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Carta en la perrera

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Se bien que fue amor a primera vista, te enterneció mi delicadeza y mi mirada y pensaste en mi como tu compañía incondicional, yo por mi parte estaba feliz por tus manifestaciones de afecto y me hice la promesa de acompañarte y cuidarte toda mi vida.

Ese mismo día me llevaste a tu casa y dispusiste para mí una confortable cama, buen alimento y muchas atenciones, me sentía una reina y reafirmaba mi intención de estar a tu lado por siempre.

Goce como nadie cuando me hablabas, cuando salíamos a caminar juntos, cuando me presentabas a tus amigos y te regabas en prosa hablando de mis atributos, los días a tu lado parecían minutos, vivir contigo era lo más parecido al paraíso.

Recuerdo con especial cariño una navidad cuando trajiste regalos para todos y me incluiste a mí, se bien que mi regalo era el más económico pero ese detalle fue maravilloso y sobretodo la ternura con la que me lo brindaste. La casa se vuelve fría y triste cuando tu no estas y esas horas sin verte son eternas.

Yo por mi parte cuidaba con celo todas tus cosas como si fueran mías, y siempre te recibí con especial cariño así llegaras molesto, triste o muy tarde, y olvidé con demasiada rapidez tus desplantes, tus regaños y aun tus castigos.

Pero parece que el amor humano es efímero, y estuviera condenado a terminarse algún día, tal vez más pronto que tarde; te empezó a molestarte todo lo mío, cuando me llegaba el periodo, cuando se me caía el pelo, cuando te informaba por la llegada de cualquier extraño a casa, e incluso cuando te saludaba.

Así como un día decidiste que querías mi eterna compañía, hoy te escuchaba decir que no veías la hora en que yo abandonara tu casa, incluso sé que andas buscando una especie de asilo para mí, como para lavar tu conciencia.

El fatídico día llego, muy temprano en la mañana llegaron a tu casa unas personas por mí, no me gusto su aspecto y por más que te dije que no los quería ahí, tu solo me mandabas callar, hoy de nuevo, les hablaste a ellos de mis cosas buenas, de lo perfecta que era, ¿Por qué entonces querías que me fuera?,

Salí contra mi voluntad llorando del hogar que no quería abandonar jamás y el cual había cuidado celosamente, tu solo guardaste silencio, sé que también sufrías, me lo demostró esa lagrima que vi rodar por tu mejilla, ¿Por qué tenía que terminar todo así? ¡Si yo te quiero y estoy dispuesta a dar mi vida por ti?

Si algún día volviera a encontrarte ten la absoluta seguridad que correré a tu lado y te demostrare con todas mis fuerzas el cariño que te tengo, yo olvido con suma facilidad los desprecios de quienes quiero.

 

Tu perro

 

 

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