Blogs / Deportes / Febrero 07 de 2017 / Comentarios

¡No nos cambien el fútbol!

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A nosotros que ni se les ocurra cambiarnos el fútbol que conocimos y con el que nos hemos deleitado toda la vida, jugándolo mal y viéndolo mejor. En eso, como en muchas otras cosas, hemos encontrado un puñado de aficionados absolutamente conservadores y salvaguardas de la esencia de nuestro deporte favorito, que piensan como nosotros y que no están dispuestos a aceptar unos cambios propuestos por los sabios del fútbol.

Que Marco van Basten fue una excelsa figura del fútbol mundial, no hay nadie que se atreva a negarlo, pero que se arrogue el derecho de intentar cambiarnos el llamado deporte de multitudes, eso sí es un atrevimiento insoportable. En una Fifa ahora más politizada y comercial que nunca, bajo el poder de una dirección como la del señor Infantino que ha querido estar bien con todos los países miembros preconizando un gigantismo exagerado y reprobable en todos los torneos, empezando con un campeonato mundial de 48 participantes, cunde el temor que los representantes de las 211 asociaciones caigan en la trampa y terminen aprobando el enrevesado plan de propuestas que presenta el exastro holandés.

Son 10 propuestas entre las que queremos destacar especialmente la abolición del fuera de lugar. Terminar con el fuera de juego significa poco menos que desnaturalizar un deporte que ha derivado belleza e inteligencia en aspectos centrales como este. Argumentar que su eliminación acabaría con las discusiones y enfrentamientos de técnicos, árbitros, jugadores, periodistas y toda la comunidad del fútbol, sería tanto como cuestionar la propia vida y las actitudes de los hombres, llenas todas de discusiones e incertidumbres.

Estamos convencidos que la aparición de las tarjetas amarillas y rojas ha sido una de las medidas más revolucionarias y positivas en la ya larga historia de esta actividad deportiva. Ella ha sido una herramienta sencilla y apropiada para ayudar a los jueces a determinar los elementos que ponen en riesgo la integridad física de los oponentes o que vulneren otros aspectos fundamentales para la marcha normal de la contienda. Eso de intentar cambiar las tarjetas por penalizaciones en tiempo es como pretender  darle características propias de otros deportes y dificultar aún más el manejo disciplinario de un partido.

Y no podemos imaginarnos que se hagan los cambios sin interrumpir el juego. Si hay confusión muchas veces con el juego detenido y con los famosos tableros electrónicos o las anticuadas paletas de números, ¿cómo sería con el partido en desarrollo y el pobre árbitro contando y contando para evitar la ignominia de que le metan más de los jugadores permitidos?

Por eso les decimos que el señor van Basten podrá haber sido gloria del fútbol en el mundo, pero no hay derecho que pretenda ahora cambiarnos la naturaleza de una disciplina deportiva que nos emociona, que está llena de plasticidad e inteligencia para descifrar las diferentes situaciones del juego. Sin embargo, existe el riesgo que los delegados de las asociaciones, acostumbrados ya en este tiempo a recibir “bombones” de los directivos Fifa, en una de esas decidan aprobar este despropósito contra el fútbol.

jamespadilla[email protected]

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