Sabado, 17 Nov,2018

Región / JUN 12 2016 / Hace 2 Años

Buenavista y sus historias de la fundación

El municipio cordillerano de Buenavista es el más pequeño en extensión del Quindío; su paisaje es el verdadero patrimonio de esta población, que cuenta con muchos apelativos o perífrasis, todos ellos evocando la belleza natural.

Buenavista y sus historias de la fundación

Buenavista fue fundadada por una familia en el sitio conocido como Tolrá.

Es conocido como el ‘Mirador del Quindío’, ‘Ventana del Quindío’ y ‘Paisaje de amor y paz’. El poeta Mariano Salazar la llamó ‘A una cuadra del cielo’. En su escudo se resalta la frase ‘Buenavista, tierra del paisaje’ y en el coro del himno aparece esta hermosa alegoría: “Buenavista, en tu hermoso paraje se remansa por siempre la paz. Buenavista, tu verde paisaje al Quindío orgullosa le das”.

 

Fundado por una familia
Solo dos municipios de este departamento presentan procesos de fundación diferentes a los de una Junta Pobladora, como aparece en la mayoría, o a los de un grupo de colonos que se reunieron para instalar los caseríos. Se trata de La Tebaida y Buenavista. Ambos fueron creados desde iniciativas familiares; en el primero se trató de Don Luis Arango Cardona y sus hermanos, y en Buenavista estuvo a cargo de un personaje, cabeza de una familia que sentó tradición en el pueblo recién fundado, adonde meses más tarde también llegaron  no sólo sus hermanos, sino colonos oriundos de su tierra.

Si hoy se decidiera cambiarle el nombre al municipio, con justa razón se llamaría Jiménez, por el apellido de su fundador. Corría el año de 1925, cuando José Jesús Jiménez Yepes decidió migrar de su pueblo natal, Granada (Antioquia). Recorrió con sus recuas de mulas y a pie el camino que lo trajo al Quindío y trabajó en varias labores del campo en fincas de Filandia y Calarcá. Hasta que finalmente se estableció en La Albania, donde instaló una tienda y una compra de café; en este lugar conoció a Fidelina Alzate, con quien se casó.

Siguió con su tradición de arriero, sobre todo en búsqueda de lotes de café que compraba en diferentes predios campesinos, y así fue como conoció un sitio alto en la vereda Los Juanes, que en ese entonces pertenecía a Pijao, y que era además un cruce de caminos, con estratégica visualización de paisajes. Decidió quedarse allí, trasladándose además con su familia, cuando terminó la construcción de su casa, que a la postre, fue el primer establecimiento comercial al estilo fonda que funcionó allí, exactamente en lo que hoy es Buenavista.

 

Desde 1934
Estos fragmentos de su fundación, extraídos de un artículo escrito por uno de sus hijos, Francisco Jiménez Alzate, en la publicación de La Crónica del Quindío titulada ‘Historia de nuestra región’ (Armenia, 2000), nos indica entonces cómo a partir de un local, que dinamizaba la economía del cruce de caminos, se fue convocando el interés de otros vecinos y además, de paisanos del fundador, que edificaron sus casas, surgiendo el pequeño poblado mediante la modalidad de convites.

 

Lo que permitió que un año después se pensara en el establecimiento de dos escuelas e igualmente, en el trazo y construcción de la primera calle peatonal, que fue inaugurada el 4 de marzo de 1934, fecha que posteriormente fue establecida como la oficial de su fundación.

 

El Tolrá
Ocho meses después se trazó y abrió la plaza principal, y para entonces ya tenía Buenavista también una capilla y el establecimiento comercial de don José Jesús era más grande, porque también lo constituía una farmacia y era expendedor de ganado mayor. Fue tanto el progreso de la pequeña aldea, que se desplegaba sobre todo el filo de la montaña, que en 1936 Pijao le autorizó la categoría de Inspección de Policía. En 1941, fue elevado a corregimiento y en 1956 el gobernador de Caldas, coronel Sierra Ochoa, lo reconoció con una categoría especial, que le permitiría al llamado todavía El Tolrá, participar del 75% del recurso económico asignado a Pijao.

Este hecho motivó al alcalde a trasladar los libros de la tesorería del poblado hasta la cabecera municipal. Con la creación del Quindío, otro hijo del fundador, Pedro Nel Jiménez Alzate, quien era diputado de la primera duma departamental, solicitó la independencia del corregimiento, lo que se logró finalmente con el reconocimiento de la ordenanza 029, definiéndose así el inicio de su vida municipal el 11 de marzo de 1967. Igualmente solicitó el cambio del nombre del El Tolrá por el de Buenavista.

