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General / OCT 26 2013 / hace 5 años

“La ministra de Cultura quiere cobrarme mi posición crítica”

 Harold Alvarado Tenorio es el literato más polémico de las letras nacionales.
“La ministra de Cultura quiere cobrarme mi posición crítica”

HAT, como se le conoce por sus iniciales, es adversario de casi todos los escritores colombianos. Su prosa, una explosiva mezcla de erudición y veneno, va de frente contra todo el mundo. Diestro en el mandoble, Alvarado no tiene problema alguno de enfrentar a un laureado poeta o a una ministra en ejercicio.


La ministra de Cultura, Mariana Garcés, lo demandó a usted y al cineasta Carlos Palau. A usted porque en un texto, que circuló en la internet, señala la cercanía de ella con la señora Amparo Sinisterra, directora de Proartes, institución que recibió del ministerio 1.400 millones de pesos. ¿Cuál fue el asunto?
Ese es el motivo aparente para acusarnos de injuria y calumnia. Ficticio, porque ni Carlos Palau ni yo hemos dicho que ella haya robado cosa alguna, ni que hace negocios por debajo de las mesas, ni le guste el aserrín o la mermelada en los convenios o partidas de tute.

Palau respondía a una pregunta que alguien le había formulado y yo, que he escrito durante treinta años sobre la podredumbre en Colcultura y el ministerio del ramo, emití opiniones sobre los inconvenientes que sufre nuestro pueblo cuando los asuntos culturales están en manos unas cuadrillas de ignaras señoras, que solo favorecen, desde el gobierno de Belisario Betancur, a sus socios españoles, ya sea en libros, telecomunicaciones, material quirúrgico, tizas, etc.

Desde los años de ese funesto gobierno, para solo hablar de dos asuntos, la literatura y la historia nacionales fueron abolidas a ras de los textos escolares y son suplantadas por fragmentos de las literaturas mundiales en traducción y en sobras de las historias guerreras de los imperios del siglo XX. Son muy pocos los colombianos que han leído completo un libro de Guillermo Valencia, de Carrasquilla, De Greiff, o Henao y Arrubla o los filólogos que redactaron los compendios literarios para Bedout y Voluntad, y muchos menos saben quién fue Laureano Gómez o Silvio Villegas.

Belisario Betancur y sus sayones han negado a los colombianos menores de cuarenta años la posibilidad de amar la patria, de respetarla y honrarla conociendo su historia y disfrutando de su alma colectiva con el arte de la palabra y el verso.

Y a eso han contribuido, con otros gananciales, la ministra y su vieja maestra. Lo que quiere cobrarme Mariana Garcés es mi postura crítica. Y claro, detrás de ellas está esa recua de serviles de la izquierda vergonzante que han tenido como lázaros a las puertas de sus casas y apartamentos, que en Cali tienen nombres conocidos y que le ruego me evite mencionarlos.


Usted cuestionó la decisión de entregar el Premio Nacional de Literatura a Horacio Benavides. Indica que dos de los jurados, Piedad Bonnett y Ramón Cote, hacían parte del comité editorial de la universidad Nacional, institución que publicó el libro ganador de Benavides. Luego apareció una carta firmada por 86 escritores respaldando la decisión. Háblenos al respecto.
Sí, 86 entes, en su mayoría, pretendidos poetas, cuya existencia como tales terminó el 8 de agosto de 1999, cuando cesó la recolección de lo que algunos han llamado la literatura y las artes de La República del Narcotráfico, 1974-1999. Un cuarto de siglo, en el cual, según Aura Lucía Restrepo, la última pareja de Gilberto Rodríguez, en reciente interviene para El País, la mafia eligió seis presidentes y los precios de las artes plásticas alcanzaron cuotas nunca imaginadas y la exportación ficticia de libros para lavar dinero fue inconcebible.

