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General / JUL 25 2010 / Hace 8 Años

A propósito del Grito de Independencia ¿Conmemoración o celebración?

Desde el año pasado el gobierno colombiano ha impulsado una serie de actividades relacionadas con el “bicentenario de la independencia” y en varios periódicos nacionales y regionales se ha escrito sobre lo que conocemos como el “Grito de Independencia”.
A propósito del Grito de  Independencia ¿Conmemoración o celebración?

Por: Diego Arias Serna
Madrid (España)

Tanto el gobierno como los articulistas usan indistintamente las palabras celebración y conmemoración. Aunque el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española señala celebrar como: “conmemorar, festejar una fecha, alabar, aplaudir algo” y conmemorar: “hacer memoria”, considero pertinente decir —aclarando que no soy experto en el uso adecuado de las palabras— que no está bien decir que estamos celebrando el bicentenario de nuestra independencia. Reconociendo la situación actual del país queda mejor conmemorar, hacer memoria, del famoso Grito de Independencia, con el propósito de inferir ideas que contribuyan a superar los males endémicos de nuestro país.

En un periódico capitalino, el ex ministro de Hacienda, Rudolf Hommes, empezaba su artículo expresando: “La decisión del presidente electo de anunciar una política de tierras que incluirá un programa de distribución de tierras es un desagravio que les debe el país a los campesinos colombianos y una retribución por los siglos en los que han soportado las condiciones de vida y de trabajo menos favorecidas en la sociedad colombiana (…).

(…) . La adopción de estas políticas en el año del bicentenario marcaría un cambio en las actitudes de la clase dirigente con la recepción en serio de preceptos de justicia social que hasta ahora han estado más presentes en discursos que en hechos y no se reflejan en la gran brecha social que existe entre la ciudad y el campo”.


“No nos hemos liberado”

En el mismo periódico, Ricardo Silva Romero, entre otras cosa decía: “Quien se asome a nuestra realidad social, de hospitales letales, empleos quebradizos y pobrezas descorazonadoras, concluirá que no nos hemos liberado completamente de la esclavitud”.

Igualmente en la misma publicación uno de los titulares afirmaba: “Colombia, entre los países con mayor desigualdad social”. Así que no tenemos mucho que celebrar, ya que un porcentaje significativo de nuestra sociedad está igual o en peores condiciones que las que se tenía a principios del siglo XIX. Por otra parte, el “grito de independencia” más bien sirvió para que la semilla, de donde pudo haber nacido el árbol que nos diera los frutos para nuestro desarrollo científico y tecnológico y garantizara una verdadera independencia, no pudiera germinar.

De ese grupo de hombres ilustres formados por José Celestino Mutis en el colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario y que lo acompañaron en la Expedición Botánica y fueron artífices del “grito de independencia”, unos terminaron en el patíbulo como Francisco José de Caldas, Jorge Tadeo Lozano y José María Carbonell.

Otros se fueron del incipiente país como Pedro Fermín de Vargas y Sarmiento. Unos más, siguieron pensando que la ruta a seguir era la del conocimiento como Francisco Antonio Zea, quien desde París, en 1822, hacía esfuerzos para conformar una comisión científica con el propósito de constituir, como él decía: “un establecimiento consagrado al estudio de la naturaleza, al adelanto de la agricultura, las artes y el comercio como fuentes de progreso”.


La Colombia soñada por Bolívar
Por los contactos de Zea en Paris llegaron a la Colombia soñada por Bolívar: Jean-Baptiste Boussingault, fundador de la química agrícola y la agronomía experimental. Su propósito era fundar una división de química; François-Désiré Roulin impulsaría la fisiología y anatomía; Justin-Marie Goudot trabajaría en zoología y James Bourdon haría el eslabón entre el futuro Museo Nacional y la Academia de Ciencias de París.

Con la contratación de estos hombres, la naciente república, pretendía recuperar gran parte de los adelantos científicos de la Expedición Botánica que fueron confiscados por Pablo Morillo en el periodo de la reconquista española.
Este nuevo esfuerzo por apalancar el conocimiento como fuente de riqueza, se frustra nuevamente por la arrogancia, la intolerancia y la ambición de nuestra clase política, la influencia política de la iglesia y los conflictos con ella, y por supuesto, la injusticia social.

