La General / Marzo 08 de 2014 / Comentarios

Benhur Sánchez: la imaginación de la novela histórica

Benhur Sánchez:  la imaginación de la novela histórica

“Las editoriales tradicionales se han convertido en emporios económicos cuyo afán no es la literatura”.

El novelista y artista plástico Benhur Sánchez Suárez es un referente del arte en la región del Tolima. Su trabajo ha merecido varios laureles, entre ellos el prestigioso y desaparecido Premio Esso de Novela por su obra La noche de tu piel. Este año la editorial Pijao reeditó varios libros suyos.

Dice usted que la novela El cadáver la escribió con la creencia de que la literatura tenía el poder de transformar el mundo. A renglón seguido menciona que estaba equivocado. ¿Qué lo llevó a mudar de convicción?
El cadáver es una novela juvenil. La escribí cuando tenía diecinueve años —se publicó cuando me acercaba a los treinta— y entre otras curiosidades fue seleccionada en el premio Biblioteca Breve, en España, en 1970, año en que se declaró desierto por la ruptura de los dueños: Seix y Barral. Es una novela experimental en la cual mi afanes los vertí en el lenguaje y, por mi juventud, estaba convencido que con ella iba a transformar la manera de contar historias y por tanto, la literatura.

Cuando se publicó en Planeta, España, en 1975, aún soñaba con eso. Mi desencanto surgió cuando no tuvo la más mínima divulgación, los comentarios en Colombia fueron mezquinos y la anhelada influencia transformadora se tergiversó en la mirada desapacible de los comentaristas. Además, también aprendí que la literatura no se hace para transformar la sociedad o, por lo menos, no es su objetivo, sino por un reto estético, independiente del tema que trate.

También aprendí que en Colombia priman los rencores y las envidias, el ninguneo y la arrogancia y se prefiere sindicar una obra que estudiarla. Esos golpes tempranos maduraron mi trabajo y mi posición. Por eso ahora digo que estaba equivocado aunque mi preocupación artística sigue siendo la misma.
 
En las novelas Así es la vida amor mío, El frente inmóvil y Buen viaje, general, usted asume el reto de llevar acontecimientos históricos al campo literario. ¿Cómo enfrentó ese reto, cuáles son las ideas que la escritura de esos libros le dejó?
 Cada escritor tiene sus propios procesos interiores y sus intereses en la vida. En mi caso, no es que haya buscado el tema histórico para escribir novelas, sino que ellos vinieron a mí por diferentes caminos y circunstancias. Así es la vida amor mío y El frente inmóvil son recuerdos de infancia cuya riqueza en acciones y conductas llamó poderosamente mi atención.

Al recordarlos decidí escribir sobre esos personajes, Reynaldo Matiz y Cándido Leguízamo, respectivamente. Pero para no hacer novelones imaginativos y desvirtuar la vida y la obra de cada uno, tuve que investigar, leer antecedentes históricos y literarios, recuperar la vida de esos pueblos en circunstancias específicas y trasladarme a vivir, literalmente, a esa época. Solo cuando ya estuve completamente poseído por el tema procedí a novelar esas vidas.

Son recuerdos de infancia porque mi padre los había traído a mi presente con sus chistes e historias, que desde niño le escuchaba embelesado, y sembraron en mí la necesidad de buscar información para poder contar, con su misma naturalidad, esos acontecimientos.

La trilogía se completa con Tulio Varón, el personaje central de mi novela Buen viaje, general, cuya vida me encontré en la leyenda que me contó Camilo Pérez Salamanca, la cual me impresionó y me obsesionó hasta el punto de desear escribirla.

Con ellas aprendí que la historia regional, que es parte de la nacional, aún escindida e ignorada, es muy desconocida y merece la pena ser llevada a la literatura. Es delicioso porque los vacíos históricos los completa uno con imaginación y, además, hace creer al lector que todo es verdad.
 
