Domingo, 23 Sep,2018

BLOG / CIUDADANíA / DIC 10 2016 / Comentarios

Un modelo de salud

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Corría el año de 1999 cuando me vinculé laboralmente con una gran EPS, la vi crecer, hablaba con orgullo de su infraestructura y la calidad humana de sus funcionarios, pero bastaron seis años para que esa relación se terminara, aun así, seguí vinculado a ella como paciente y tengo que agradecer eternamente los servicios que me han prestado, a mí y a mi familia, durante estos 17 años he visto a muchos de sus funcionarios aun sin conocerme tratarme con respeto y diligencia y no escatimar esfuerzos procurando nuestro bienestar.

He visto recorrer sus pasillos a cientos de pacientes satisfechos a los que alguna intervención les cambio la vida favorablemente, muchos niños han nacido en sus instalaciones y miles de heridos de muerte volvieron a la vida gracias al profesionalismo de sus médicos.

He sido testigo del buen trato por parte de muchísimos de sus colaboradores y he visto el rostro de satisfacción de cientos de pacientes saliendo de sus cómodas instalaciones, doy fe del altísimo costo en que ha incurrido la EPS para cubrir tratamientos e insumos médicos durante muchos años.

Hoy más que molestia, experimento tristeza cuando me demoran las citas médicas, la falta de medicamentos, los contratos con especialistas que no han renovado, las horas que paso al teléfono esperando una cita, la indiferencia de muchos de sus empleados que se creen todopoderosos y con licencia para regañar, las eternas filas esperando un turno para una cita o la inmisericorde madrugada aguantando el frio o la lluvia para transcribir una orden, o los millones y millones de pesos que tomaron rumbo diferente a los previstos por la ley y la ética; cómo es posible que la otrora gran EPS este reducida a pasillos fríos, a instalaciones descuidadas, a pacientes hacinados en sus corredores, a funcionarios protestando por su salario, a muchos usuarios clamando una sonrisa, una palabra amables, una cita oportuna, donde están los que en antaño se pavonearon encorbatados por sus corredores cortando cintas, inaugurando sedes, tomando champaña, prometiendo trato digno, excelente servicio y oportunidad.

Aun con todas las vicisitudes que nos vemos obligados afrontar hoy en día, la angustia y la tristeza sería menor si nos atendieran con una sonrisa, si nos miraran a los ojos, si se pusieran en nuestro lugar, si nos trataran como a personas, como tratan a sus amigos.

 

 

 

 

 

 

 

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