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General / ABR 07 2013 / Hace 5 Años

“Colombia se volvió una narcocracia”: Alberto Donadio

Alberto Donadio es uno de los fundadores de la Unidad Investigativa de El Tiempo, un grupo de periodistas comandado por Daniel Samper, responsable de denunciar en las páginas del periódico bogotano las maniobras corruptas de congresistas, contralores y demás funcionarios públicos.
“Colombia se volvió una narcocracia”:  Alberto Donadio

Alberto Donadio, cofundador de la Unidad Investigativa de El Tiempo, periodistas y escritor.

Donadio ha escrito, entre otros libros, Banqueros en el banquillo (1983), Colombia Nazi (1986), y La llave de la transparencia (2012), sobre el cual lo entrevisté. En breve, en la Editorial Sílaba, publicará una pormenorizada investigación sobre el caso Interbolsa.

Usted sostiene una idea polémica en La llave de la transparencia: la guerra del partido Liberal contra los ciudadanos llevada a cabo por medio del latrocinio. Por favor, compártanos los argumentos que lo llevaron a tal afirmación.

El partido Liberal estuvo en el poder en los años 70, 80, 90 y sigue estando con otros nombres.

Pero si hablamos de los años 70 y 80 es indiscutible que era el partido que estaba en el poder, era el mayoritario. Sus voceros eran los que detentaban el poder parlamentario.

Bajo su mando se produjeron todos los grandes atracos al erario a partir de mediados o fines de los 70, que luego fueron agravándose y se volvieron descomunales, como son ahora.

Así como los antichavistas dicen que Hugo Chávez acabó con Venezuela, acabó con la economía, el mismo análisis hay que hacerlo en Colombia con quienes detentaron el poder, que son básicamente los mismos que se arropaban con el manto del partido Liberal. Además, hay una distinción que se puede hacer: en los años del Frente Nacional no hubo los mismos niveles de corrupción que luego, porque el partido Liberal mandó alternativamente.

Hay otro factor: los grandes contralores corruptos eran del partido Liberal, a saber, Julio Enrique Escallón, Aníbal Martínez Zuleta, Rodolfo González García, Manuel Francisco Becerra y David Turbay Turbay. A esa posición los llevó y sostuvo el partido Liberal. Ese era el mecanismoperfecto para garantizar la corrupción: la entidad que tenía que actuar contra la corrupción también era corrupta.


En ese contexto, ¿qué papel desempeñaron los presidentes López y Turbay?

Hay un contraste clarísimo entre la política que tuvieron ellos dos y la que tuvieron gobiernos anteriores.

López y Turbay dejaron colar deliberadamente a mucho bandido en el gobierno y en el partido Liberal. El gran mal del Frente Nacional fue entregar la burocracia a los partidos.

Más que el enriquecimiento de los funcionarios, lo que había era una toma de la burocracia; los políticos liberales y los parlamentarios aspiraban a nombrar gente en la burocracia, era el fenómeno de las cuotas burocráticas. No se había llegado a lo que se llegó después, cuando gente más ambiciosa, que tenía el único propósito de enriquecerse personalmente, llegó a posiciones muy altas, incluyendo la de contralor.

Eso hay que atribuírselo, imputárselo y fecharlo en esos gobiernos, mucho más en el de Turbay, pero todo empezó en el de López. Esa fue la guerra que dio Carlos Lleras a finales de los 70 para recuperar el poder.

El partido Liberal se había vuelto socio de los que se robaban el presupuesto, batalla que perdió irremediablemente porque el turbayismo triunfó. Es periodo coincide con el momento en que aparece el poder del narcotráfico.

Llevamos 30 años en que el narcotráfico ha impedido que se pueda hacer una administración pública limpia, porque con el poder económico que tiene ha instaurado las prácticas denunciadas por Guillermo Cano. En la actitud de López y Turbay de gobernar con los más pícaros está la explicación de los grandes atracos al presupuesto público.

Usted narra las prevenciones de la Contraloría y la Procuraduría a la hora de brindar acceso a documentos públicos. ¿los entes oficiales entorpecen la labor del reportero investigativo?

Ahora hay grandes avances en el sentido en el que el derecho de petición se volvió una cosa que la usa todo el mundo.

En el caso de Interbolsa he visto en los últimos meses como los inversionistas damnificados, los propios presuntos responsables, los periodistas, acuden al derecho de petición para solicitar información y documentación. Ese derecho que hace cuarenta años estaba solamente en el papel se volvió una cosa que se usa.

