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La Salida / OCT 15 2017 / Hace 1 Año

Chuchito, el ángel del civismo en Armenia

Reconocimiento de parte de la Sociedad de Mejoras Públicas en ceremonia que se cumplió en la sede de la entidad.

Chuchito, el ángel del civismo en Armenia


Hablar con María de Jesús Rojas Velásquez de Giraldo Piedrahíta es regocijarse, es descansar el alma, una de las mejores terapias, y es que sus palabras al ritmo de su tierna sonrisa tranquilizan cualquier espíritu. Palabras con las que por muchos años, tal vez durante toda su vida llevó aliento y esperanza a cientos de enfermos de cáncer y de diabetes a quienes acompañaba para espantarles la soledad en su penosa enfermedad.

Chuchito, como le dicen cariñosamente, recibió en la semana que termina la condecoración Mérito al Civismo de parte de la Sociedad de Mejoras Públicas de Armenia, cuya junta directiva en pleno votó por unanimidad por esta mujer considerada un ángel del civismo. LA CRÓNICA diálogo con la dama que a sus 83 años de edad sigue entregando ternura y compañía, sus más valiosos tesoros.

¿Dónde nació María de Jesús Rojas Velásquez?

Nací en Arserma, Caldas, en el año 1934, tengo 83 años, dos hijos maravillosos, dos nueras fuera de serie y seis nietos espectaculares.

¿Hasta cuándo estuvo en Anserma?

Estuve allí hasta el año 60, me casé en ese año con Mario Giraldo Piedrahíta -que se nos fue hace 14 años- y nos fuimos a vivir a Riosucio. Al Quindío llegamos en el año 1968.

¿Cómo llega al Quindío?

Nosotros tenemos una trayectoria de vida muy bonita. Él fue nombrado en el almacén de Cafeteros de Riosucio, el 31 de diciembre de ese año pasó como gerente en La Virginia donde nace nuestro primer hijo, de allí lo trasladan para Tuluá donde nace el segundo hijo y de Tuluá nos mandaron a Bogotá a trabajar con la tostadora de café, duramos 3 años largos hasta que fue nombrado gerente de Almacafé en Armenia, en1968.

¿Qué estudios realizó?

No soy profesional, pero sí bachiller, hice el estudio de enfermería antes de ser consagrada en las Damas Grises, tuvimos un estudio minucioso con varios instructores en la sede de la Cruz Roja de Armenia y a través de ella conocí muchas cosas lindas.

¿Cómo es su ingreso a las Damas Grises?

Las Damas Grises es una rama de la Cruz Roja, como también socorristas juveniles, infantiles, brigadistas. Eso fue en el año 1974.

¿Cuál fue su labor en esa entidad?

Mi labor ha sido desde siempre. En el colegio en Anserma pertenecí a muchas instituciones, a la Acción Católica que era del municipio y sin ser bachiller nos desplazábamos a diferentes partes de pueblo y organizábamos brigadas para darles alimentos o ropas a los niños a quienes también les hacíamos las navidades, los regalos eran cobijas. La vocación cívica viene desde muy joven. Nosotros nacimos en el campo y a los 9 años salimos al pueblo para entrar al colegio de las Bethlemitas, ahí recibimos la formación y lo que somos hoy día.

¿Cómo fue ese llamado de la Cruz Roja?

Fuimos llamadas 68 personas, señoras las cuales asistimos a los cursos de preparación en primeros auxilios, de enfermería. Nos llamaron porque ya era conocido nuestro civismo liderado por el padre Gabriel Arias Posada, Lucy Betancurt de Palacio, Jaime Palacio, Hernán Palacio Jaramillo, hubo un grupo de personas que conformaba el comité de la Cruz Roja que conocía toda la comunidad y ese comité escogió y me tocó ese privilegio de poder servirle a la gente.

¿Qué labores adelantaban ustedes?

Cuando entré al voluntariado no ejercíamos labores sino las hogareñas, había una cantidad de gente que nos recibió con el corazón, estuvimos en muchas reuniones compartiendo y esa fue una de las bases para formar el grupo de las Damas Grises, monseñor Libardo Ramírez Gómez, el clero, el alcalde, el gobernador contribuyeron a ello. Para la labor humanitaria, estuvimos en un aprendizaje en el hospital donde tuvimos entrenamiento permanente atendiendo enfermos, las enfermeras de turno nos daban la oportunidad y la instrucción. El hospital nos brindó mucho, tanto que cuando estábamos más experimentadas ya pertenecíamos al banco de sangre. De ahí más adelante Alemania donó el banco de sangre que funciona en la sede de la Cruz Roja del Quindío.

¿Las Damas Grises tenían una sede?

Por medio de la caja de compensación familiar nos fuimos haciendo a un local, a una farmacia que adecuamos en la calle 50. Bienestar familiar nos aportaba mensualmente para nosotros repartir mercados que lo hacíamos en la sede, les hacíamos un estudio en la consulta médica que era atendida de manera gratuita por cinco médicos. Con donaciones comprábamos los productos básicos, llenábamos el carro —que Dios me dio para tener esta oportunidad— de mercados, plátanos, aguacates, naranjas lo que hubiera y nos íbamos a los barrios pobres a repartirlos. 

Como la sede de Quindicáncer quedaba cerca, allá nos aportaban listas para nosotras hacer visitas a los enfermos de cáncer, íbamos a compartir momentos con ellos porque por lo regular el enfermo se mantiene muy solo. Llegábamos en plan de seguimiento, lo mismo a los diabéticos. Llegó el momento en que debíamos ampliar los servicios y la Cruz Roja nos donó parte de lo que fue la construcción del edificio de dos plantas ubicado en la calle 49 entre 18 y 19, allí empezamos con el servicio de odontología y toma de rayos X y pequeñas cirugías. El edificio infortunadamente lo tumbó el terremoto. También hacíamos la toma de presión y con las donaciones contribuíamos para los mercados, para lo que también colaboraba el Supermercado Centrales de la 30, un señor Jaime no daba las lentejas o el arroz para conformar los mercados.

¿Hasta cuándo cumplió esa labor?

Hasta el año 98. Nos retiramos porque ya habíamos cumplido no la misión sino el ciclo. De ahí nos dedicamos a los hijos a atender los esposos que ya estaban jubilados. Pero durante el terremoto tuvimos una ayuda de la universidad Javeriana que nos mandaba mercados y desde mi casa los repartíamos desde las 5:30 de la mañana, lo hacíamos en los cambuches donde dejábamos las bolsas a la entrada para no despertar a la gente.

¿Por qué Chuchito?

Es una historia muy bonita. Desde muy niña así me llamaban. Yo me llamo María Jesús, mi mamá para que no me dijeran Jesusa, buscó el nombre de Masús, y cuando me casé mi esposo me decía Chucho, y así me quedé. En Armenia la gente me conoce por Chuchito, hasta los obispos con quienes tuvimos la labor del voluntariado.

¿Qué significa para usted el reconocimiento Mérito al Civismo?

No sé como expresarlo, ha sido para mí toda una sorpresa que llenó mi corazón y me brindó algo que yo nunca pensé, porque todavía lo que yo hago me parece algo delicioso, que disfruto, nunca me ha dado trabajo las cosas y siempre trato de colaborar con la gente que lo necesita, monetariamente muy poco pero en cuanto a compañía ahí estoy. A Dios fue el primero que le di mi gratitud por ese beneficio tan grande, algo privilegiado, no he podido acabar de pasar la alegría que siento.
 

Germán Rojas Arias
LA CRÓNICA


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