Lunes, 14 Oct,2019
20 años terremoto de Armenia / ENE 24 2019 / hace 8 meses

El efecto dominó de las tragedias que han golpeado la vida de Isabel Cristina

En el terremoto del Eje Cafetero perdió a un hijo en el barrio La Brasilia de Armenia. Diez años después un bus atropelló a su esposo.

El efecto dominó de las tragedias que han golpeado la vida de Isabel Cristina

Isabel Cristina, acompañada de su hermano Jhon Jairo, mira con nostalgia las fotos de su hijo.

“Su hijo no está muerto porque nunca lo va a olvidar. Siempre lo va a recordar en la comida, en la sonrisa y en ese compartir”.

Esas fueron las palabras que un sacerdote, que a la vez es sicólogo, le dio en Envigado, Antioquia, a Isabel Cristina Urrea Arias, una habitante del barrio La Brasilia Nueva de Armenia, que aquel fatídico 25 de enero de 1999 perdió a su hijo mayor, José Javier Grisales Urrea, en el terremoto que arrasó con gran parte del Quindío. 

La mujer, que hoy cuenta con 57 años de edad, tuvo la fortuna de que unos hermanos se la llevaron para Medellín a recibir una atención sicológica especializada, que en Armenia nadie le ofreció a los damnificados. De esa manera pudo continuar la vida con aceptación, pero sin olvidar la pérdida invaluable de ese adorado ser, quien para la época de la catástrofe tenía 21 años.

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Dios ha sido su refugio y fortaleza

“Mi sicólogo ha sido Dios”, aseguró Isabel Cristina. Ella ha visto la mano del Todopoderoso en esos grupos de oración que le han permitido sentirse mejor mediante la espiritualidad.

“Uno sabe que la vida continúa, pero uno muere con ese dolor”, confiesa esta madre a la que se le aguan los ojos mientras evoca el recuerdo de su hijo muerto, al que cariñosamente le decía el Flaco. 

A la 1:20 de la tarde del día de la hecatombe, Isabel Cristina estaba en una casa del norte de Armenia, donde laboraba de niñera, muy cerca de la sede de la Cruz Roja

Lo único que se afectó por esa zona fue el edificio de Coomeva, que se vino al piso. Sin embargo, un agobiante presentimiento de que algo malo le había sucedido a sus dos hijos la invadió.

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Un primo, que en ese momento la acompañaba, se ofreció para llevarla en un carro hasta el barrio La Brasilia, donde estaban ellos. Cuando llegaron a la calle 30 se encontraron con que el tráfico estaba estancado. Las edificaciones caídas bloqueaban las vías. 

“Yo me tiré del carro y le dije a mi primo: ¡Me voy, porque tengo que saber algo de mis hijos!” Isabel Cristina, de 37 años en ese momento, corrió con todas sus fuerzas hasta la terminal de transportes y de allí se desvió para La Brasilia. 

El panorama era dantesco: “Parecía que una aplanadora hubiera estripado el barrio. Casi no encuentro mi casa, veía gente gritando, llorando en medio de las ruinas. Yo no entendía la magnitud de lo que pasaba, estaba paralizada, sin poder saber de mis dos hijos”, recordó Isabel.

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Cuando por fin ubicó su vivienda, se dio cuenta de que a Carlos Arturo Grisales Urrea, su hijo menor, lo habían sacado de los escombros

Estaba callado y cabizbajo, sentado en un andén después de que un muro le cayó encima y le dislocó un hombro. 

Isabel Cristina le preguntaba a Carlos por la suerte de José Javier, pero él solo atinaba a comunicarse por señas. “Indicaba, con la mano y con la boca, que no sabía. Señalaba los desechos de las construcciones”.
 

“Parecía que una aplanadora hubiera estripado el barrio. Casi no encuentro mi casa, veía gente gritando, llorando en medio de las ruinas”


La plancha de la casa le cayó encima

La valiente protagonista de esta historia recuerda que momentos antes de llegar al barrio en el que aún vive, José Javier preparaba el almuerzo. En esas llegó su hermano Carlos Arturo y tocó la puerta. 

“José Javier salió a abrir y en ese momento fue el temblor, Carlos Arturo solo le pudo ver los zapatos a su hermano, que cayó boca abajo y la plancha de la casa se le vino encima”, recuerda Isabel Cristina. 

Desesperada, la madre se subió a los escombros y, conservando las esperanzas, le gritaba a su esposo: “¡Él está vivo!”, pero Darío Grisales sabía que no era así. Esa percepción se confirmó cuando varios de sus amigos sacaron el cadáver de José Javier.

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“Lo pusimos en una parte desalojada del piso, lo limpié, me le tiré encima y lo lloré mientras veía que a la derecha lloraban a una niña de seis añitos y a la izquierda, a un adolescente de 13 años”, narró la ciudadana, a la que tres años después del suceso, el gobierno nacional le dio una vivienda para estrenar en el mismo barrio. 

Isabel Cristina relató que en aquella ocasión, el dolor compartido despertó la solidaridad de los vecinos. Se abrazaban unos a otros para tratar de hacer más llevadera esa pena

Construyeron una camilla en tablas y allí montaron el cadáver de José Javier y se lo llevaron hasta la bomba de gasolina de la calle 19 en el barrio Boyacá. Lo velaron en medio de una noche lluviosa. “Los vecinos me le pusieron velitas y sillas alrededor, mientras pasaban ambulancias con las sirenas prendidas a toda velocidad”.
 


Foto tomada cinco meses antes del terremoto. Isabel Cristina y su hijo José Javier. / Cortesía
 

El presente con las huellas del ayer 

Un año y medio después de la tragedia, Carlos Arturo consiguió empleo en un supermercado, donde lleva 18 años laborando, y tiene un hijo de 14 años. Sin embargo, prefiere no hablar de lo que sufrió aquel día gris para no abrir más esas heridas que aún permanecen vivas en su mente

Hace diez años, Darío Grisales, quien fue esposo de Isabel Cristina y padre de sus hijos, murió atropellado por un bus

Isabel Cristina es un ama de casa a la que lo tocó empezar su vida de cero, aferrarse a Carlos Arturo, el hijo que le quedó vivo, para encontrarle sentido a su existencia. Luego de la desgracia, especialistas en el manejo del duelo que la trataron en Medellín le recomendaron volver al barrio e ir al cementerio a llorar a su hijo. Eso ha sido sanador para ella. 

Dice que no le da miedo vivir en La Brasilia, porque las nuevas viviendas son más resistentes y “el día que uno se va a morir, se muere en cualquier parte”.
 


Carlos Arturo Grisales Urrea. / Cortesía
 

La Brasilia, el barrio en el que más personas murieron

Lida Mondragón, quien fue rescatada bajo los escombros de La Brasilia, reveló que el 80% del barrio se derrumbó. Fue el lugar más afectado del Eje Cafetero. 200 casas, la mayoría grandes y de dos pisos, se cayeron, y aunque no hay registro oficial, se cree que los muertos fueron más de 400. En promedio perdieron la vida entre dos y tres personas por familia. La cantidad de heridos nunca fue establecida. Un dato curioso fue que mucha gente en Medellín ganó chance con la hora del sismo.


Héctor Javier Barrera Palacio
LA CRÓNICA


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