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Ciencia y Tecnología / ABR 15 2018 / Hace 3 Meses

¿Controlar el espacio implica dominar el mundo?

¿Controlar el espacio implica dominar el mundo?

Cada década se abren más puertas para el avance de la conquista espacial. Que puede ser para el avance científico y tecnológico e infortunadamente para la guerra.

Los avaros poderosos, no contentos con dominar el planeta, miraron al cielo y buscaron accederlo, ya no como aquel sueño de Leonardo da Vinci y Julio Verne, sino realmente. Entonces se agilizó  la comunicación, pero la guerra adquirió otro matiz, volviéndose más cruel. Como la Tierra nos quedó pequeña, había que salir de la atmósfera y llegar a la Luna inicialmente, luego a otros planetas y en estos tiempos se aspira ir a vivir en algún lugar del espacio. 

Conquistarlo se convirtió en una competencia que ha logrado, además de impulsar la tecnología, llenar el cielo de chatarra tecnológica, ubicar la carrera armamentista no solo en la Tierra, sino también allá donde vemos brillar las estrellas, así como soñar con ubicar al homo sapiens en el espacio. Como controlar el espacio implica dominar el mundo, es pertinente que nos enteremos en qué puede beneficiarnos o afectarnos.

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La era espacial ha sido objeto de debate en la ONU y para generar conciencia sobre ese tema, declaró el 12 de abril como el “Día Internacional de los Vuelos Espaciales Tripulados”. “La Asamblea General está profundamente convencida de la conveniencia de fomentar y ampliar la exploración y el uso del espacio ultraterrestre con fines pacíficos, perseverar en los esfuerzos para que todos los estados puedan gozar de los beneficios derivados de esas actividades y mantener el espacio como patrimonio de toda la humanidad”. Así lo expresa la organización en su página web.

Chinos, los primeros en usar cohetes

La llegada al espacio se inició con el advenimiento de la cohetería, que para muchos empezó cuando en el siglo pasado las dos potencias del momento: EE.UU. y la extinta Unión Soviética –URSS-, aspiraron a llegar primero a la Luna. Pero la cohetería no se inició con el alemán Wernher von Braun, como comúnmente se cree, esta tuvo su génesis siglos atrás.  

Los chinos, con su cultura milenaria y su conocimiento científico y tecnológico, los usaron como armas de guerra en el siglo XI. También los usó el ruso Konstantín Tsiolkovskiteorizó en la década de 1880, quien diseñó cohetes multi-fase propulsados por combustible líquido que podrían llegar al espacio, y en 1926, el estadounidense Robert Goddard, trabajó en un cohete de combustible líquido, superando la burla de la comunidad científica e incluso de periódicos tan importantes como The New York Time. Braun adoptó muchas ideas de Goddard y las mejoró. 

Luego, en la Segunda Guerra Mundial, la cohetería tuvo protagonismo, pero fue en octubre de 1942 cuando la URSS lanzó el Sputnik 1, primer satélite artificial en llegar a la órbita de la atmósfera, provocando el temor de EE.UU. e iniciando la carrera espacial.

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Esta lucha por colonizar el espacio tuvo su máxima expresión el 20 de julio de 1969 cuando la misión Apolo 11 llevó a los primeros hombres a la Luna: Neil Armstrong y Edwin Aldrin, que dejaron una placa que decía: “Aquí, unos hombres procedentes del planeta Tierra pisaron por primera vez la Luna en julio de 1969. Vinimos en son de paz en nombre de toda la humanidad”. 

La concordia no ha sido posible en la Tierra

Esa concordia, tan ansiada en la Tierra no parece que se pueda dar en el espacio. Para las potencias es claro que controlar el espacio es controlar el mundo. Lyndon B. Johnson, vicepresidente del asesinado presidente Jhon F. Kennedy expresó la posición de EE.UU. con esta frase: “A los ojos del mundo, el primero en el espacio significa el primero, punto; el segundo en el espacio significa el segundo en todo”. 

Esa competencia por el bien común entre las potencias, está por encima de las aspiraciones de la ONU. A mediados de 1982, la organización celebró en Viena una conferencia internacional bajo el título: Unispace-82, centrada en la exploración y utilización del espacio ultraterrestre con fines pacíficos. Javier Pérez de Cuéllar, entonces secretario general, advirtió ante más de mil participantes de todo el mundo del riesgo que supone para la humanidad, militarizar el espacio y convertirlo en un campo de batalla.

