Blogs / Deportes / Marzo 15 de 2017 / Comentarios

La nueva dirigencia del fútbol

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La tecnología es bienvenida en todos los aspectos de la vida y ha llevado al hombre a perfeccionar su obra con unos márgenes de comodidad increíbles. Pero… no es menos cierto que la misma tecnología, desde luego con una mala interpretación, ha conducido a políticas del menor esfuerzo y a entorpecer procesos de investigación.

Algo parecido viene aconteciendo en el campo deportivo pero en el frente de la comercialización. Hasta hace muy poco tiempo en Colombia y otros países latinoamericanos la empresa del deporte, incluida la alta competencia, se hacía con limosnas, bazares, empanadas bailables y otras actividades por el estilo. Los resultados, como es apenas lógico, iban de la mano con la extrema estrechez de la financiación de la empresa.

Vino luego la apertura de la ventana hacia otras latitudes con una experiencia consolidada en el llamado mercadeo deportivo y los dirigentes de acá, especialmente los del fútbol profesional, aprendieron tanto que también averiguaron las triquiñuelas para quedarse con la mayor parte de los recursos o entradas. Les enseñaron los del viejo continente pero fueron tan buenos alumnos los de Suramérica que aprendieron a ganar más y a invertir menos para llenar más sus bolsillos.

Pero no solo se volvieron muy ricos sino que ganaron estatus y se tornaron insoportablemente engreídos, al punto de creerse superiores y con facultades para pasar por encima de las propias leyes de cada uno de sus países. Sin embargo, no aprendieron a salvaguardar a los patrocinadores y a cuidar el espectáculo como tal. Antes el aficionado de tribuna era considerado y mimado como elemento primordial para el sostenimiento de la empresa del fútbol; hoy muchos de los flamantes dirigentes que tenemos declaran con máxima arrogancia que a ellos poco importa si la gente va o no a cubrir el cemento. 

Cuando se habla de cuidar el espectáculo no solo se trata de presionar a los dirigentes de equipos a mejorar la calidad de los mismos con buena inversión de los recursos que entran por patrocinios y derechos televisivos, sino en fijar requisitos mínimos en cuanto a los escenarios que se deben tener para comodidad de los espectadores que asisten a las canchas, como para la proyección de una buena imagen en las transmisiones de televisión. También deben velar porque se den mínimas garantías para los consumidores del espectáculo.

¿Acaso no han notado que ante las crecientes manifestaciones de las mal llamadas barras bravas que ahora mediante intimidaciones se arrogan la potestad de condenar jugadores y cambiar técnicos, los que mantienen un silencio aterrador, matizado apenas por unos comunicados bobalicones y repetidos, son los propios dirigentes, varios de los cuales son señalados de una convivencia peligrosa con líderes de esos grupos violentos que recientemente han tenido la desfachatez de autocalificarse como ala militar de esas hordas vandálicas?

Señores, la dirigencia del fútbol colombiano, salvo excepciones que las hay, ha ganado en dinero y malicia, pero muy poco en el cuidado de un espectáculo que los convirtió en personajes de historieta.

jamespadillam@hotmail.com

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