Blogs / Salud / Noviembre 04 de 2017 / Comentarios

Violencia sexual: un flagelo creciente

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Se hace referencia a la “violencia sexual” cuando estamos frente a todo acto de índole sexual, cometido sin el consentimiento de una persona, lo cual le genera daño o sufrimiento.

Se define como: “todo acto sexual, la tentativa de consumar un acto sexual, los comentarios o insinuaciones sexuales no deseados, o las acciones para comercializar o utilizar de cualquier otro modo la sexualidad de una persona”. Se expresa con actos agresivos que, a través del uso de la fuerza física, moral o psíquica, reducen al individuo a condiciones de inferioridad para obligarlo a una conducta sexual en contra de su deseo. Se incluyen hechos donde no necesariamente hay penetración, contacto físico o genital.

A diferencia de lo que se pueda pensar, la violencia sexual, no es exclusiva hacia la mujer ni de único ejercicio por los hombres, como tampoco circunscrita a los menores; sin embargo, las cifras si son mayores en las mujeres (superior al 84%), mientras los niños y las niñas son las principales víctimas (alrededor del 80%).

Las mujeres agresoras sexuales (hacia infantes y adolescentes: hombres y mujeres) se sitúan entre el 10 y 15% de los casos reportados, pero se estima un significativo subregistro; pues resulta difícil delatar o informar un abuso cometido por una mujer. Las razones son: a las víctimas les da vergüenza denunciar, los estereotipos de género no ayudan, las mujeres tienen mayor permisividad y oportunidad para tener contacto físico con las o los menores bajo su cuidado, entre otras.

Los hombres víctimas de violencia sexual, por parte de una mujer, suelen tener sentimientos encontrados, y asumen una postura ambivalente con relación a lo sucedido. Es por eso que las agresiones generadas por mujeres adultas, lo frecuente sea no denunciarlo, ya que les resulta difícil etiquetar los hechos como abusivos, además la presión social y la de sus pares, -en relación al desempeño sexual-, los hacen creer vivir experiencias sexuales positivas, como si se tratara de una valiosa hazaña, confundiéndole como una forma aprender sobre el sexo. Resulta desafortunado que los jóvenes lleven a cuestas dificultades estereotipadas, en donde al denunciar lo sucedido pueda ser cuestionada su «hombría»: “un macho de verdad no desaprovecha oportunidad”, confundiendo lo abusado como si lo hubiese disfrutado.

La menor víctima de violencia sexual muestra miedo y vergüenza, por eso se aísla, evita la interacción con sus pares, se torna distraído y pierde concentración en las actividades diarias e incluso tiene dificultades para dormir.

La violencia sexual es una verdadera problemática de salud pública; en Colombia, los registros hablan de más de 5,500 casos por año; por eso la veo venir como un ascendente peligro, pues cada año las cifras son superiores.

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