Domingo, 18 Ago,2019
20 años terremoto de Armenia / ENE 24 2019 / hace 6 meses

Ángela Marulanda vio la luz 17 horas después del sismo, tras su rescate

La mujer quedó atrapada bajo escombros, nadie la podía ver ni escuchar, pero milagrosamente fue encontrada.

Ángela Marulanda vio la luz 17 horas después del sismo, tras su rescate

Ángela María Marulanda Botero vivía en el tercer piso del edificio Versalles, allí se encontraba el día del sismo. La estructura se derrumbó y ella quedó sepultada.

Ángela María Marulanda Botero es una sobreviviente del terremoto del 25 de enero de 1999, aunque perdió a su abuela y a su hermano y tuvo que ser intervenida quirúrgicamente, salió adelante y es hoy una ingeniera de sistemas madre de un hermoso bebé.

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Su historia

En el preciso instante en que su tío le entregaba un dinero para consignar, Ángela sintió el temblor, un movimiento tan contundente que antes de  poder dar un paso, el edificio Versalles de Armenia en el que vivía, ya se había ido abajo. “Mi abuelita estaba acostada, mi hermano se estaba bañando y la empleada estaba en la cocina. Mi tío se quedó en la parte que no se cayó y mi mamá no estaba en la casa”, recordó la ubicación de sus familiares en la vivienda. 

Al momento de caer, perdió la conciencia, rememoró que se deslizó y cuando despertó ya habían pasado unas tres horas. Alcanzó a sentir la réplica de las 5:00 p. m. “Yo pensaba que estaba en el tercer piso, pero en realidad estaba en el nivel del parqueadero”. Ángela estuvo sepultada desde la 1:19 p. m. —hora del terremoto— hasta las 6:30 de la mañana del 26 de enero —17 horas y 11 minutos—, pero no sabía en dónde se encontraba ni cómo.

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Explica que no le dolía nada ni se sentía con sangre, solo tenía mucha sed y creía que nadie la iba a rescatar porque no estaba visible y tampoco la escuchaban. “Cuando abrí los ojos solo vi la oscuridad”. Solo podía mover el brazo izquierdo, lloraba, gritaba, se quejaba, así estuvo antes de que la fueran a rescatar. “En el exterior, escuchaba ambulancias, helicópteros, las personas, pero estas no me escuchaban a mí. Imaginaba que toda la ciudad estaba en caos y no me iban a venir a buscar”, comentó.
 

“Cuando abrí los ojos, solo vi la oscuridad”


El rescate

Aproximadamente a las 7:00 de la noche —esto se lo contaron— el portero del edificio vio que en Bariloche había rescatistas, entonces subió y les dijo que en Versalles había alguien vivo, “no sé cómo se dio cuenta”. Ellos bajaron y empezaron a realizar la búsqueda, Ángela gritaba pero no la escuchaban.  Así que sacó la mano y trató de coger algo para hacer bulla y lo que agarró, lo describe como una bandeja. Comenzó a darle golpes y así la escucharon.

Cuando pudo ver algo, visualizó una lucecita que entró por un hueco pequeño y escucho la voz de un rescatista diciéndole “ya estoy aquí”. En ese momento Ángela describe que sintió alegría total porque sabía que la iban a sacar. 

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Las sensaciones que experimentó fueron angustia, miedo, desilusión y esperanza, esta última a partir de que llegaron los socorristas.
 

“Yo lo único que hacía era rezar. Cuando llegaron ellos comenzaron a hablarme, que no me duerma, a canalizarme, no me podían dar agua porque no sabían cómo estaba. El rescate duró cerca de 12 horas, me sacaron a las 6:30 de la mañana del 26 de enero”. 


Una vez afuera estuvo acompañada por su mamá, un tío y su papá. Le pusieron una manta térmica, el cuello ortopédico y la montaron en la ambulancia. Pensó que iba a poder salir caminando, pero no. Hasta ese momento no se imaginaba qué le había ocurrido.
 


/ Archivo LA CRÓNICA
 

Perdió una pierna

En el hospital le hicieron una intervención y la mandaron para Bogotá, pero cuando llegó, el avión ya había salido, por lo que su destino fue Cali, allí le amputaron la pierna derecha y le salvaron el brazo de ese mismo lado, que también estaba afectado. 

“A mi mamá le preguntaron que si me salvaban la pierna o el brazo, porque las dos no se podía, estaban muy afectados. Me lograron salvar el brazo, entonces me llevaron a cuidados intensivos, ya que la gangrena se riega por todo el cuerpo, y ya tenía afectados los pulmones y riñones, verdaderamente estaba muy mal”, mencionó la mujer.

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10 días después, despertó y fue cuando le contaron todo lo que pasó, preguntó por todos, “mi abuelita yo sabía que había muerto porque mi tío cuando me sacaron, por la primera que le pregunté fue por ella, cuando él se acercó, me dijo que ella estaba donde siempre había querido estar, supe que había fallecido. Ella durante esos días había manifestado que se quería ir a descansar”. 

Por el hermano fue por el último que preguntó. Un día le dijo a su mamá: “Mami, ¿mi hermano? y ella se puso a llorar... lo entendí. Cuando me sacaron, recuerdo que vi algo parecido a un pie, mi hermano quedó encima de mí, pero a él no lo podían sacar,  ya que si lo hacían, se caía todo sobre mí”.
 

La verdadera tragedia

El día que fue consciente de la muerte de dos de sus seres queridos, Ángela olvidó las heridas que tenía. “El impacto fue fuerte, saber que se queda uno sin familiares, sin nada. La condición física en la que quedé, sin pierna y con el brazo inmóvil, es difícil, pero todo lo opaca el perder a los familiares.  Pero Dios me había dado otra oportunidad de vida y era eso a lo que me tenía que apegar”, contó.

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De acuerdo con Ángela, es la fortaleza en Dios la que la tiene en pie, con un hijo y una profesión. “Vengo de una familia católica y siempre se me inculcó esa fortaleza y esa fe, me fui para Bogotá a terminar mi recuperación. Hoy me puedo mover, puedo caminar, y pienso que hubiera podido ser peor, quedar sin brazos o en silla de ruedas”.


Lily Dayana Restrepo
LA CRÓNICA


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