Blogs / Salud / Octubre 28 de 2017 / Comentarios

El “sexo seguro” no es una moda, es un compromiso

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Al observar la situación de “Marianela”, una menor de 15 años, cuyo parto por cesárea de un embarazo gemelar, de 33 semanas, obligó a su hospitalización en la unidad de cuidados intensivos. La joven presentó falla multisistémica tras una preeclampsia severa, poniendo en peligro su vida, y arriesgando a los neonatos (“Kennenth y Joshua”) a la orfandad y a la penuria de una enfermedad crónica (VIH) que le contagió su madre -infectada por la pareja (un hombre de 24 años)-. Esta desventurada escena no solo me entristece, sino que me solidariza con la madre de “Marianela” (una mujer de 30 años). Lloro de desconsuelo ante otra progresiva trágica desgracia: «una menor hija de una menor», y sufro su angustia como si fuera la mía propia.

La verdad es que yo no me veo, a gusto, criándole los hijos a mi hija (una adolescente de 14 años). Me encantaría que ella no tuviera hijos antes de realizarse como mujer y como persona, pero es su decisión, -solo espero que no suceda ahora en la adolescencia-. Es una opinión personal, aunque con ella también se identifican otros padres de familia.

En ningún momento, ni amigos o lectores, han escuchado ni leído que prohíbo o cuestiono el ejercicio sexual de las personas, ni mucho menos en los adolescentes (yerro mío sería); sin embargo, siempre me escucharán repetirles, una y mil veces más, acerca del “sexo seguro” y de la importancia de una “sexualidad responsable”.

Si no lo sabe o no lo recuerda, al hablar de “sexo seguro” me refiero a la forma sensata de practicar la sexualidad. Nadie se debe confiar de nadie, pues “caras vemos infecciones no sabemos”, y la persona que uno menos piensa carga a cuestas su contagio; por lo tanto, la “sexualidad responsable” es la referencia de que las prácticas sexuales no conlleven riesgos, por eso se deben tomar las medidas necesarias de precaución.

El “sexo seguro” involucra una ristra de recomendaciones durante el ejercicio de las relaciones sexuales, cuya finalidad es reducir el peligro de infecciones de transmisión genital, evitar la violencia sexual, y por supuesto, prevenir embarazos no planeados.

La “sexualidad responsable” se ejecuta cuando la persona vive la sexualidad con autonomía, consentimiento, honestidad, madurez, respeto y protección, en la búsqueda de bienestar y placer, pero sin la intención de hacer daño; además se abstiene de la discriminación, explotación, acoso y manipulación.

En últimas, tanto el “sexo seguro” como la “sexualidad responsable”, engloban la correcta forma de experimentar las prácticas sexuales, sin ponerse en riesgo de infectar o infectarse, de embarazar o embarazarse ni de exponer o exponerse a la violencia sexual. La realidad es que esto no es una moda, sino un compromiso con uno mismo y con los demás.

 

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