Además de las letras usted ha cultivado las artes plásticas. ¿Cómo se han nutrido ambas manifestaciones estéticas? 
 El arte es la expresión del sentimiento humano, del estado en que se encuentran las ideas en cada época, por tanto, es el testimonio del acontecer del hombre en esos momentos. Siempre he pensado que esas ideas y esos sentimientos se expresan de diferentes maneras, ya hablando o escribiendo, ya pintando o componiendo, y siempre será válida cualquier manifestación para hacerlos visibles y reconocibles. Entonces, para mi es igual pintar o escribir, aunque tengo claridad de cuáles deseos e impresiones son para escribirlos o cuáles para pintarlos.

De hecho, cuando niño pintaba y escribía si quería, casi siempre guiado por el deseo, sin ninguna restricción. Ya adulto, resulta que la sociedad me restregó la necesidad de la especialización y me enfrentó al dilema de ser solo pintor o escritor. El reto de saber cada vez más sobre menos. Incluso dejé de pintar un tiempo creyendo hacer lo correcto.

Hoy sé que así no es la cosa. Hoy pinto o escribo cuando se me da la gana. No pretendo escribir cuadros ni pintar novelas, solo expreso lo que siento y pienso, y soy feliz como cuando era niño.
 
La historia del país está presente de una manera decisiva en sus ficciones. ¿Cree que la literatura colombiana ha estado a la altura de los desafíos nacionales?
 Sí, es cierto. La historia del país está en mis libros, algunas veces de manera deliberada, como ya lo expliqué antes, otras de manera inconsciente. Pero esto sucede porque el escritor responde al medio en el cual nace y se forma. El territorio de la infancia es el más fecundo depósito de temas que existe en la literatura. La infancia está referida al contexto en que cada cual se desarrolla.

Lo anterior no descarta, por supuesto, que se escriba sobre otras realidades, incluso sobre otros escenarios, así no se hayan visitado.

Pero como la literatura no es tan espontánea sino que ella, para ser arte, requiere del conocimiento y el talento para manejar las herramientas de que dispone para hacerse concreta, entonces la ambición del escritor debe estar en el manejo solvente de estas herramientas, para el caso de la literatura, el lenguaje. Es decir, no importa el tema sino el lenguaje para que lo escrito sea literatura, para que sea arte. No interesa mucho si el tema es remoto, antiguo, o inmediato. Igual debe haber un conocimiento profundo de este y un lenguaje justo y artístico que lo haga visible.

Lo que sucede hoy en día es que los temas inmediatos están mediados por factores exógenos como el consumismo, lo industrial y lo económico, en donde se prioriza para ser vendido y esto puede resentir la artisticidad de la escritura y depreciar la literatura.
 
Varios de sus libros han sido publicados por grandes editoriales. ¿Qué opinión tiene de la idea de que los autores regionales compiten en desventaja frente a los capitalinos?
 Claro que estamos en desventaja. Las editoriales tradicionales se han convertido en emporios económicos cuyo afán no es la literatura sino las ventas y un ingreso que mantenga solvente el imperio industrial. Entonces a ellas les interesa más los temas y los escritores que desarrollen libros de venta rápida, cuyo retorno de lo invertido sea lo más pronto posible.

Esto quiere decir que quienes escribimos con la mira en el arte y la literatura, con la artisticidad en el manejo del lenguaje y el mejor conocimiento en la arquitectura del edificio ficcional, primero no somos de escritura rápida y segundo somos de venta lenta, no aptos para los emporios industriales de la capital.

La respuesta más notable para la supervivencia del arte de escribir ha sido la aparición de las editoriales independientes, la mayoría de provincia, como Pijao Editores, que si bien compiten en desventaja, son el camino del escritor comprometido con la literatura para dar a conocer su obra y mantener vivo este oficio vapuleado por el espectáculo y la sociedad superficial. Ellas harán historia, estoy seguro de ello.

Las editoriales independientes también conforman sus nichos de lectores con éxito. Y son fundamentales para los escritores de provincia, porque casi siempre somos menospreciados aunque utilizados por los centralismos que crean tantas falsas figuras desde los oscuros pasillos de la burocracia central.

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