Blogs / Actualidad / Noviembre 03 de 2017 / Comentarios

¿Por qué preguntar tanto?

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La ley del consumidor quiere  que  las marcas y los concesionarios manejen con seriedad los compromisos que contraigan al celebrar acuerdos en conciliación con los consumidores de sus productos, o al acatar la sentencia favorable al consumidor.
Es por eso que el artículo 58 de la Ley 1480/11  dice que: “11. En caso de incumplimiento de la orden impartida en la sentencia o de una conciliación o transacción realizadas en legal forma, la Superintendencia de Industria y Comercio podrá…—imponer multas a favor de la SIC y/o cerrar el establecimiento comercial—” 
La Superintendencia de Industria y Comercio,  creó el  “grupo de trabajo para la verificación del cumplimiento” de los compromisos con los consumidores o de las sentencias que le sean favorables —e incluso, al final de la sentencia le da un plazo al obligado para que cumpla la sentencia y se lo demuestre—. El grupo le lleva la cuenta de los días a la marca y/o al concesionario, y si el semáforo pasa de amarillo a rojo les envía un oficio pidiéndoles explicaciones por su incumplimiento.
Sin embargo, cuando el grupo  le envía un oficio al consumidor preguntándole si le cumplieron el contrato de transacción o el acuerdo de conciliación,  está incurriendo en un “exceso de gestión, pues el consumidor que no se queja se presume satisfecho. 
Los particulares tienen la libertad de utilizar la vía ejecutiva contra quienes no cumplieron el acuerdo en conciliación o el contrato de transacción, o si lo prefieren pueden quejarse a la SIC para que ponga orden en el barrio. 
Preguntarles qué opinan indica que la SIC supone que los consumidores son ángeles  y no seres de carne y hueso. 

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