Sabado, 17 Nov,2018

General / SEP 18 2016 / Hace 2 Años

Me encontré en la vida con... Mario “Aguacero” Salazar.

En el antiguo estadio San José, el momento sublime  sucedía  cuando los gorriones podíamos entrar a ver el partido  del Atlético Quindío, faltando 20 minutos para terminar.

Me encontré en la vida con...  Mario “Aguacero” Salazar.

Aguacero Salazar, el tercero de izquierda a derecha, con el equipo Campeón de 1956.

En mi memoria conservo la emoción de pequeño cuando corríamos a buscar las gradas y al finalizar, deambular por el estadio, los camerinos, observar con admiración a nuestros héroes, los jugadores y sentir de cerca un deporte familiar que reunía al pueblo. Uno de esos héroes de nuestra infancia era, sin duda, Mario “ Aguacero” Salazar.

Mario nació en Filandia  el 18 de diciembre de 1930 y murió el 18 de noviembre del 2000 en Armenia.  Sus padres Marco Salazar y Betulia Montoya, ya fallecidos, llegaron de Antioquia y tuvieron sus hijos en la Colina Iluminada: Bernardo, Bernarda, Fabio, Fabiola, Mario, Mariela, Guillermo, Humberto, Alberto, entregados desde la primera hora a las actividades agrícolas, ninguno supervive.

Familia reconocida en Filandia, los padres vivieron en el marco de la plaza, en uno de los municipios más  bellos de Colombia. Mario comenzó sus estudios en el colegio de las Hermanas Betlemitas,  tradicional centro de enseñanza, faro de luz y de conocimiento y terminó el bachillerato en el colegio San José de Armenia.

Aguacero se casó con la apreciable señora Lucella Giraldo quien era una de las pioneras de la Unión de Ciudadanas de Colombia, dos hijos: Diego, arquitecto, con especialización en Planeación urbana, inquieto e inteligente concejal de Armenia, casado con Isabel Cristina Aristizábal Blandón, destacada  dama, hija de una conocida familia en la región. Dos hijos: Natalia, arquitecta y Juan David, estudiante. Su segundo hijo, Luis Miguel, administrador de empresas de la universidad de la Sabana con especialización en la universidad de los Andes (debo señalar, con profunda congoja, que Luis Miguel está desaparecido hace 5 años en Puerto Boyacá), dos hijos: Luis Miguel y Daniela.

 

El fútbol, entrega vital
La pasión de Mario fue siempre el gran juego de once contra once y  sentía  la misma emoción que vivió Albert Camus en su nativa Argelia, cuando participaba en los juegos de barrio  como arquero. Mario se volaba de la casa, o del colegio, o de cualquier parte, para poder jugar en la cancha de fútbol de Filandia que aún existe, partidos interminables, en su condición de jugador, unas veces en la delantera y otras en la defensa.

Precisamente en uno de esos partidos, Mario anotó varios goles y partir de ese momento fue llamado aguacero, por aquello del aguacero de goles.

Era un jugador extraordinario: Solvente en su juego, con la cabeza levantada, entrega perfecta de la bola, fuerza en la defensa y el arranque y una maravillosa capacidad técnica; al preguntarle a James Padilla quién se le parecía, sin titubear señala que Dante Álvarez, el brillante defensor venido de Huracán; desde luego estoy de acuerdo con el gran comentarista, y de pronto, también al gran Óscar Frade.

 

Juegos Nacionales
La prueba de fuego para Mario fue haber sido incluido en el equipo de fútbol de Caldas, en los VII Juegos Atléticos Nacionales, realizados en Cali del 17 de julio al 3 de agosto de 1954. En el álbum familiar que observé con Diego, su amable hijo,  aparece el joven deportista, abanderado de Caldas, en el desfile inaugural.

 

Glorioso Atlético Quindío
En 1950 los aficionados iban hasta Manizales para poder ver el deportes Caldas, cansados de esta situación, un grupo de ellos: Antonio Hadad, John Vélez Uribe, Nepo Jaramillo y Josué Moreno, entre otros, comenzaron a reunirse en el café Colombia, situado en la calle 20, entre 16 y 17, con el fin de crear un equipo local.

Aprovechando que el señor Emilio Rubens, había reunido un grupo de argentinos del equipo Wanders de Rosario, crearon el Atlético Quindío. De acuerdo a la autorizada ayuda del conocido periodista deportivo, James Padilla Motoa.

La junta municipal de deportes, en 1955, ya con la Junta Militar en el poder, conformó una Junta Directiva conformada por Luis Granada Mejía, Félix Salazar Santacoloma, Ancízar López López y Jesús Herrán (personero).

Esta junta fue nombrada por el señor alcalde teniente Coronel Antonio Cote Cote, por medio de los decretos 166 de diciembre 2 de 1954y 24 de enero de 1955. Procedió a conformar la siguiente nómina de jugadores: Julio Acciuolo, Jesús Hernández, Manuel Dante País, Mario Salazar, Francisco Lombardo, Ricardo Diaz, Alvaro Lahidalga, Nelson Vargas, Alejandro Carrillo, Jaime Gutiérrez, Roberto S. Urruti, Francisco Solano Patiño, Alejandrino Genes, Rodolfo Sánchez, Arnulfo Cruz, Jaime Escobar (el kinesiólogo), nómina que participó en el VIII campeonato de fútbol profesional, con algunos colombianos, debe decirse. En esta pléyade de estrellas figura ya aparece aguacero y otro criollo muy conocido el viejito Vargas, recientemente fallecido en Estados Unidos.

Mario se había radicado en Armenia  donde se casó con su novia del alma y el ingreso al Quindío fue definitivo para la consolidación profesional de su afición deportiva de siempre. 

 

Marcando a Garrincha
Es famoso en la historia del deporte local, el triunfo alcanzado en 1956, cuando fue campeón del torneo rentado de fútbol profesional.

El equipo se fue para arriba y recibió invitaciones para jugar en países de América Latina y Centroamérica. En un partido contra Botafogo de Brasil, con la presencia de Garrincha, le tocó a Mario marcarlo pues su puesto era siempre marcador de punta o central. A ese negrito, chiquito- pensó- le hizo aguacero un primer amage, con éxito. Pero enseguida Garrincha le dio sopa y seco, por su defensa, entraron varios   goles, me dice su hijo Diego, con una carcajada

Permaneció diez años en el glorioso Atlético Quindío y nunca aceptó ofertas de otros equipos, su fidelidad fue total. Tiempo suficiente para alcanzar la gloria.

 

Personalidad de caballero, en la cancha y fuera de ella
Aguacero fue un extraordinario jugador y un señor a  carta cabal. Después de  su retiro, continuó como aficionado hasta el final de sus días. Se dedicó al comercio: En Mora Hermanos, Almacén de electrodomésticos, Almacén Phillips con Alberto Álvarez Maya.

Murió relativamente joven pero dejó una estela de honorabilidad dentro de la cancha y afuera de ella; si era nuestro héroe para los niños de la época, ya en la edad madura, aguacero desempeñaba sus quehaceres con dedicación y seriedad.

Fue un gran profesional del fútbol en un momento estelar  de este deporte. Los tiempo han cambiado pero siempre se añoran personajes de la talla de Mario Salazar Montoya,  figura  inolvidable del Quindío.

 

Por Gabriel Echeverri González


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