Blogs / Salud / Marzo 18 de 2017 / Comentarios

Bajo deseo sexual, el trastorno de moda

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Las personas somos seres integrales, nos constituyen diferentes dimensiones; siendo la sexualidad una dimensión que nace y muere con nosotros: somos sexuados, sexuales y eróticos al nacer y al morir. La experiencia que cada individuo tiene de la sexualidad está influenciada por factores biológicos, culturales, psicológicos, etc.; y de la relación de estos con la persona, se afloran los diferentes trastornos. 

Siendo la actividad sexual una experiencia natural, sería lógico pensar que no tuviera dificultades o conflictos, sin embargo, un porcentaje de individuos, en algún momento de su vida, manifiestan la presencia de alteraciones en su desempeño sexual, los que les impiden disfrutar su sexualidad.

Los trastornos sexuales, para su mejor entendimiento, se agrupan en cuatro grupos, pero varían de acuerdo al investigador: del deseo, de la excitación, del orgasmo y por dolor. El trastorno del deseo sexual es el más frecuente, la prevalencia oscila entre 7,2% y 54,8% de las mujeres, y del 2,5% al 40% en hombres; con estas cifras se observa, que mujeres y hombres, son susceptibles de “no tener ganas”, debido a que el bajo deseo sexual puede afectarlos a ambos por igual.

Si el deseo sexual es una tendencia o motivación, a exponerse y/o a buscar activamente circunstancias que aumentan la probabilidad de llevar a cabo conductas autoéroticas o intercambios sexuales y sentirse receptivos a éstos, es obvio que no todo el mundo está dispuesto a vivir la experiencia por diferentes razones, inherentes a cada persona. 

La presencia de alteraciones en los factores que activan la respuesta sexual, influyen negativamente en la disminución de la capacidad de formalizar un encuentro sexual, como es el coito; esto obliga a investigar las causas liberadoras de la dificultad presente a la hora de intimar. No obstante, son pocas las personas que consultan o buscan ayuda profesional para esta problemática sexual, pues los hombres frecuentan las farmacias en caza de la “pastillita azul” y las mujeres consideran que es normal “no sentir ganas”.

En mi libro «Sexo Ilimitado», hago un sinnúmero de recomendaciones que ayudan a mantener despierto el deseo, así como realizo una serie de cuestionarios que impulsan a evaluar la función sexual de cada persona. Y aunque a mayor edad, es usual que se presente un mayor porcentaje de bajo deseo sexual, no es razón para creer que envejecer es un modo de olvidarse de la sexualidad, pues esta ni envejece ni muere.

 

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