Domingo, 16 Jun,2019
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Todos cortados con la misma tijera

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No le da ni vergüenza, a mí siempre me despertó dudas, ahí está pintado, todos son igualitos, así lo quería ver; que fácil resulta señalar, vituperar, juzgar, que agradable es el papel de juez donde yo me sitúo en un pedestal y puedo mirar hacia abajo a todos aquellos de los que se dice, se han equivocado. Por supuesto ese honor me lo puedo dar porque yo nunca me he equivocado de esa manera y la verdad jamás lo haré, eso es lo que mi ego me transmite, por eso puedo levantar la voz y señalar.

Somos toda una autoridad en moral, en principios, en ética, en comportamiento y hasta imponemos las penas, ojo por ojo para ese, aquel se merece cadena perpetua, que lo cuelguen de donde más le duela, como para pasarlo al papayo, no se merecen nada menos, por eso estamos como estamos, respondemos con cierta dosis de prepotencia. Qué rapidez de pensamiento qué velocidad de lengua, qué juicio más sesgado que se limita al pensamiento del periodista de turno y no nos tomamos la molestia de escuchar la otra parte y terminamos dándole la razón al que habla más fuerte o al que tiene más medios de comunicación a su disposición para emanar su veneno.

Es cierto que gracias a las valerosas denuncias de muchos tenemos a buen recaudo cientos de delincuentes, pero no nos llamemos a engaños, también hemos juzgado inocentes y las cárceles y los cementerios están llenos de personas que no tuvieron los medios para defenderse y pagan injustamente cadenas absurdas porque su voz no se pudo levantar, no fue escuchada y cuál es nuestra sorpresa cuando años después la justicia que cojea pero llega lo declara inocente, algunos sienten vergüenza y ahí si callan, otros exclaman, como siempre vamos a tener que pagar todos las demandas por los errores de la justicia.

Si solo entendiéramos que cuando mi dedo índice señala inflexiblemente al culpable, los dedos meñique, anular y medio me señalan a mí. Que siempre será más grande la viga de mi ojo que la pelusa del ojo ajeno, o por lo menos siguiéramos el ejemplo del Divino Maestro que con pasmosa serenidad nos dice EL QUE ESTE LIBRE DE CULPA QUE ARROJE LA PRIMERA PIEDRA, aprenderíamos a guardar silencio, a mordernos la lengua siempre que se utilice para criticar, para menospreciar a los demás y que solo deberíamos levantar la voz para animar, para elogiar, para dar las gracias, para pedir perdón.

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