Todas las entidades del Estado tienen personal dedicado a atender las peticiones de los ciudadanos. La situación mejoró muchísimo. Por supuesto, hay otras áreas donde ha habido retrocesos pero cuando los documentos son públicos, hoy en día a la gente le contestan.

Cuando nosotros empezamos en esta pelea con Daniel Samper en los años 70, uno mandaba una petición diciendo que era periodista de El Tiempo y si no le daba la gana al funcionario, no la contestaba.

Hoy en día a nadie le niegan el trámite de un derecho de petición. En ese sentido se ha avanzado mucho porque la gente dice: voy a mandar un derecho de petición. Ya se volvió parte del idioma.

El caso de los Papeles del Senado es el más importante destape periodístico de los setenta. En varios pasajes de su libro usted señala que las costumbres políticas han empeorado. ¿Ha habido o no sanción social en Colombia a los corruptos?

Existía más en los años 70, donde los funcionarios se incomodaban cuando los acusaban y sobre todo si lo hacía alguien como Daniel Samper que en su columna, con humor y mucha agudeza, más que acusarlos los crucificaba. ¿Pero qué ha pasado?

Treinta años de fenómenos como el paramilitarismo, el narcotráfico, los excesos de la guerrilla, han hecho que cualquier cosa que haga un funcionario público se vuelve menos grave porque, efectivamente, todas las barreras se quebraron en Colombia.

Por ejemplo, en los 70 denunciamos que el procurador Guillermo González Charry había utilizado documentos falsos para aumentarse la pensión en una cantidad muy pequeña. Esa revelación causó un gran escándalo, tuvo un gran impacto. Hoy en día una cosa de esas parece secundaria ante todas las atrocidades y barbaridades que han ocurrido en el país.

El problema es que Colombia se volvió una narcocracia. Muchas de las denuncias que se hacen contra funcionarios públicos ya no tienen el impacto porque suceden otras cosas mucho más sangrientas y más graves. Desde que se dejó que el narcotráfico mandara, se relativizó los otros fenómenos, incluso el de la corrupción.


¿Cuál es su evaluación del trabajo investigativo del periodismo colombiano de hoy?
Le falta mucho, sobre todo al periodismo de prensa escrita que es el único que yo sigo realmente. Los periódicos son muy buenos tecnológicamente, pero su contenido es muy lejano del que debería ser.

Vivimos un atraso muy grande en investigaciones y en buen periodismo escrito. No obstante, también hay que reconocer que el narcotráfico y el paramilitarismo impiden que se publiquen y se denuncien las cosas. Son tantos los Salvatore Mancuso, tantos los Jorge 40 que hay dentro y fuera del poder, que la gente terminó por apagar el radar porque se fatigó, porque ya da por cierto que todo está corrompido y mucha veces tiene razón. Ahí se produjo ese fenómeno.

En los años 70 cuando salían denuncias en El Espectador y El Tiempo, esas investigaciones tenían gran impacto. Hoy salen cosas más graves y no tienen impacto, la gente ya se acostumbró a que todo sea posible.

Pero eso no es excusa para que los grandes periódicos, que tienen mucha plata aunque tengan menos circulación, no quieran hacer un periodismo mucho mejor del que hacen; no solo de la parte investigativa sino también del cubrimiento de otras cosas.

Uno generalmente ve las noticias y son un boletín donde se cuelgan cosas, pero muy rara vez se le cuenta a la gente esto qué significa, por qué ocurrió así.

No hay mucha reportería, es el gran pecado de la prensa escrita en Colombia. No hay buenos reporteros, hay muy buenos columnistas de todas las tendencias, pero el trabajo periodístico, que es de reportería, de andar uno haciendo entrevistas, hablando con la gente, interpretando y traduciendo lo que ocurre para un lector común y corriente, se hace muy poco.

Para terminar, cuéntenos cómo va la discusión sobre el proyecto de ley propuesto por Alianza Más Información y Más Derechos y qué hay en el trasfondo de dicha iniciativa.

La Corte Constitucional debe fallar este semestre sobre las demandas que se presentaron el año pasado contra la ley que promovía Transparencia por Colombia y el profesor Rodrigo Uprimny.

No hemos podido entender porqué esas organizaciones y esas personas que están en la trinchera contra la corrupción tuvieron ese lapsus gigantesco de promover un proyecto de ley que termina siendo nocivo. Estoy casi convencido que la Corte va a tumbar el proyecto porque atenta abiertamente contra la Constitución y la doctrina que la Corte Constitucional lleva 20 años afirmando

Por Ángel Castaño Guzmán

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