En profundidad / Junio 25 de 2017 / Comentarios

Alcaldes no hacen nada para prevenir consumo de drogas

Alcaldes no hacen nada para prevenir consumo de drogas

Según los expertos, las políticas públicas no han funcionado y el número de consumidores aumenta.


Cuestionamiento a las políticas públicas, la falta de interés por parte de los alcaldes para prevenir el consumo de alcohol y sustancias psicoactivas, como el rompimiento de las estructuras familiares y el poco conocimiento de las instituciones educativas para enfrentar el problema de uso, abuso y adicciones, fueron definidos como cuatro componentes que están incidiendo negativamente en la población de niñas, niños,adolescentes y jóvenes, que cada día ingresan al mundo de las drogas sean ilícitas o lícitas.

Así lo advirtieron dos importantes expertos que han venido investigando y conociendo sobre la realidad, el crudo panorama que se vive en el país y que en el caso de Armenia y el Quindío se torna cada vez más preocupante.


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Un estudioso sobre la problemática de la droga en Colombiaes el doctor Augusto Pérez Gómez, quien en diálogo con LA CRÓNICA cuestionó a los mandatarios municipales en el país por no asignar presupuestos o recursos para implementar programas de prevención. 

“Todos los alcaldes de Colombia se quejan del problema del consumo entre los jóvenes, pero a la hora de la verdad cualquier otro problema les parece prioritario y muy pocos están dispuestos a invertir recursos en prevención. Hay un problema de miopía muy marcado en este campo”, enfatiza el investigador y catedrático luego de precisar que los foros, conferencia e intercambios de experiencias para prevenir son “actividades inútiles si no hay inversión por parte del Estado, y especialmente de los municipios”.

Otro experto que en el Departamento del Quindío y en la Ciudad de Armenia viene ocupándose de la atención a una población altamente vulnerable, es José Marcial Apablaza Yañez, coordinador del Programa de Pastoral con Personas en Situación de la Calle, de la Diócesis de Armenia. En su opinión, “algunas de las políticas públicas en el ámbito de promoción y prevención se han centrado en el sector educativo, y menos en el sector comunitario o barrial donde todos los días cada vecino se debate entre la droga, sus hijos y vecinos que consumen. Allí faltan estrategias sostenibles en el tiempo”, dice este filósofo y teólogo.

A escasos días de que la capital del Departamento del Quindío sea la sede de la Feria Andina de Buenas Prácticas en Prevención y Tratamiento del Consumo de Sustancias Psicoactivas, que organizan el gobierno nacional, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito-Unodc-con el apoyo del Proyecto Predem de la Unión Europea y la gobernación, LA CRÓNICA consultó al investigador y catedrático Pérez Gómez y a Apablaza Yañez, para presentar a nuestros lectores una realidad que afecta a toda la sociedad colombiana.


Confusas políticas públicas

Al cuestionar las políticas públicas nacionales, Pérez Gómez consideró que estás “no han funcionado puesto que el número de consumidores aumenta constantemente”. “Las políticas públicas referentes al consumo de drogas han sido confusas, hechas con retazos de aquí y allá, especialmente las que fueron propuestas en el 2009 y que se han prolongado hasta el momento actual, que carecen de consistencia interna y privilegian el tratamiento y la reducción de daño”.

En su crítica, precisa que esas políticas fueron elaboradas por personas que dicen públicamente que no creen en la prevención, “¡como si se tratara de una religión!”, exclama con sorpresa el director de la Corporación Nuevos Rumbos. “No es fácil entender por qué Colombia escogió, en la amplia gama de estrategias preventivas que existe internacionalmente, implementar en el país una de las más costosas y de mayores limitaciones, pues exige trabajar con familias que funcionan de manera óptima desde el punto de vista de su estructura y en las que no hay consumidores de alcohol u otras sustancias”, agrega el investigador.


La crisis en la familia

La familia es y ha sido uno de los principales factores protectores con respecto al consumo de drogas en los jóvenes. Sin embargo, se observa una tendencia a la desarticulación de las estructuras familiares, una desaparición de normas y límites y un incremento de comportamientos excesivamente tolerantes de parte de los padres de familia, coinciden los expertos en su apreciación.

“A esto se añade en los años recientes una pérdida de poder adquisitivo que obliga cada vez con mayor frecuencia a que ambos padres trabajen, debiendo abandonar parte de sus responsabilidades como padres. Y finalmente, ciertos partidos políticos vienen alimentando un sentimiento generalizado de desesperanza, e históricamente se ha visto que en circunstancias similares los lazos familiares tienden a debilitarse”, advierte Augusto Pérez.

Por su parte, José Marcial Aplabaza, también se refiere a la crisis actual de las familias y señala que “en el caso de las ‘personas en situación de calle’, nunca ha existido una figura de autoridad ya sea por abandono o por muerte de algunos de los padres; en ciertos casos que conocemos, los padres sustitutos muchas veces son jibaros y micro traficantes que cubren las veces de la autoridad y de ser proveedores para el sustento de la familia”.


El papel de las instituciones educativas

Como es bien sabido, la problemática de las drogas se ha extendido a las instituciones educativas donde los maestros no cuentan con las herramientas básicas y necesarias para darle un buen manejo a la prevención dada la presencia de menores y jóvenes consumidores. De hecho, en el Congreso de la República se tramita un proyecto de ley que busca implementar la cátedra obligatoria en los colegios públicos y privados para prevenir el consumo.

Según la apreciación de Augusto Pérez Gómez, “los educadores no saben gran cosa sobre el problema de las drogas y el alcohol, y por consiguiente los jóvenes no los respetan en ese campo. De manera que un primer paso, es que los maestros reciban formación sobre estos asuntos y adquieran la capacidad de hablar con los estudiantes con conocimiento de causa, en vez de ser objeto de risa por causa de su ignorancia. Esa es una obligación no cumplida del Ministerio de Educación y de otros entes nacionales como el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar”.

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Es tal la importancia que se le debe prestar al papel que pueden jugar los educadores, que no sobra recordar que las instituciones educativas son potencialmente núcleos de una inmensa influencia sobre los niños y adolescentes, quienes pasan la mayor parte de su vida de vigilia, cinco días sobre siete.

Entre tanto, José Marcial Aplabaza cree que el sistema educativo “está aportando mucho y está haciendo lo suyo”. Sin embargo, se pregunta: “¿qué está haciendo la comunidad educativa y la sociedad civil una vez el docente ha cumplido su función; si el docente detecta a un niño o niña, adolescente o joven en consumo, dónde está el sistema que luego lo atienda? Y se responde al afirmar que en su parecer “falta conexión para que se den las condiciones de mayor prevención”.


La situación de calle en Armenia

Para finalizar el representante de la Pastoral Social de la Diócesis de Armenia, señala que la situación de habitabilidad en la calle es multicausal; pues una de ellas que se podría mencionar “es la situación de extrema pobreza en primer lugar, es decir un problema estructural no resuelto. No por nada la ciudad de Armenia está entre los primeros lugares de desempleo de la nación. Se ha modificado el agro-café, y muchos de los campesinos que antes desempeñaban labores agrícolas hoy se encuentran en situación de calle en hogares de paso, o en situación de mendicidad”.

José Marcial concluye que “la situación mental de los adolescentes y jóvenes se ha venido deteriorando a raíz del policonsumo. Y lo que hace el consumo es sostener a dichas personas en una situación precaria”


René Rojas
Director Agencia de Noticias e Información para la Prevención de Adicciones-ANIPRA-
Especial para LA CRÓNICA

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