiento se toman espoleados por el mero temor a no estar solos. Es justo ser una persona honesta si queremos un amor verdadero, puro o sincero. Se hace necesario ser congruentes con lo que se desea, pero más con la persona que se es, con lo que se dice, se piensa y hace; es decir, primero ser honestos consigo mismos, lejos del que dirán de los demás, y saliendo del confort de la trápala.

El amor sincero no es un tributo ni un suvenir que se implanta u ofrece como un simple reglamento preceptivo, sino la sumatoria de una serie de factores personales y socio-culturales de las partes, —en este caso de la pareja—. Analizo que la construcción social de este tipo de amor ha sido solidificada desde una concepción patriarcal e instalada en las personas como la única manera de relación afectivo-sexual, pero sigue siendo válida aún en estos días.

En ningún momento expreso la no existencia del amor sincero, lo invoco como una experiencia a construir en pareja; pero dudosamente va a llegar a feliz término en una persona que no ha solidificado su autoestima, y se ha dejado contaminar por una sociedad de banalidades superfluas, donde el propio cuerpo es la mayor de las víctimas, al ser sometido a cirugías innecesarias, recortes, láser, etc., con tal de encajar en un mundo que no es el propio o con la intención de cazar pareja. He ahí donde se camufla la mentira, delatando que todos llevamos un Pinocho dentro o la felonía de la doble moral.


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