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Era consciente de que trasladar la carrera armamentista al espacio, plantearía una nueva manera de la destrucción humana, quitando recursos que se necesitaban con urgencia en los programas de desarrollo económico y social. No obstante, el científico indio Yash Pal, aseveró durante el evento que el 75% de las actividades espaciales tenía ya como eje el ámbito militar.

Asimismo, expresó que existían suficientes armas para la defensa de satélites y reconoció con malestar, que el espacio se había convertido en un eventual escenario bélico, ya que los satélites utilizados con fines pacíficos, estaban cada vez más amenazados a causa de la militarización espacial. A la iniciativa de la ONU, se sumó la URSS. Su representante reconoció que existían fuerzas interesadas en estacionar armas en el espacio y emplear las órbitas próximas a la Tierra para actuar con propósitos militares.
 

Ronald Reagan fue un impulsor de la guerra espacial

Por otra parte, en 1983 el presidente Ronald Reagan puso en marcha la iniciativa de defensa estratégica con la que le daba importancia a la salvaguarda del espacio, pasando por encima del encuentro de las naves Apollo y Soyuz en julio de 1975, con la que se pretendía darle punto final a la carrera espacial. La tripulación de EE.UU. y la todavía URSS, conformada por Donald ‘Deke’ Slayton, Thomas Stafford, Vance Brand, Alexey Loenov y Velri Kubasov, quedaron defraudadas.

Ronald T. Pretty, editor del anuario Jane’s Weapons Systems, aseveró en 1982: “La guerra en el espacio es algo que ya se puede practicar”. La publicación detallaba los nuevos armamentos de la guerra espacial, entre los que figuraban los haces de partículas y el láser. Los gastos norteamericanos en programas tecnológicos de misiles balísticos se duplicaban por año. Fue la famosa Iniciativa de Defensa Estratégica –SDI– o “Guerra de las Galaxias”.

Pretendiendo ejercer control sobre el espacio, la Guerra de las Galaxias ha realizado una serie de experimentos con éxito, como el del 21 de junio de 1985 cuando desde la cima de un volcán de la isla de Maui, en Hawai, se lanzó un rayo láser de baja potencia hacia el transbordador Discovery. Los astronautas vieron las ráfagas de luz verde azulada cuando se hallaban a 338 km de altura.

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En julio de 1989, EE.UU. hizo otro experimento con una nueva arma galáctica. El lanzamiento se realizó desde White Sands –Nuevo México– con un costo de 60 millones de dólares. Se trataba de un haz invisible de partículas neutras capaz de desintegrar un misil enemigo y de detener el lanzamiento masivo de cohetes enemigos. Consistía en un haz de átomos de hidrógeno que al ser acelerados penetran en el objetivo y una vez dentro, liberaba su energía desintegrándolo.

 

La Guerra Fría calentó la conquista espacial

Aunque la “Guerra Fría” terminó alrededor de 1991, el Pentágono siguió justificando el uso de las armas y promocionando la Iniciativa de Defensa Estratégica.  Como la posverdad viene usándose desde el siglo XX, a principios de 1992 elaboró posibles situaciones conflictivas en las que EE.UU. tenía que entrar en combates.

El documento del Pentágono se filtró en The New York Times, demostrándose que existía un gran interés en el ámbito militar por evitar la reducción de fuerzas y que las empresas armamentistas  vieran cancelados sus pedidos de nuevas armas, garantizando hasta bien entrado el siglo XXI, un contingente de fuerzas capacitado para luchar y ganar uno de los varios conflictos enumerados en el informe. Así se justificaban los gastos de guerra y por eso el recorte en el presupuesto de Defensa presentado por la administración Clinton para 1994, no afectó a la Guerra de las Galaxias.

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]Mientras Obama –Nobel de Paz- durante su gobierno destinó 5 mil millones de dólares para aumentar la capacidad de su programa militar, las otras dos potencias: Rusia y China, han procurado no quedarse atrás en esta marcha de la competencia espacial con fines militares. Por ejemplo, China se atrevió a dar un paso en las pruebas y en mayo de 2013 lanzó un misil que voló a 30 mil km sobre nuestro planeta, aproximándose así a la zona segura de los satélites geosíncronos estratégicos. De modo que así “pelan sus dientes” las potencias.


Diego Arias Serna
Profesor-investigador universidad del Quindío. [email protected]
[email protected]
Especial para LA CRÓNICA 


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