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Sobre el aprendizaje de los número

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Quizá todos aprendimos los números escribiéndolos de uno en uno, en algunos casos hasta diez mil. Sugiero experimentar un método, que no requiere de este lento y doloroso proceso, el cual puede aplicar cualquier persona. Mejor si es en tres fases: inicialmente con niños de tercero, luego de segundo y por último de primer grado. Realice la prueba con un hijo, sobrino, ahijado, etc. Es simple, pero mejor “olvide” la forma como los aprendió.

El método (que llamaremos “de niveles de complejidad”), consiste en facilitarle al niño construir en su cerebro los “enlaces neuronales” necesarios para que pueda escribir cualquier número. Estos enlaces son básicamente tres: a) la noción de número, lo que se consigue con objetos (piedritas, fríjoles, etc.). Con dos fríjoles él deduce la noción de dos y en una  hoja de papel se enseña su grafía o dibujo del “2”, etc. Así del uno al veinte; b) la escritura de los números por “décadas”, en cada “nivel”, y; c) la escritura de los números en cada “nivel”.

Por “nivel” entendamos a los números con igual cantidad de cifras hasta que estas aumentan con un uno y ceros. Estos son la transición entre un nivel y el siguiente. Así el primer nivel es entre 1 y 10, el segundo entre 10 y 100, el tercero entre 100 y 1.000, luego entre 1.000 y 10.000, etc. Por “décadas” entendamos los números que marcan las diez divisiones iguales que hay en cada nivel, excepto en el primero. Ejemplo de estas “décadas” son: “diez”, “veinte”, “treinta”… hasta “cien”; “mil”, “dos mil”, “tres mil”…; “diez mil”, “veinte mil”…; Guiar el autoaprendizaje de las “décadas” es necesario sólo hasta que el niño interioriza la mecánica. Es decir cuando se forma el enlace neuronal respectivo. Entonces prácticamente se requiere enseñar solamente los nombres que el niño no concluya o enseñar (sin corregir), los que denomine erróneamente.

Interiorizados los números de “uno” al “veinte”, todo consiste en guiar al niño de “nivel” en “nivel” en dos pasos de autoaprendizaje: a) de las “décadas”, y; b) de los números entre “décadas”. Por ejemplo, vamos a ayudarle a descubrir los números del tercer nivel (entre cien y mil): lo primero es permitirle descubrir los números de las décadas del nivel respectivo (cien, doscientos... hasta mil), dictándolos y dejando que los deduzca; lo segundo es ayudarle a autoaprender los números entre las “décadas”. Para esto nos apoyamos dibujando la parrilla siguiente:

 

UNIDAD DE MILLÓN

(1) INDICA MILLÓN

CENTENA DE MIL

DECENA DE MIL

UNIDAD DE MIL

(∙) INDICA MIL

CENTENAS

DECENAS

UNIDADES

Notemos que, además de las casillas para las cifras (unidades, decenas, etc.), contiene las casillas de los signos de puntuación numéricos (“punto que indica mil”, “uno pequeñito para millón”, “punto de mil de millón”, dos pequeñito para billón”, etc.). Si nos queda fácil dibujemos las casillas de los signos más angostas que las de los dígitos, o con tinta de otro color. Usaremos entonces dos hojas de papel. Una para escribir las “décadas” y el repaso al final de cada “sesión de juego”, y, la otra donde iremos dibujando la parrilla y el niño en ella irá deduciendo y escribiendo los números en la medida que los dictamos.

La parrilla se empieza a construir según el avance conceptual del estudiante. Si sabe escribir hasta 99, por ejemplo, se comienza dibujando las tres primeras casillas (de derecha a izquierda), unidades, decenas y centenas. Luego se dibujan las demás en la medida que se avanza en el autoaprendizaje. Veamos los pasos o acciones como si el niño no supiera nada sobre la escritura de los números:

a) Los números (abstracción del conjunto y su grafía), hasta el veinte se enseñan de uno en uno. A la par se enseña su clasificación en unidades y decenas.

b) Se enseña “el secreto” para identificar los números que señalan las décadas (los dígitos seguidos de uno o más ceros, según el nivel).

c) Durante los primeros “niveles” conviene inducir al niño a “descubrir” las “décadas” del nivel en estudio (diez, veinte, treinta… cien), y; devolverse a interiorizar los números de ese nivel (en este caso entre veinte y cien), usando la parrilla auxiliar. Luego se requerirá solo la parrilla y después nada.

d) Interiorizados los números del nivel en estudio se repite el proceso. Es decir se induce al niño a “descubrir” las décadas del siguiente nivel (cien, doscientos, trescientos…, mil), y luego nos devolvemos a los números entre cien y mil en la parrilla. Y así sucesivamente, en cada nivel, siempre en orden ascendente. Cuando el niño interioriza el mecanismo él sólo identifica las décadas. Recordemos: “enseñar” lo menos que se pueda; “ayudar a descubrir” lo más que podamos.

e) Cuando se llega al primer signo de puntuación (el punto que indica mil), se enseña que luego de escucharse la palabra “mil”, se escriben siempre  un punto y tres cifras. Igualmente se enseña que si se la escucha sin ningún otro número después, entonces se escriben tres ceros. De aquí en adelante conviene enfatizar la palabra “miiillll”, como parte del juego y señal recordatoria de la “ley del punto seguido por tres cifras”.

f) Se dictan primero números “fáciles” y se va aumentando la complejidad. Por ejemplo: treinta y tres, treinta y nueve;  mil, mil uno; mil diez; mil ciento once”, etc. Siempre dentro del nivel en estudio y en orden ascendente.

g) Igualmente conviene detenerse un poco en las “transiciones”, o los pasos de una centena a otra, de un millar a otro. Por ejemplo, se dictan seguidos: ciento noventa y ocho, ciento noventa y nueve, doscientos, doscientos uno, y doscientos dos. Esto es necesario solo hasta que el niño interioriza el mecanismo.

h) Al final de cada sesión se hace una especie de repaso-evaluación, sin utilizar la “parrilla” (esto es de suma importancia). Igualmente, cuando se considera que ya el niño sabe escribir los números naturales, se realiza una última sesión de repaso, también sin la parrilla auxiliar.

i) Si el niño se equivoca al escribir un número, por ejemplo se le dicta “trescientos cinco” y escribe “trescientos cincuenta”, se le dicta enseguida el número que escribió. Lo más probable es que él mismo descubra su error y lo corrija. Si se equivoca de nuevo se le informa que hay un error y se procura que él lo descubra.

Otras recomendaciones son: a) que sea un juego y menos nada de regaños o similares; b) enseñar lo menos posible “guiando” para que el niño “descubra”, y; c) abstenerse de ayudar. Si el niño se equivoca se procura que él halle el error. Requerimos sólo un trisito de paciencia. Con dos sesiones de 25 – 30 minutos cada una y otra de repaso, un niño de tercer grado puede aprender a escribir los números. Un niño de primero requerirá más sesiones de “juego”.

Una vez el niño sabe escribir los números naturales, está en capacidad de otros conocimientos, como leer relojes analógicos, usar numeración romana, manejar dinero, aprender juegos de cartas, parqués, dominó, etc. Así no solo va construyendo más enlaces neuronales, que van conformando “árboles” y luego “bosques”, y aprendiendo las cuatro operaciones fundamentales jugando.

Divulguemos este método también entre los docentes amigos, así terminaremos pronto con el medieval sistema de enseñanza de los números. Esperemos la segunda parte de este tema, pero antes tengamos la experiencia. Sintámonos pedagogos, veremos que es fácil.

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