Además, la actitud de nuestros gobernantes se parece mucho a un péndulo que repite el mismo movimiento cada periodo de tiempo. El historiador Jorge Orlando Melo nos recuerda en su artículo: “Celebraciones y reflexiones”, que escribió para un diario capitalino el pasado 22 de julio, que en 1910, cuando Colombia acababa de salir de un dictador (Rafael Reyes), que trató de cambiar la constitución para perpetuarse en el poder; en la conmemoración del “grito del independencia”, el ex mandatario se hizo la siguiente pregunta: ¿Por qué la independencia había producido 100 años de guerras civiles y de atraso económico? ¿Qué hicimos mal?


Una respuesta moderada y modesta
Hace 100 años —nos dice Melo— “La respuesta fue moderada y modesta: la intolerancia política y el autoritarismo tenían la culpa y la solución era reconocer los derechos de las minorías, reducir el poder del presidente, prohibir su reelección y ampliar la democracia. Y se acompañó por una reforma constitucional, que devolvió a los liberales el derecho a existir y creó así las bases para casi cuarenta años de paz, pero tímida aún. Por ejemplo, limitó el derecho a elegir presidente a los que supieran leer y escribir. No creó bases sólidas para una sociedad democrática y pacífica como lo mostraron los cincuenta años de violencia de la segunda mitad de siglo”.

Hoy, 200 años después, ante la misma pregunta tenemos respuestas parecidas. Otra mirada de nuestra historia nos lleva a afirmar que nuestra independencia se inicio el 24 de febrero de 1761 cuando José Celestino Mutis arribó a Santafé de Bogotá para ejercer de médico del Virrey Pedro Messía de la Zerda y se empezó a consolidar el 13 de marzo de 1762 cuando en el discurso inaugural de la cátedra de matemáticas del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, dio a conocer los principios elementales del sistema copernicano de la ciencia moderna y del método científico.

La revolución continúo gestándose cuando creó una nueva enseñanza y la parte científica se favoreció cuando tradujo y dio a conocer los libros de Newton y Galileo. Los intentos de cambios en el Nuevo Reino de Granada se hicieron evidentes cuando la Expedición Botánica albergó a las nuevas generaciones de científicos formados por Mutis, pero todo fue una ilusión. El 10 de julio de 1810 acabó con el proyecto científico educativo de Mutis y ese día lo que se dio fue el grito de muerte del país que anheló el gaditano.

Para él el conocimiento es bueno cuando es útil y lo es si logra humanizar al hombre, si mejora sus condiciones si atempera sus relaciones. Nuestra independencia será posible con otra educación centrada no sólo en el conocimiento sino también en la ética. Como dice Rodolfo Llinás en el texto “Colombia: Al filo de la oportunidad”, la educación debe ser “Una manera innovativa de entender y actuar —no el simple saber y hacer—, debe permitir que se adquieran nuevas habilidades humanas, basadas en el desarrollo de múltiples saberes y talentos, tanto científicos como artísticos y literarios, y debe servir para gestar nuevas formas de organización productiva.”


Lo que dice Rodolfo Llinás
También nos dice Llinás: “Colombia es un país pluricultural y multiétnico que puede utilizar con provecho el acceso de que dispone a los legados occidental, amerindio y afroamericano, a elementos de las sociedades modernas, pre-modernas y post-modernas. Esto le permitiría maximizar habilidades de diversas bases culturales para diseñar nuevos sistemas de aprendizaje e incorporar una variedad de orientaciones culturales al dominio del racionalismo científico y de la tecnología contemporánea”.

Los colombianos salimos adelante cuando ya no existan unos pocos “Pedro Páramo”, que ven en la tierra el símbolo del poder y miles de campesinos desterrados de sus fincas y arrinconados en los cinturones de miseria de las ciudades. El país sale adelante cuando la sociedad se independice de los medios de comunicación y tenga la capacidad de escuchar o leer la noticia con el lente de la crítica.

Colombia podrá girar con independencia en la órbita de las naciones del mundo, cuando logremos consolidar un sistema educativo excelente para todos en la formación básica, pero selectivo en la educación superior para todos los que deseen dedicarse con disciplina, amor y respeto por el conocimiento.


Doctor en Física Universidad Complutense de Madrid
Profesor –Investigador Universidad del Quindío
Presidente Fundación Semillero Científico

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