 

Los nombres
Los Jiménez han sido su alma y nervio. El primer alcalde por elección popular fue un nieto del fundador, Néstor Jaime Cárdenas Jiménez. El nombre inicial del municipio tiene varias versiones. El historiador Alfonso Valencia Zapata aseguraba que provenía del asignado a una mina, propiedad del señor Víctor Parra y denunciada ante la gobernación de Caldas en 1909. Sin embargo, Tolrá también se llamaba una finca de propiedad de Don Juan de Jesús Alzate. No hay duda que don Jesús y sus hermanos decidieron adoptar ese nombre. Así lo refiere una de las estrofas del himno municipal: “El Tolrá cierta vez te llamaste, en memoria de quien te gestó, más tu gente admirando el paisaje, Buenavista por nombre le dio”.

Pero la versión más interesante está relacionada con la historia. “Se trata del apellido de un oficial del ejército español que batalló sangrientamente en una colina de este municipio. La batalla debió de haber ocurrido en 1816, según el siguiente texto de la Historia Extensa de Colombia, tomo VI, en su página 83. “…No se detuvo Sámano en Popayán, sino que siguió avanzando por Cali, Cartago y el Chorro, hacia la montaña del Quindío, librando distintos encuentros con los patriotas (“Origen de los nombre de los municipios del Quindío”: Miguel Ángel Rojas Arias, Informes Especiales de La Crónica).

Esta curiosa denominación toponímica para un pueblo colombiano es bien singular. Corresponde a la evocación de un militar español, Carlos Tolrá, de quien se dice pudo fusilar a muchos patriotas en los pueblos de la Nueva Granada. Igualmente llama la atención que hoy, en medio del fragor del turismo del Quindío, se pretenda bautizar con el nombre de Tolrá al proyecto de un parque temático que se avizora para Buenavista, y que revivirá el sitio emblemático llamado el Cerro de las Tres Cruces, destacando algunos pasos montañosos que correspondieron a caminos indígenas o a trochas de arrieros, y desde los cuales se sigue admirando el paisaje más esplendoroso.

 

Alto de las tres cruces
Hoy la vida de Buenavista no se puede desligar de su principal actividad económica, el café. Aunque pretendió, con un proyecto trunco llamado el teleférico, constituirse en baluarte de turismo de paisaje. Se recuerda con añoranza por sus habitantes el desmantelamiento de su simbólico Alto de las Tres Cruces, adonde se realizaban peregrinaciones constantes - aunque todavía lo hacen- el tercer día de cada mes.

 

Soledad urbana
De Buenavista se cuentan historias interesantes. Es famosa su tranquilidad, su ritmo apacible, su vocación campesina y el hecho de que sus pobladores permanezcan mucho tiempo en sus fincas cafeteras entre semana, conservando una relativa soledad urbana que es llamativa en el camino que se recorre por la única calle principal que tiene. En la parte más alta de esta vía, se encuentra una pequeña tienda histórica llamada El Almirante y frente a ella, un gran mural pictórico que tiene como motivo principal en su centro la imagen del fundador. Es en este lugar donde se emprende el camino penoso hacia el Alto de las tres cruces, y que también lleva a lo que iba a ser la estación principal del teleférico, sitio donde se encuentran abandonadas la infraestructura y las cabinas de este medio de transporte turístico.

 

El cementerio
Tampoco se pueden olvidar las anécdotas y las historias ligadas a personajes o a eventos de la vida provinciana. Con mucha gracia la tradición oral relata que “para poder inaugurar el cementerio de Buenavista tuvieron que traer un muerto de Pijao, y para poder instalar la cárcel, tuvieron igualmente que traer el preso de ese municipio”, como lo refiere la investigación “Museo de Ciudad”, publicación del C.E.P.A. (Centro de Estudios del Patrimonio del Quindío). Hace muchos años se ostentó un título interesante en el país, no tener en sus estadísticas un sólo homicidio durante varios años consecutivos y además es reconocida la longevidad de sus pobladores.

 

Paisaje y café
Sus paisajes no son los únicos atractivos. El turismo ha invitado a sus habitantes al acondicionamiento de fincas tradicionales para la producción de cafés especiales. Uno de ellos, el más famoso, se llama Café San Alberto, visitado constantemente por turistas extranjeros. Buenavista cuenta también con la Estación Experimental Paraguaicito, que se encuentra en la vereda Río Verde, donde se realizan actividades de investigación en café, su producto principal, y en caucho, macadamia, lombrices y otros asuntos agropecuarios.

Su Semana Santa también es centro de atención, época en la que se revive con más fervor la peregrinación hasta el cerro de las Tres Cruces. También es destacado su alumbrado del 7 y 8 de diciembre, recordándose que en muchas ocasiones los faroles tenían forma de jeep y que era conocido como el alumbrado de los motoristas. Como ocurre con todos los municipios de la cordillera, los hallazgos de cerámica con pintura negativa y decoración profusa en eventos de guaquería han aumentado colecciones representativas, que para el caso del municipio se encuentra en la Casa de la Cultura.

Otros sitios de interés, igualmente paisajísticos y agropecuarios, se conocen como Las Cárcavas en la vereda La Granja, que son grandes trazos de montaña erosionada, así como viveros de plantas aromáticas en algunas veredas. También están el cañón de Los Juanes y el Alto de la Virgen.

 

 

Por Roberto Restrepo Ramírez
Academia de Historia del Quindío


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