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General / MAY 08 2016 / Hace 2 Años

Armenia y la historia latente de su recorrido urbano

La capital del Quindío tiene en su haber una serie de acontecimientos históricos que no trascendieron al plano regional o nacional, pero son comentados o tenidos en cuenta en lo local y académico.

Armenia y la historia  latente de su recorrido urbano

El hotel Maitamá es el que más destaca en su interior el espíritu histórico de una elegante arquitectura.

También posee puntos de encuentro, monumentos y bienes arquitectónicos o sitios de interés cultural donde se conservan objetos o bienes representativos que encierran ellos un alto valor histórico. Esas reseñas no pasan del conocimiento limitado de sus tutores o custodios y se validan solo en el plano familiar o restringido de un gremio.

Tanta información podría constituir un insumo para alimentar las rutas culturales del Paisaje Cultural Cafetero e incentivar en los habitantes cuyabros el conocimiento masivo de dichos lugares.  Para comenzar un recuento de tales bienes, es necesario partir de lo cronológico, o sea lo más antiguo.  En el terreno de la geología, los estudiantes de la universidad del Quindío ignoran que en el prado de la facultad de Medicina se encuentra depositado un xilópalo, fósil vegetal que fue recuperado en otro lugar por un biólogo, seguramente para fines científicos, pero que terminó abandonado allí.  Son millones de años que representan este espécimen olvidado por todos.

 

Estructura lítica
Ya no tan antigua, igualmente trasladada, en el primer piso de la gobernación del Quindío reposa una estructura lítica (conjunto de piedras arqueológicas de unos 3.000 años de antigüedad), que hace parte de un interesante circuito conformado por piezas cerámicas y líticas recuperadas después del terremoto. Se puede recorrer en los diferentes pisos del edificio y esos objetos recuerdan a los pobladores prehispánicos de los llamados períodos Temprano y Tardío del Quindío.  

Estructuras similares a la presentada en la gobernación (también llamadas “tumbas de cancel”), se cuidan en un predio privado del barrio Montevideo Central, pues allí fueron detectadas en el año 1999, luego del terremoto. Aunque lo interesante de este caso particular es que, como pocas veces ocurre, son los miembros de la familia propietaria del predio los que se han encargado durante 17 años de su protección, conformando una especie de “museo de sitio”.

 

El museo Quimbaya
El Museo Quimbaya, que cumple 30 años en junio de 2016, no solo es el reservorio de las piezas de oro de la región arqueológica del Cauca Medio, ya que también contiene información textual sobre el “Tesoro de los Quimbayas”, el relato fabuloso de mediados del siglo XIX. En referencia al período Temprano (600 AC-500 DC), se exhiben tres piezas de oro —un cuello de poporo, un casco y una diadema— de un hallazgo realizado en Puerto Nare (Antioquia) en 1988 y que se llamó el “Nuevo Tesoro Quimbaya”.

Que Armenia tenga estas piezas en las vitrinas de tal Centro Cultural del Banco de la República es una referencia histórica sobre la estética y simbolismo de los orfebres que las realizaron, pues éstas y las del “Tesoro de los Quimbayas” corresponden a  esa época pretérita.

 

La exhibición del centro
También, en el plano de la exhibición arqueológica, una pequeña sala de la esquina de la carrera 16 con calle 20 presenta una buena muestra cerámica en custodia de la universidad del Quindío. Dos de las piezas fueron excavadas por arqueólogos el 25 de enero de 2000 en la base de una casa del barrio Berlín, y corresponden a urnas funerarias que todavía tienen cenizas de restos humanos en su interior.  Complementa el panorama arqueológico de Armenia, una colección de objetos musicales prehispánicos que se encuentra en el Centro de Documentación e Investigación Musical del Quindío, a media cuadra del parque Uribe, donde no sólo se conserva la historia indígena, sino el más completo acervo museográfico y documental de la música del siglo XX, en la llamada hoya del Quindío.

El aspecto histórico más relevante a partir de lo arquitectónico es el edificio de la antigua Estación del Ferrocarril.

 

El patrimonio arquitectónico
Armenia es tradición histórica en sus escasas viviendas de bahareque, en sus casas del estilo art deco, en sus casaquintas y en las construcciones civiles, religiosas culturales y empresariales. Dentro de este aspecto clasificatorio, el hotel Maitamá es el que más destaca en su interior el espíritu histórico de una elegante arquitectura, reflejado en su clásica sala de conferencias, corredores y habitaciones.  En general, nos recuerda la memoria de su constructor, don Guillermo Lehder, inmigrante alemán en el Quindío, quien como muchos extranjeros que aquí llegaron, también escribieron la historia de esta región.

