Sabado, 17 Nov,2018

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Los ecos del silencio

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Los afanes del diario vivir, los compromisos que hemos decidido adquirir, las tareas que se han vuelto impostergables, nuestro discernimiento equivocado, nuestra escala de valores invertida, el norte de nuestra existencia en dirección sur, nos llevan con mucha frecuencia a añorar devolver el tiempo para pronunciar la palabra que nunca pronunciamos, prodigar el abrazo que estuvimos negando por años, detener la flecha lanzada con furia, abrir la mano cuando la tuvimos cerrada, o empuñarla cuando la tuvimos abierta y necesariamente, pensaría antes de hablar.

Si supiéramos que la lluvia que hoy nos refresca jamás la volveremos a experimentar, amaríamos las tormentas, si entendiéramos que el mendigo que hoy extiende su mano suplicante jamás nos volverá a pedir, seriamos más generosos, si los minutos que hoy reclama nuestro hijo fueran los últimos, pasaríamos toda la noche platicando con él, si el calor que hoy me sofoca fueran los últimos rayos de sol que voy a recibir, me arrojaría de bruces sobre el cálido césped, si esta ardua tarea que las circunstancias me han impuesto fuera la última responsabilidad delegada, la haría con esmero para dejar sobre la faz de la tierra un legado que demuestre cuanto ame la vida, si supiera que jamás volveré a ver tu rostro, lo tomaría entre mis manos y te susurraría al oído que te amo con toda mi alma, nuestros elogios no deberían esperar el día del funeral, ni nuestros mejores besos deberían ser para la fotografía que adorna la mesita de noche, que la amargura de nuestros recuerdos no empañe nuestros sueños de un mejor mañana.

Aun cuando los días con sus afanes se tornan largos y tediosos, la vida será siempre muy corta, esta es la razón por la cual no deberíamos gastar nuestro tiempo criticando, señalando, destruyendo, mirando por encima del hombro a los desprotegidos, una hora más de sueño son sesenta minutos de inactividad, la ira de un minuto son horas de insomnio y pueden ser meses de remordimiento.

Siempre saldrá más cómodo y es más reconfortante decir por favor, muchas gracias, discúlpeme, con mucho gusto, para servirle, y tocan más fácil el corazón una sonrisa, un abrazo, un gesto amable.

 

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