Domingo, 18 Nov,2018

La Salida / MAY 01 2018 / Hace 6 Meses

Astrid Franco Uribe, a través del vidrio, descubre un nuevo mundo

La artista antioqueña llegó al departamento enamorada del paisaje y se quedó para trabajar por la vereda Barcelona Baja, en agradecimiento por lo que ha recibido. 

Astrid Franco Uribe, a través del vidrio, descubre un nuevo mundo

Astrid Franco Uribe, artista del vidrio. / John Jolmes Cardona, LA CRÓNICA

Astrid Franco Uribe es una educadora pensionada que nació en Medellín y hace cuatro años llegó al Quindío, enamorada de su tranquilidad, paisajes y gente. Junto a su esposo, el artista Carlos Vieira, construyó Casarte, un mundo de colores donde renace la cultura y enseña a la comunidad de la vereda Barcelona Baja del municipio de Circasia, recetas de cocina, pintura y vitrofusión, entre otras artes.  

¿Por qué eligieron el Quindío para quedarse?

Nosotros nos saturamos de Medellín, de la ciudad, los carros y la aglomeración, y cuando uno ya se jubila quiere una vida más tranquila. Aunque ahora no es tan tranquila porque tenemos mucho por hacer. Lo elegimos porque habíamos venido varias veces y me parecía que tenía todos los verdes del mundo, se parecía a medellín hace 40 años, que era una ciudad tranquila, pacífica, que uno podía andar en carro y caminar sin estrés. 

Aunque el Quindío también se está saturando un poquito, pero es muy bello y la gente es muy querida. Tiene mucho parecido con Antioquia.

Se dedica actualmente a una actividad con el vidrio, ¿de qué se trata?

Estuve aprendiendo vitral y lo hice poco antes de jubilarme porque me dije que debía amar otra cosa, como amo la educación. El vidrio me parece que da la transparencia, la lucidez, es manejable, es todo. Con este se puede crear y da todas las posibilidades.

Después empecé a descubrir la vitrofusión, que es menos contaminante que el vitral y consiste en pintar el vidrio o coger de colores importados y ponerlo en el fuego a alta temperatura, donde toma forma y se fusionan unos colores con otros, dando muchas posibilidades. Cuando se pone al fuego es todo un mundo por descubrir, ya que una vez entra al horno el material toma otra forma diferente con la que entró.

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¿Por qué eligió el vidrio?

Empecé a leer un poco y me enteré que no es contaminante, es amable con la naturaleza, se puede reciclar y puedo trabajar con el vidrio que me encuentro. Todo se vuelve a fundir y hace nuevas piezas. Se pueden hacer vasijas, escultura, lámparas, cuadros, cajas con mosaicos, para este último se puede jugar con las formas. 

Actualmente con su esposo, el artista Carlos Vieira, tiene un proyecto denominado Casarte, ¿de qué se trata?

Casarte es la vida mía, lo que me ha dado nuevas formas de vivir, tranquilidad, encontrar que las cosas se pueden transformar, así como hemos cambiado esto. 

Tengo dos grupos, uno que es con las mujeres de la vereda, con ellas, que son 12, hacemos trabajo de cocina, enseñando a preparar alimentos con productos de la región, pero diferentes a los tradicionales, como cidra gourmet, que es como una lasagna y ceviche de carve. Nos reunimos los últimos jueves de cada mes.

Mientras preparamos la receta, llega el otro trabajo de arte, ahí tanto Carlos como yo, los dirigimos en pintura y en lo que yo sé hacer. Ellas están muy animadas y ahora están viendo que esto les sirve como una alternativa económica y quieren ir a vender y ese es el objetivo. 

Otro trabajo es con jóvenes, con los que ya hemos hecho un taller de teatro. Estamos trabajando en la escuela y hacemos una obra colectiva.

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¿Qué se necesita para participar de estas actividades?

Ser de la vereda. Esto es gratis, solo necesitan el dinero para los materiales y cada mes deben poner $5.000 pesos, si llegan a necesitar plata ahí se les presta.

Tienen pensado un proyecto más grande con el sector, ¿de qué se trata? 

Queremos ayudar a transformar este mundo en el que vivimos, así que el objetivo es convertir la caseta en un centro cultural. Que se pueda, a través del departamento, reconstruir la casa comunal, que sea un sitio de recreación y de cultura familiar. 

Que haya también una biblioteca y computadores. Que el campo no sea una limitación para el aprendizaje, que las personas de esta zona tengan las mismas posibilidades que los residentes de la zona urbana. Las huellas que hay en la carretera, las hicimos nosotros mismos con la comunidad.

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¿Quienes estén interesados en este proyecto cómo los pueden ubicar?

Aquí está Casarte a la orden, —vereda Barcelona Baja, en Circasia— ahora estoy dictando unos cursos de vitrofusión, pero hay un requerimiento y es el horno, es importante que cada uno lo adquiera porque dura 12 horas cada producto en la quema.


Lily Dayana Restrepo 
LA CRÓNICA


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