Blogs / Salud / Agosto 05 de 2017 / Comentarios

Los inhibidores del deseo sexual

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En algún momento de la vida, las personas tienen dificultad con el nivel del deseo sexual, sin ser claro el origen. Lo cual no es para preocuparse, pero si para tomarlo como una alerta de la forma en que están viviendo su sexualidad.

Lo usual es que, en la gente joven y sana, sexualmente activas, el deseo sexual se encuentre en niveles óptimos. No significa que anden pensando en sexo, pero si transpirando sexualidad; pues lo que se hace y gusta, más queda gustando. 

En la mujer la anticoncepción hormonal provoca disminución del deseo sexual. El estrés aumenta la sensación de ocupación y falta de tiempo, además incrementa los niveles de cortisol, lo que inhibe la testosterona (-hormona del deseo-). Los conflictos de pareja trastean los problemas a la cama. El consumo de alcohol o drogas generan cansancio e interfieren con la erección. Las enfermedades y la mala salud afectan la disposición y receptividad a la sexualidad. Los medicamentos (-en especial los antidepresivos o ansiolíticos-), causan disminución del deseo sexual. La baja autoestima es antagónica al disfrute sexual, ya que una forma de lograr una vida sexual plena, es queriéndose y dándose el valor que uno mismo merece.

La monotonía o el aburrimiento son anafrodisiacos, debemos cautivar la sexualidad todos los segundos de todos los días, trabajar siempre en pareja, sorprendiendo y condimentando con detalles, juegos, mensajes y mucha diversión. Es necesario reconocer y aceptar que la sexualidad no es una tarea para llevar a casa; no es una obligación, sino un ir y venir de emociones que se conjugan y disfrutan juntos. La rutina es uno de los más grandes inhibidores del deseo sexual, y al que le hacemos énfasis los sexólogos, a fin de enseñarle al público lo importante de salir de la simple costumbre del sexo. Es obligatorio buscar otros y nuevos estímulos para que la relación no se vuelva aburrida y latosa.

La falta de comunicación es tóxica para todo vínculo; una pareja que no se sabe comunicar está abonando el camino para el caos, y contribuyéndole al bajo deseo sexual. Es perentorio el diálogo concertado y hacerle saber al otro lo que siente y qué se espera de la relación. Exprese las inquietudes y preocupaciones, pero negocie las necesidades sexuales. Recuerde que la pareja no es clarividente, suéltele las señales que la conduzcan hacia el jardín de sus expectativas. Los malentendidos o las malas interpretaciones solo aumentan el bajo deseo sexual y distancian a la gente.

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