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En profundidad / MAY 21 2017 / Hace 1 Año

Carlos Restrepo Piedrahíta, una vida y una obra

LA CRÓNICA le rinde homenaje al notable abogado de renombre nacional, que murió esta semana en Bogotá.

Carlos Restrepo Piedrahíta, una vida y una obra

Con un acto especial de recepción, el 15 de agosto de 2003 Carlos Restrepo Piedrahíta, se convirtió en miembro activo de la Academia de Historia del Quiindío, AHQ.


Palabras de Jaime Lopera Gutiérrez, presidente de la Academia de Historia del Quindío, en el acto de recepción del Dr. Restrepo P. como Miembro Honorario de la entidad. Club América, Armenia, agosto 15 de 2003.

La Academia de Historia del Quindío, cuya breve existencia empieza a tener un reconocido respaldo en el medio gracias a los aportes que sus miembros se han propuesto realizar en torno a la construcción de una historiografía local, se complace hoy en recibir en su seno al Dr. Carlos Restrepo Piedrahíta, ilustre hijo quindiano cuyas ejecutorias ya son conocidas por muchos de sus conterráneos.

Contra el parecer de algunas personas, que nos adjudican a los quindianos una presencia reciente en los anales de la historia colombiana, hoy podemos contemplar con su visita ciertos hechos sobresalientes de nuestro acontecer que nos permiten adelantar la idea de que nos estamos acercando palmo a palmo al umbral de una identidad propia. Si bien es cierto que los conquistadores españoles hollaron esta comarca desde su entrada por el río De La Vieja; si está confirmado de sobra que la institución de los encomenderos vivió por aquí unos años de esplendor; si fuimos el territorio apetecido de los quimbayas ricos y de los belicosos pijaos; si, en fin, por estas tierras se confesaron los genocidios de los indígenas por su desobediencia al dominio hispano, no es menos cierto que las guerras de Independencia y la formación de las instituciones colombianas se dieron simultánea y paralelamente con ese largo y apasionante proceso de la colonización. No estoy seguro que estos mojones puedan servir para insertarnos en la historia de Colombia con títulos tan firmes como los de otros territorios de la República, pero por ahí estamos los de la AHQ moldeando un rastro para otros caminantes.

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Hace unas dos décadas, cuando acuñamos el vocablo de la quindianidad, todavía esa palabra, tal como ahora, carecía de contenido. De la simple emotividad como nos nombrábamos en 1983, hoy estamos deseando la percepción de un significado más autóctono —incluso porque el romanticismo de llamarnos del Viejo Caldas, o del Gran Caldas, o del Eje Cafetero, sólo tiene sentido para unos pocos, y para otros un alcance parasitario. Por lo tanto, si bien estamos lejos de exhibir popularmente lo quindiano con la fuerza auténtica como se nombran las cosas queridas, por lo menos hacemos todavía el esfuerzo de interpretación y de comprensión —como ocurriera esta semana en el memorable Coloquio sobre la Historia Regional.

La identidad, que es la madre del nacionalismo, es ese momento en el cual se nos despierta el orgullo y la esperanza. Haciendo a un lado sus métodos o de su ideología, es la misma clase de búsqueda que alienta a los irlandeses, a los palestinos, a los lombardos, y a los vascos, entre otros, para delimitar el territorio de sus costumbres, de sus certidumbres, de sus cultos, de sus ambiciones y todo ese acervo cultural que los identifica frente a terceros. Como ese proceso apenas está en marcha, nosotros, los miembros de esta institución, tan solo pretendemos que el Quindío se ocupe de pensarse continuamente en torno a su historia, que no es otra cosa que las memorias de su futuro.

***

Su presencia aquí, esta noche, Dr. Restrepo Piedrahíta, es parte de una reconquista humana. Hay una lista grande de personas quindianas que tendrán luego el mismo privilegio.

Más que un merecido reconocimiento de su propia comunidad a sus valores y a su obra, es asimismo la señal de que este encuentro con sus congéneres lo revalida a usted como una pieza estelar en el patrimonio intelectual de los quindianos. Sucesivas generaciones nuestras verán con agrado que este rescate se haya producido para que los méritos sirvan de ejemplo y la fuerza del talento sea vista con admiración.

Su trayectoria biográfica nos dice que vivió sus primeros años entre nosotros; que luego trasegó por otros rumbos desde la universidad hasta la diplomacia; que representó al país en honrosas dignidades; que nutrió sus ideas de la cultura europea; y que se decidió por la educación cuando ya había consolidado su vocación por el derecho público. En toda esta trayectoria vital, enriquecida por su capacidad de estudio y la experiencia de los consagrados, una mal disimulada querencia por el país lo trajo a nosotros para diseminar los frutos de una larga y paciente tarea de aprendizaje.

