Lunes, 24 Jun,2019
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Ser caballero es un estilo de vida

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Al realizar un concienzudo análisis de la forma en que vivimos las personas, en los tiempos actuales, la reflexión es esta: nos falta revisar el concepto del “perfecto caballero”, para salir airosos del comportamiento vigente, al cual primero califico de mezquino -por lo incapaz de abandonar la ambición-; pero luego de observar la forma infame y desdeñosa de tratar a los demás, -por su forma de vestir, el barrio donde reside o el tipo de vehículo-, me atrevo a pregonar que vivimos en un mundo de convenientes amistades, porque si uno se descuida, los otros nos dejarán, perjudicialmente relegados, viendo un chispero de fábulas intrincadas entre decepción y estupor.

Me pregunto si hoy falta un Rodrigo Díaz de Vivar (El Cid Campeador, notable caballero del siglo XI) o un poco de la vida caballeresca descrita en Amadís de Gaula. La verdad no lo se, pero indiscutiblemente, nos adolece una brizna de caballerosidad, y no por la pretensión de andar por ahí de aventureros salvando princesas o conquistando reinos.

Un verdadero caballero sabe cómo comportarse en cualquier lugar o escenario del mundo. Es una persona de características admirables y precisas, dentro de una sociedad absolutamente perfeccionista, destacable tanto en belleza y armonía, como en cordura y buen juicio.

La caballerosidad hace que la gente domine sus propios actos y entienda el significado del valor de su palabra; por lo tanto, la caballerosidad no es cuestión de cultura ni de sexos, sino de educación y de respeto hacia sí mismo y los demás, porque es un estilo de vida.

Esa costumbre falaz y sofística, de cierta gente, para quedar bien con unos o con todos, no es más que un típico ejemplo del legendario e irreverente embaucador Jack Sparrow, aunque en estos tiempos vista de Gucci, Chanel, Louis Vuitton, etc., pues a un caballero no lo hace la ropa ni un noble linaje, sino la forma de actuar en la sociedad donde vive o trabaja.

Las características de pertenecer a un buen estrato, tener una digna profesión, gozar de un codiciable empleo, disfrutar del amor de una bella pareja o mostrar una peculiar devoción religiosa, no lo convierten en caballero, eso es nada, si usted es una persona gazmoña e hipócrita, así sea de los que paga la cena, abra la puerta o vista de alta gama.

A lo largo de la historia, el caballero representa a una fascinante persona, respetada e íntegra, cuya probidad es incuestionable en cualquier ambiente. Es ejemplo de alguien amable y elegante que no habla mal de sus colegas, se preocupa por colaborar o servir sin presunción, sin ser clasista; es decir, expresa de forma sincera lo que siente, mostrándose libre de fanfarronerías, pero convertido en un modelo a seguir donde quiera que se encuentre, porque así le nace de las entrañas, sin trápala o disimulo alguno.

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