Miércoles, 24 Abr,2019
En profundidad / FEB 03 2019 / hace 2 meses

25 años de la telenovela más famosa de Colombia

Café con Aroma de Mujer fue grabada en Filandia en el año 1994.

25 años de la telenovela más famosa de Colombia

La muerte del libretista Fernando Gaitán —ocurrida el pasado 29 de enero de 2019— nos trae a la memoria la trascendencia de dos producciones audiovisuales famosas del municipio de Filandia.

Son ellas la película ‘Milagro en Roma’ y la telenovela ‘Café con aroma de mujer’, producida en 1988 y 1994 respectivamente. El rodaje de la primera se hizo en varias locaciones del municipio y estuvo codirigida por el mismo Gabriel García Márquez, ya que se trataba en una filmación basada en uno de sus cuentos, titulado La santa. Fue producida por el cineasta sevillano Lisandro Duque Naranjo y actuaron varios personajes de la ‘Colina Iluminada del Quindío’ como extras. Se recuerdan, entre otros, al terapeuta Adalberto Aguirre, al médico Carlosé Restrepo y al bibliotecario Jaime Naranjo.

Recomendado: El legado que Fernando Gaitán dejó al Quindío

No obstante la importancia documental de aquella película, la que en realidad se ganó el aprecio de los filandeños fue la telenovela ‘Café con Aroma de Mujer’, cuya presentación en público en la televisión colombiana fue en el año 1994, o sea hace 25 años.

Los escenarios de filmación de ‘Milagro en Roma’ fueron el cementerio local, el parque principal de Filandia, los interiores de dos casas de bahareque y la famosa calle Del tiempo detenido, tratando de adaptarse al argumento del cuento de Gabo, que exigía la escenificación del velorio, el entierro y la inhumación y exhumación de la pequeña protagonista Evelia Duarte.

Mientras tanto, las locaciones de la telenovela ‘Café con Aroma de Mujer’ fueron más populares y tuvieron ellas un toque de identidad cultural, basadas en los detalles de la cultura cafetera y en las características de la idiosincrasia local, donde el léxico, la versatilidad de sus personajes y el fondo bohemio de un pueblo montañero fueron elementos vitales para lograr un éxito sin precedentes en la comunicación mediática de entonces.

La telenovela retomaba temas apropiados a las regiones, que en parte habían acabado de abordar desde esa dinámica otras dos producciones enfrentadas de los canales nacionales, como fueron ‘La Casa de las Dos Palmas’, con su remembranza al pueblo antioqueño y ‘Escalona’, sobre el Caribe y su música. Desde las primeras presentaciones de la nueva novela el público se identificó con el continuo televisivo, porque se trataba del café, un símbolo económico de la nación, y porque se reforzaba con una trama romántica que se basaba en el trillado argumento de la idílica relación imposible, pero que en esta producción presentaba un nuevo aire. 

En este caso, entre Gaviota, la recolectora de café y el galán de la familia potentada del grano, Sebastián Vallejo. Todo ello fue gestado por Fernando Gaitán, el libretista que acaba de morir, y quien supo combinar dos elementos que lograron enamorar al público televidente. Son ellos el lenguaje técnico y económico del grano y la sencilla vida provinciana de los recolectores y sus familias. Para producir la magia de aquella fusión, se requerían los ambientes adecuados. Aquí es donde aparece en televisión el entorno físico de Filandia, un pueblo poco conocido en Colombia, porque todavía el influjo de ‘Milagro en Roma’ no había logrado el impacto. Y también se conoció la gracia picaresca, junto con el humor y la supervivencia de un machismo latente, presente todavía en los pobladores de estas tierras y que se expresa en las mesas de cafetines y bares, con esa descarga del desprecio amoroso, en medio de libaciones de licor.

Lea: Betty la fea y su nueva versión, la lucha contra la obsesión por redes sociales

Gaitán y los productores encontraron dos establecimientos en Filandia que ofrecían las oportunidades más especiales para la atmósfera del romance, al son de canciones de despecho. Eran el Bar Ganadero y el Bar América.

El primero era el lugar más bulloso de socialización, ubicado en el costado suroriental de la plaza principal, y donde habían sucedido inolvidables citas de los habitantes, especialmente de los caballistas que amarraban las bestias en sus entradas, mientras se compartían canciones y algarabías. En su costado se encontraba otro local famoso, la Fuente de Soda Claudia, que era el sitio de encuentro antagónico, mucho más apropiado para el disfrute familiar.

En el otro extremo de la plaza principal, en su esquina, estaba el Café América, cuyo “sonsonete” de sábados y domingos, producido por el alto sonido de sus rancheras y boleros, alborotaba aún más el ambiente de mercado que todavía se vivía en la plaza principal.

Los años 1993 y 1994 marcaron el inicio del ritmo más recordado de Filandia. Su cotidianidad cambió, porque nadie quería perderse las grabaciones alrededor de la plaza. Sus días se matizaban con los vistazos rápidos de actores y actrices que pasaban o corrían entre las locaciones. Por primera vez se apreciaron en las calles los grupos de visitantes que venían a Filandia, tras las huellas de la novela. Era el principio real del turismo.

Pero los tumultos tenían una especial motivación. Eran la presencia y el desplazamiento de las dos figuras principales, la pareja de su leyenda televisiva, encarnados en el actor Guy Ecker y la actriz Margarita Rosa de Francisco, de quienes siempre se destacó la afabilidad del galán y el encanto primoroso de la diva.

La telenovela, ese programón, para muchos ridículo y para otros, entretenido momento de disfrute, se metió en el alma de los filandeños y también en el corazón. Aún hoy, cinco lustros después, un buen porcentaje del turismo de Filandia viene tras la marca histórica de este suceso del espectáculo, del cual solo quedan las fotografías que se arrancaron a los protagonistas y a las escenas y dos discos de larga duración. Porque de los cafés, que fueron testigos de los escándalos de Gaviota o las escapadas de Sebastián, nada quedó. A principios de 1995 el bar Ganadero desapareció en un gran incendio y en 2010 el Café América fue demolido.

Un análisis sociológico del novelón colombiano —la telebobela como muchos lo llaman— nos da hoy la explicación de lo que representa ello para todos los estratos de su población. Algo que Fernando Gaitán supo leer e interpretar para plasmar en ‘Café con aroma de mujer’ y en sus producciones posteriores.

Ello es explicable porque la identificación de valores es más expedita desde el perfil de sus personajes que son del cotidiano. En esta novela el de la figura agraria y amorosa de Gaviota o el de la ingenuidad de su madre. En ‘Yo soy Betty la fea’, el del otro cliché, el de la mujer poco agraciada e inteligente, o el de su padre dominante. Y en ‘Hasta que la plata nos separe’, los de diversos personajes que retratan la realidad graciosa de nuestros entornos familiares y laborales.

Llegaron mucho más las representaciones de Gaitán libretista porque reflejaban la ironía, el encanto, el deje provinciano y el humor, aspecto este muy característico de Filandia. 

Todo lo contrario de las actuales realizaciones televisivas, caracterizadas ellas por el estigma de la violencia y el narcotráfico —que todos rechazan— o el de la envolvente fantasía de las novelas turcas, las que recuerdan otro momento de aquella realidad alienada, la de los romances rosa venezolanos de los años setenta del siglo XX.


Roberto Restrepo Ramírez
Especial para LA CRÓNICA


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

logo-copy-cronica
© todos los derechos reservados
Powered by: rhiss.net