La historia del constitucionalismo colombiano es pues inseparable de la vida y obra de Carlos Restrepo Piedrahíta. Dada la íntima relación entre la política y la Constitución, nos cupo en suerte que usted fuera elegido Senador de la República en los inicios de este Departamento (en virtud del bolígrafo del expresidente Lleras Restrepo) cuando se iniciaban las tempestades de ese frente nacional que tan controvertidos desarrollos ha tenido. Lleras contó con su ayuda para la reforma centralista de 1968 que le dio una modernizada fisonomía al Estado con las nuevas instituciones con las cuales el poder ejecutivo se fortificó por muchos años. A partir de entonces, su vida transcurrió en torno a esa experiencia y a los discípulos que concurrieron con el preceptor en el descubrimiento de nuevas formas de ordenamiento legal.

Tengo la impresión, Dr. Restrepo Piedrahíta, que desde entonces se lo puede definir como un diseñador de constituciones. Dado que existe una notoria separación entre el diseño constitucional y la legislación misma, el primer rol consiste por lo tanto en esbozar los proyectos teóricos que luego la práctica política se encargará de discutir y de aprobar. Por ejemplo, algunos dicen que las constituciones colombianas han sido una constelación de utopías que la confrontación con la realidad a veces acaba por renovar y cambiar funcionalmente. La tutela fue una sueño que trajo el doctor López Michelsen desde México bajo la denominación del recurso de amparo, y es una muestra de la adaptación que sufren las instituciones cuando se ponen en contacto con la gente. Esta misma inquietud hace parte del famoso debate entre Habermas y Dworkin para responder a la pregunta sobre el imperio del derecho sobre la política, o por el contrario, si la política es determinante para el derecho [1], asunto que solo podemos mencionar de pasada antes que usted nos provea de la respuesta apropiada a tan importante problema.

Ignoro hasta qué punto su papel como diseñador fue estimulado por el método cerrado de los constitucionalistas norteamericanos, encabezados por Madison; o por el contrario siguió las huellas de los franceses de 1791 y 1793 que escribieron la constitución “bajo la mirada y la participación de las galerías abiertas”. Por inexperto no me corresponde dilucidar este asunto, pero estos dos sistemas fueron, en definitiva, según dicen los que saben, la matriz desde la cual se examinaron en adelante todas las reformas constitucionales del siglo XIX que usted bien conoce. Desde este punto de vista, su visión como jurista es muy importante en los presentes momentos en que una reforma política y un referendo asedian los textos de la constitución del 91 en dirección a un nuevo rostro del Estado colombiano.

He disfrutado con gusto, Dr. Restrepo Piedrahíta, y espero que mis colegas de la Academia así lo hagan, su Cuaderno de Viajes [2] tras las huellas de Nietzsche y Maquiavelo, libro que recupera el pensamiento del filósofo alemán y da nuevos reflejos sobre ese italiano que procuró las primeras fuentes para el manejo político de los soberanos europeos.

Pero, igualmente, confieso mi asombro ante su perseverancia para hallar, en José Rafael Mosquera, el primer constitucionalista del siglo XIX en estas Nociones que usted rescató del olvido. Esta ultima contribución, de carácter nacional, la entendemos como un aporte a la historiografía colombiana y por lo tanto merece ser reseñada por una entidad como la que nosotros tenemos en el Quindío.

Finalmente séame permitido, por su intermedio, dejar constancia en este acto de nuestras felicitaciones por la celebración este año del 40 aniversario de la regencia del doctor Fernando Hinestrosa al frente del Externado de Colombia. Muchos de sus alumnos, aquí presentes, nos sentimos orgullosos de haberlo tenido como guía de una institución altamente representativa de la universidad colombiana y del pensamiento demócrata. El ser externadista es una huella indeleble que conjuga la competencia profesional con la satisfacción personal de quienes alguna vez pasamos por ese claustro.

Reciba pues nuestra acreditación como miembro honorario de la Academia de Historia del Quindío, para que otras generaciones sepan que esta tierra suya pudo desplegar con deleite el legado intelectual de uno de sus hijos en el horizonte de este país y de muchos otros pueblos.


Referencias

[1] “¿Impera el derecho sobre la política?”. Versión en castellano del debate entre J. Habermas y R. Dworkin en 1995. Revista La Política # 4, Paidos, Octubre 1998. Pagina 5 y ss.

[2]  CRP, Cuaderno de Viajes. Tras las huellas de Nietzsche y Maquiavelo. Universidad Externado de Colombia, Bogotá, segunda edición 1994.  José Rafael Mosquera, Nociones de Derecho Constitucional. Edición a cargo de CRP. Universidad Externado de Colombia, 2003.


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