Viernes, 19 Abr,2019
BLOG / ACTUALIDAD / DIC 20 2014 / Comentarios

¿Murió el verdadero espíritu navideño que nos acompañaba cuando éramos niños?

Las opiniones de los blogueros son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

Recuerdo las navidades de mi niñez. Mi madre adornando un chamizo de café como árbol de navidad. Lo envolvía en algodón y le colgaba bolas de colores que tenía guardadas desde los diciembres anteriores. Nada se desperdiciaba.

Los caminos del pesebre eran de aserrín que regalaban en las carpinterías, y las pequeñas figuritas eran de barro y ya habían perdido su color de tantos años que llevaban siendo utilizadas de navidad en navidad. Los animalitos eran muchas veces muñequitos que salían en los chitos y productos de Yupi.

Los adornos de paredes y pisos se desempolvaban cada año cuando eran bajados del zarzo a finales de noviembre. En enero volvían de nuevo al zarzo para esperar el próximo diciembre.

La noche del alumbrado se ponían velas en el andén o se creaban arcos de guadua adornados también con velas encendidas. Pocas veces se hacían faroles, pero cuando se creaban, no había oportunidad más que para la creatividad, porque en aquel tiempo en el Ley o en Mercafé no vendían faroles ya hechos.

Los niños aplastábamos tapas de gaseosa que recogíamos pidiendo de tienda en tienda y con ellas creábamos maracas con las que salíamos a rezar y cantar de novena en novena para reclamar bananas, y en cada cuadra al menos una familia hacía un gran pesebre para invitar a los niños del barrio a rezar y cantar villancicos. Hacíamos nuevos amigos en las novenas y después de ellas nos dedicábamos a jugar en la calle sin preocupaciones y sin necesidad de videojuegos y esas cosas.

La natilla era de maíz y no de maizena y se batía en familia en un fogón de leña los 24 y los 31.

En nochebuena a la casa llegaba el niño Dios y no un gordinflón creado por los publicistas de Coca Cola. Los regalos que traía eran para los pequeñines. (Eso cuando había plata, porque algunas veces a mis primos no les trajo nada el niño dios). Los grandes se conformaban con la comida, la parranda y los momentos en familia. No había necesidad de regalos para todos, solo el simple hecho de compartir convertía la navidad en una época inolvidable.

Hoy el consumismo nos ha superado. Las tradiciones ya no son las nuestras, nos envolvieron las costumbres extranjeras en las que importa más el árbol de 3 metros que el viaje para ver a la abuelita. Importa más el Ipad y los tenis Nike, que compartir la novena frente a un humilde pesebre.

Cristianos o no, esta época siempre fue para compartir, hoy parece diseñada más para enloquecer comprando y endeudándose. La alegría de navidades pasadas nos causa gran nostalgia a quienes alguna vez disfrutamos de ese verdadero espíritu navideño.

Temas Relacionados: Navidad

COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

logo-copy-cronica
© todos los derechos reservados
Powered by: rhiss.net