Be sure to provide your own site attribution and content.
La General / Agosto 25 de 2013 / Comentarios

Acuaponia, una nueva alternativa agroindustrial para el Quindío

Acuaponia, una nueva alternativa agroindustrial para el Quindío
La vicerrectoría de Investigaciones de la Universidad del Quindío, a través de su Centro de Extensión, en cabeza de la Dra. Patricia Landázuri, impulsan un novedoso proyecto agroindustrial gestado por el innovador quindiano Noel Botero, cuya coordinación académica para el alma máter se encuentra en manos de Marcelino Galvis Nieto.
Se trata de una granja piloto para la producción de peces y vegetales (acuaponia) que combina técnicas en un solo sistema re-circulatorio de agua y procesamiento sencillo de nutrientes, que hace cerca de 26 años se desarrolla en China y Estados Unidos. Un procedimiento revolucionario en Colombia que aprovecha las bondades de nuestro territorio para la producción conjunta de estas especies, lo que permitiría suplir algunos de los problemas más urgentes que presenta el planeta en materia de la demanda per cápita de pescado que, según la FAO, se incrementa preocupantemente frente a la producción y los efectos que esta genera en los ecosistemas.

Un aspecto fundamental que hay que tener en cuenta, afirma Noel Botero en entrevista con Augusto Misse de la Oficina de Comunicaciones de la universidad del Quindío, es que por cada punto que aumenta el consumo de pescado per cápita “es necesario producir 700 millones de libras en algún lugar del mundo”, lo cual se incrementará, según la exigente normatividad que rige a las naciones del llamado bloque desarrollado y las tendencias agrícolas poscoloniales derivadas de esta desigualdad socioeconómica, en los países emergentes del mal llamado “tercer mundo”.

Para evitar los impactos en los ecosistemas mega-diversos de estas zonas del planeta, sobre todo en Colombia (el Huila ya enfrenta impactos a raíz de esta tasa de crecimiento productivo), sin eludir la oportunidad de desarrollo que se deriva de estos cultivos, se ha planteado esta alternativa que en la actualidad se encuentra en vías de desarrollo e implementación en la vereda Río Verde de Calarcá.


¿Cómo funciona esta innovación agroindustrial?
Es muy sencillo, la materia fecal y la orina de los peces se procesa para extraer los componentes tóxicos y convertirlos en nutrientes que se utilizan para sembrar plantas como lechugas, sobre planchas flotantes de icopor. Las raíces, sumergidas en los nutrientes mencionados, absorben estos compuestos y dejan limpia el agua, que es almacenada en un pozo para surtir nuevamente a los peces, los cuales se convierten en un producto subsidiario del proceso y no en su objetivo central. Es decir, se alimentan especies vegetales mientras se trata el agua que se requiere para los cultivos piscícolas. El agua que se evapora por efecto de la acción del sol es la única que debe ser adicionada al sistema, haciéndolo autosuficiente en un alto porcentaje y con cero emisiones al medio ambiente.

“El sistema que proponemos, dice su adaptador en el Quindío, fue desarrollado por científicos con reconocimiento mundial en Estados Unidos y logró que la biofiltración de residuos orgánicos se produjera con plantas que cumplen con esta función, haciendo posible que cualquier persona cuente con la posibilidad de utilizar un sistema de producción de peces y vegetales aplicando una tecnología de recirculación de aguas”.

El gran aporte local consiste en la aplicación de este como un modelo de negocio amigable con el medio ambiente, que genera alternativas económicas para comunidades que hoy afrontan las dificultades causadas por cambios de la economía que afectan prioritariamente al sector del agro.


La Infraestructura y el beneficio social
En 505 metros cuadrados se pueden instalar cuatro estanques de peces y seis tanques de acuaponicos, en los que se pueden producir 1500 libras de tilapia cada seis semanas (tratándose de una especie que permite siembras a altas densidades de carga) y 1000 cabezas de lechuga semanal, extendiendo esta posibilidad a otros productos de rápido crecimiento, cultivables en diferentes pisos térmicos). Lo anterior convierte a esta en una alternativa, que si bien no es competitiva en términos de la gran industria, sí es altamente productiva para pequeños cultivadores y grupos humanos vulnerables, como mujeres cabeza de hogar, campesinos de bajos recursos o comunidades indígenas, por solo citar algunos ejemplos de importante rentabilidad social.

Toda la infraestructura es superficial y no requiere grandes obras civiles ni tecnologías sofisticadas. Sugiere Noel Botero que, además, no se requieren terrenos propios dado que estos pueden suplirse con minifundios en alquiler, que permitan producir cantidades rentables para consumos localizados. Es más, con el uso de nuevos aditivos naturales y nutrientes podría ampliarse la producción a plantas aromáticas.

Para el futuro de este emprendimiento se requiere la participación conjunta de comunidades, academia (instituciones educativas del orden superior como la universidad del Quindío) y empresas privadas, que permitan aumentar sosteniblemente la producción y generar canales de mercadeo más eficientes.

Incluso en patios interiores, utilizando aguas lluvias, también puede pensarse en este tipo de dispositivos de reuso que serían viables en zonas rurales y semiurbanas. La tecnología, que ha sido perfeccionada produciendo un balance exacto de procesos biológicos, con el talento de investigadores que trabajan en ello desde prestigiosas universidades norteamericanas, no puede variarse sustancialmente pero, según Noel Botero, está en camino de “quindianizarse” como una alternativa económica y ambiental para el tipo de comunidades ya mencionadas.

“De esta forma podemos concluir que la base del estudio científico radica en establecer con máxima precisión cuantos gramos de alimento consumidos por los peces son necesarios para que estos últimos produzcan la cantidad de nutrientes suficientes para mantener un metro cuadrado de cultivo de plantas y la capacidad de estas para que sus raíces sumergidas en los nutrientes sean absorbidos” agrega Noel Botero.

Este nuevo modelo de acuerdo social-empresarial, que une investigación y productividad a escala humana y ambiental, permite la creación de encadenamientos en los que se unen empresas con ánimo de lucro y comunidades vulnerables, armonizadas en un sistema amigable con el medio ambiente, respaldado desde la academia en un contexto de proyección y responsabilidad social productiva.


Por Alejandro Herrera Uribe
Universidad del Quindío
PUBLICIDAD

COMENTA ESTE ARTÍCULO

En Cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

©2009- 2017 todos los derechos reservados