Lunes, 12 Nov,2018

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El derecho a envejecer sin sexo

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La sexualidad es un aspecto esencial en la vida de los seres humanos, la cual nace y muere con la persona, ya que somos seres sexuados, sexuales y eróticos; sin embargo esto no puede reducirse a lo genital. 

Al agregarle años a la vida no se pierde la sexualidad, así los cambios biológicos y fisiológicos generen mellas en el cuerpo, ya que el adulto mayor disfruta las caricias, los abrazos y el coito — si se le hace posible —. 

A la mayoría nos parece que sabemos mucho del tema, pero la realidad es que sabemos poco, en especial en una sociedad donde el modelo dominante es inherente al individuo joven, sano y bonito. 

El envejecimiento cursa con un declinar sexual propio de la edad. En el hombre se afecta la erección, mientras en la mujer el deseo disminuye. Por lo tanto, los individuos que vivan muchos años, en algún momento de la vida, tendrán que aceptar los asedios de los trastornos sexuales. Sin embargo, cada quien es libre de decidir hacer o no lo que quiera y pueda a la hora del sexo.  

Al ser la sexualidad un aspecto inmanente al ser humano — presente a lo largo de la vida —, se convierte en una parte fundamental del bienestar influyendo en la calidad de vida, pero eso no la transforma en una necesidad. 

De esta idea se desprende el derecho a envejecer con o sin sexo, sobre todo al habitar en una arrogante y estólida sociedad, en donde al adulto mayor se le margina o rechaza, peor aún, se le trata como a una persona inútil, repugnante, poco valiosa y sin atractivos, cuya sexualidad solo es tenida en cuenta para negarle la existencia. 

En nuestros días, cada vez es más la gente mayor de 65 años, y así mismo son más los mayores  de 80 años o más, convirtiéndose el envejecimiento en una larga etapa en la vida de las personas. Es por esto es que debemos prepararnos para conocer, aceptar y respetar las decisiones de los adultos mayores, máxime cuando se trata de su vida sexual.

El hombre y la mujer son propietarios de su cuerpo, por lo tanto, pueden acariciarse y ser acariciados — si es su decisión —, pero nunca han de ser marginados por su condición de persona mayor ni tampoco sometidos a la servidumbre o subordinación sexual de la pareja. Eso sí, se les debe respetar las etapas no sexuales de su vida — si así lo quieren — sin la injerencia de aspectos sociales.

Es incuestionable que ser viejo es una cosa y ser enfermo otra muy diferente. De esta manera las personas gozan de más diversidad como un hecho y un derecho, lejos de las obligaciones o represiones. La actividad sexual en el anciano es una elección saludable, nunca obligatoria, bajo ninguna circunstancia.

Temas Relacionados: Franklin Espitia de La Hoz

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