 

Los escribidores
Al salir del hotel, sobre las aceras de la carrera 17, se nos presenta la supervivencia del patrimonio cultural inmaterial ligado a los oficios: los escribidores de máquina antigua. Se cuenta sobre ellos —ya los últimos— que han pactado no ser reemplazados en su labor, lo que representará que esa tradición desaparezca algún día del escenario urbano.  Hace remembranza esto con un escrito de obligada consulta, el libro Pieza del Reblujo, croniquillas antañonas (Alcaldía de Armenia, 2006), del académico John Jaramillo Ramírez.  En sus agradables páginas describe la realidad humana de otras “profesiones” y actividades populares, algunas todavía vigentes en la ciudad del siglo XXI: “Deshagamos los pasos y volvamos a aquella Armenia de apenas cincuenta mil habitantes, para tropezarnos con algunos de aquellos y que ya el tiempo se llevó.” Se refiere al emboñigador, el carbonero, las lavanderas, los empaques, el alquiler de cuentos, la agencia de bicicletas, la permanente, el talego, la escupidera, la procesión al cementerio, la encerada, la visita del santo, la tambora, el paje, las ventas por club, el garitero, la repichinga, el fotógrafo de andén, los loros de la suerte, la libreta de autógrafos, el dulcero de cine, entre otros oficios y costumbres de antaño.

 

Los monumentos
Detrás de los monumentos artísticos está la semblanza de sus autores.  Eso ocurre con el maestro Roberto Henao Buriticá y sus esculturas, el Tronco y el Hacha del Parque los Fundadores y el busto de Bolívar en el corazón de la ciudad, que no sólo reflejan el sentido humano del artista, sino que está ligado a dos fechas históricas: la fundación de Armenia y el primer centenario de la muerte de Bolívar.

El Maqui es un museo desconocido por la mayoría de habitantes. No sólo se encuentra dentro de un preciado bien de interés cultural de la nación, la Estación del Tren, sino que corresponde a la altura de los mejores museos de arte del país. Allí, las obras de diferentes artistas nacionales se combinan con las de dos exponentes de la tierra: el circasiano Antonio Valencia Mejía y el quimbayuno Duván López. Sin duda alguna, ambos son universales y sus expresiones artísticas son un capítulo más de la historia del arte colombiano.

 

El teatro
Existen otros espacios culturales como Teatro Azul, -único edificio en la ciudad que tiene plasmada una obra de arte en la totalidad de sus fachadas-  que hace un homenaje a nuestras raíces étnicas y que presenta además esculturas que evocan acontecimientos históricos tan importantes como la revolución de los comuneros.

Recorrer la ciudad es evocarla, como lo anota el semiólogo Armando Silva. En algunos sitios de Armenia queda la marca del terremoto de 1999. Además de las ruinas, también se aprecia el progreso y se conservan detalles que recuerdan la tragedia: la figura de cemento con forma de águila de la parte frontal de la demolida plaza de mercado; parte de una de las cúpulas del templo de Nuestra Señora del Carmen. Igualmente, las obras artísticas que conjuran el dolor de la tragedia: el mural “Renacer”, del maestro Gustavo Muñoz Matiz, en la fachada de la Cámara de Comercio; el monumento recordatorio de las víctimas en el cementerio Jardines de Armenia.

 

Epopeya del Quindío
Separadores viales, interiores y muros externos de diferentes vías también presentan el testimonio de una historia artística, algunas veces valorada y otras ignoradas, lo que se refleja en la destrucción de sus monumentos. Llaman la atención el mural “La Epopeya del Quindío”, del maestro Valencia Mejía, el busto del fundador del Colegio Rufino José Cuervo, don José María Ramírez, en la calle 21 hacia el occidente, el mural sobre el cultivo del café del maestro Henry Villada, detrás del Coliseo del Colegio de las Bethelemitas, y la escultura “La casa quindiana”, de Duván López. Cada una de estas obras refleja, respectivamente, las historias del Quindío, del plantel educativo más simbólico de Armenia, la caficultura y la arquitectura tradicional, porque de acuerdo con el maestro López, su obra es el mensaje tipológico de una casa de bahareque.

 

El ferrocarril
El aspecto histórico más relevante a partir de lo arquitectónico y el mobiliario ferroviario conformado por dos locomotoras antiguas, se concentra en la Estación del Tren. Es uno de los dos bienes de interés arquitectónico nacional, (el otro es el Museo del Oro Quimbaya). Uno quisiera entender que la historia reflejada en bienes y manifestaciones del patrimonio cultural de Armenia le interesa sólo a las generaciones que pasan del medio siglo de existencia. Pero por fortuna, la interpretación, apropiación social y lectura histórica también son hechas por los jóvenes. Lo que ha quedado de la estación de Armenia, en sus salas y corredores, en sus capiteles y en su ornamentación, también impacta a los muchachos y muchachas de hoy. La siguiente es la descripción que hace una de mis estudiantes sobre este bien arquitectónico:
“…..Me permito resaltar que es un lugar muy representativo y significativo para mí, en el preciso momento en que ingresas a este lugar y observas el decorado de sus pisos, ya te cuenta miles y miles de historias, sientes que allí en ese lugar que se debate entre el olvido, aún viven recuerdos y momentos como grandes bienvenidas de familiares que se encontraban lejanos, pasajeros quizás con afán de llegar a determinado destino, abrazos, felicidad, pero también algunas lágrimas de muchas despedidas.” (Daniela Yepes Agudelo)

 

 

Por Roberto Restrepo Ramírez
Academia de Historia del Quindío


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