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Los miedos de las Farc

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La guerrilla más antigua, la de mayor número de integrantes del país y posiblemente la más cruel, no ha firmado los acuerdos de paz con el gobierno por miedo. Sí, los mismos que posiblemente veamos haciendo debates de control político desde el Congreso, devengando más de 20 millones de pesos mensuales. Los mismos que atemorizaron pueblos enteros y sembraron el terror con miles de minas antipersona, que lanzaron tatucos, que controlan amplias regiones del territorio donde la ausencia del estado es notoria. Los mismos que se financian del narcotráfico, la minería ilegal, la extorsión y que, secuestraron y asesinaron a cientos de colombianos, la misma que acaba de anunciar la salida de los niños de sus filas; hoy, teme por su seguridad en el post-acuerdo.

Usted se preguntará ¿cómo es posible que estos “sinvergüenzas”, con todas las prebendas que les van a otorgar y todos esos comentarios sin fundamento que muchos creen, que aparecen en las redes sociales y confunden, pueden tener miedo?

Mire usted, el 28 de marzo de 1984 se firmó un acuerdo de cese al fuego, tregua y paz entre las Farc y el Gobierno de Belisario Betancur en La Uribe, Meta. Producto de ese acuerdo surge el movimiento político conocido como la UP (Unión Patriótica); y que para las elecciones de 1986 lograron varias curules en el Senado, la Cámara, Asambleas, varias Alcaldías y más de 300 Concejos, sin duda, parecía que iba a ser un éxito ese tránsito de cambiar balas por votos.

Pero lastimosamente aparece la macabra alianza de paramilitares, agentes del estado, narcotraficantes y elites políticas, que en una campaña de exterminio sistemático que se conocería como el “Baile Rojo”, acabó con la vida de 2 candidatos presidenciales, 8 congresistas, 13 diputados, 70 concejales, 11 alcaldes y alrededor de 3.500 simpatizantes de aquel movimiento. Sin embargo, otras fuentes estiman que la cifra pudo llegar a los 5.000 asesinados. El porcentaje de impunidad supera el 90%.

Quienes sobrevivieron no tuvieron más opción que el exilio o volver a las armas. Así, se puede manifestar que esta fue la última propuesta política seria que envolvía líderes sociales y a varios grupos de la subversión, entre ellos las Farc.

En los últimos días se llegó a un acuerdo para blindar jurídicamente lo negociado en La Habana. Es decir, proteger lo pactado ante la posibilidad de un próximo gobierno que no esté interesado en cumplir con lo establecido en los diálogos. Con todo lo anterior, y con el sin número de posibilidades que pueden tener las Farc de reincorporación a la vida civil, en aspectos económicos, sociales y políticos, la seguridad propia les sigue preocupando.

No es para menos, ya se escuchan sectores que no van a permitir que por ningún motivo les instalen en sus territorios zonas de ubicación con ex-combatientes; el mismo Gobernador del Quindío ha manifestado que este departamento no alojará estos individuos. Por lo anterior, y teniendo en cuenta el exterminio de la UP, el dilema de la “dejación” de armas sigue siendo un tema espinoso en Cuba y ante la opinión pública, pues las Farc consideran la posibilidad de mantener las armas en los “Terrepaz” como única garantía de seguridad. Posibilidad que nadie ve con buenos ojos.

Pasarán muchos años antes de la reconciliación entre el colombiano común y los desmovilizados, tendrán, en un comienzo, que asegurarles curules directas en el Congreso, si es que quieren llegar allí y, ese es uno de los sapos duros de tragar para la mayoría. Pero, con el panorama actual del sistema electoral del país y la forma en que es manejado por la clase política, difícilmente se ganaran un lugar preponderante en la política nacional, al menos, durante los primeros cinco años.

Seguramente los acuerdos se firmarán el segundo semestre del año en curso, cuando las Farc encuentren garantías de seguridad una vez hayan cumplido con la “dejación” de armas, eso no tiene reversa. Gústele a quien le guste, es una realidad con la que tendrá que vivir y convivir el país durante los próximos años y, aprenderemos a aceptarla en la medida que comprendamos el conflicto armado colombiano, sólo comprendiéndolo, entenderemos las posibilidades que brinda el post-conflicto.

 

Twitter: @Yeison1280


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