Los mismos años que ha documentado Félix Marín en su libro sobre la familia Polanco y el grupo Prisa. Y qué no podría contarle del promotor del cablegrama, cuyos odios y lengua ha desollado con rencor a más de la mitad de los firmantes. Ninguno de ellos quiere al quillacinga que usaron para desconocer De los gozos del cuerpo, que es el otro libro, junto a El fantasma de la alondra de Antonio Silvera, que merecía el premio. Pero no, se trataba de humillarnos. Mi libro era el único que había recibido no menos de una decena de reseñas en medios nacionales y extranjeros, de firmas conocidas y autorizadas.

Lo cierto es que La serena hierba, mole digna de la Bogotá Humana del encantador de perros, es un refrito de 2011 de un bodrio publicado por Piedad Bonnet y Ramón Cote con el rótulo De una montaña a otra, porque, según Juan Manuel Roca, Benavides “esculca desde adentro” desde el día que le habían, ellos mismos también, concedido en 2001 un premio del Idct de Bogotá, y en 2005, el Cote Lamus, por los mismos poemas. El libro de Benavides no circuló ni en Colombia en la versión de 400 páginas, ni en Venezuela con 200, porque fue víctima de los avivatos. Apenas publicaron doscientos ejemplares pero cobraron por mil en el caso nacional y cinco mil en el extranjero.


Muchas personas le restan validez a sus diatribas porque lo consideran un resentido. Dicen que en usted puede más el veneno que la inteligencia, ¿qué tiene para decir?
Que la prosodia de mis diatribas no guste a ciertos lectores no invalida el contenido de ellas. Lo que acusan de resentimiento son las verdades incontestables que esgrimo y que nunca, desde de los años que comencé en La Prensa a cuestionar las camarillas adscritas a Colcultura y luego al ministerio, han sido desmentidas o denunciadas.

En veinte años, que he publicado, como puede leerse en www.diatribasdeumbertocobo.com, solo 52 textos, nadie ha dicho esta boca es mía. La respuesta ha sido la descalificación, la mala fe y la implacable persecución para que no se me publique en parte alguna. Cada vez que algún medio difunde mis escritos, los miembros de la secta visitan las dependencias exigiendo mi desaparición. Le doy un ejemplo: Jotamario Arbeláez ha escrito al menos cincuenta columnas contra mí, sin mencionarme, claro, para que no tenga yo derecho a la réplica. Puedo ofrecerle un listado de ellas. Hace poco tituló para El País, una donde proponía que el día de mi cumpleaños, el 8 de setiembre, fuera declarado el Día del Hijo de Puta.

Desde los años cuando me opuse a la creación del ministerio de Cultura, los prebendados, casi todos esquiroles izquierdistas de la social-bacanería, cuyos nombres están en el cablegrama que celebra la poesía del quillacinga, se han declarado mis enemigos. Yo llegué a escribir por años en todos los periódicos y revistas de Colombia, incluido El Derecho de Pasto, y no pocos del exterior, como La Jornada, hasta cuando la casa Gómez Vila decidió saciar de honores y presentaciones al ordenador del gasto de la universidad de México y este a su vez ordenó la censura a mis escritos. Hoy ese poetastro, que son dos, uno alto y otro bajo, son estrellas del firmamento de esa cosa horrible en que se ha convertido el recitadero, donde habita el olvido.


Volvamos al caso de la ministra. La conciliación será en breve. ¿Cuál es su estrategia de defensa? ¿Cómo enfrentará esa demanda?
No vamos a conciliar, ni a aceptar los cargos. Iremos a juicio y si nos lleva al talego, bienvenido sea, pero tenemos numerosas ofertas de abogados penalistas colombianos y extranjeros que desean darnos una mano absolutamente gratis. Dos ONG de Londres y una de Madrid se han ofrecido para defendernos. A la cárcel llevaremos por delante los versos de Luis de León, nuestro santo patrono: aquí la envidia y mentira me tuvieron encerrado.

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