La Salida / Mayo 06 de 2017 / Comentarios

De vuelta a El mundo de los niños

De vuelta a El mundo de los niños

Cómo y cuándo empieza el amor por la lectura y los libros son preguntas que siempre se ponen sobre la mesa en los diferentes contextos que ofrece un gran evento como la Feria Internacional del Libro de Bogotá que acaba de llegar a su edición número 30. 


Responder estas preguntas y proponer ideas creativas al respecto se ha convertido en uno de los ejercicios que, aunque pueda parecer frívolo e inútil, aporta insumos de gran valor para la formulación de políticas públicas y el diseño de estrategias educativas que permitan preservar el estatus del libro y la lectura como pilares fundamentales en la formación integral del ser humano.

Escritores, editores, ilustradores, críticos, investigadores, lectores, todos alguna vez se han puesto a la tarea de evocar los primeros pasos en su relación con el objeto apasionante que es el libro. Saliéndonos del contexto de quienes trabajan en el campo específico de la producción bibliográfica (desde los creadores hasta los distribuidores), podemos decir que en mayor o menor medida cualquier persona que haya tenido el privilegio de la educación primaria y secundaria puede dar cuenta de algún momento con las páginas de un libro. Que sea un momento de amor u odio y uno de estos sentimientos se instale definitivamente entre la persona y el libro depende de diversas circunstancias: imposiciones de los planes educativos y profesores de literatura que no leen, en el peor de los casos;  buenas recomendaciones y lectores ejemplares alrededor en un escenario ideal. ¿Quién no llegó a odiar el Popol Vuh, El carnero o Doña Bárbara? ¿Quién no se enamoró de la literatura con los cuentos de García Márquez y Cortázar, o con los poemas de Neruda?

La evocación nos conduce por los lugares comunes de la biblioteca de los abuelos o de los padres, las historietas y colecciones ilustradas de aventuras como primeros amores, y el profesor que nos entregó el libro indicado en el momento indicado. Un caso particular en lo que a primeras pasiones bibliográficas se refiere lo constituyen las enciclopedias, esos volúmenes llenos de conocimiento que se instalaron en muchos hogares gracias a los vendedores de libros puerta a puerta y que ahora son una especie en vía de extinción. 
Puesta a la tarea del recuerdo y la nostalgia para responder las preguntas referidas al principio, mi mente me lleva a El mundo de los niños, la enciclopedia que siempre estuvo a mi alcance como una fuente para saciar mi curiosidad y llenar mis horas de ocio a mediados de los noventa. La imagen de los quince volúmenes de color piel y lomos con franjas de colores en diferentes anaqueles a lo largo de los años, junto al diccionario enciclopédico Lexis 22 y otras pocas ediciones de libros piratas (El Alférez Real, La Rebelión de las ratas, María, etc.), se mantiene nítida en el recuerdo de aquellos tiempos felices. 

Ahora que por azar he podido recuperar los primeros tres volúmenes de esta enciclopedia, echados a perder durante el terremoto del 99, caigo en cuenta de lo significativos que fueron estos libros en mi iniciación como lector. Poesías y canciones, Cuentos y fábulas, Niños de todo el mundo, Lugares maravillosos y Las plantas fueron mis preferidos y me abrieron los ojos y la mente a un universo de historias y personajes entrañables, así como datos curiosos, propósito este plasmado muy claramente en el prólogo general de la obra incluido en el volumen 1: “…confiamos en que esta obra abrirá al niño las puertas de la fantasía y de la realidad, le facilitará el conocimiento del mundo y de la vida y le acompañará en las aventuras, descubrimientos y exploraciones en que consiste la infancia”. 

Especializada en enciclopedias, la editorial española Salvat editó entre 1958 y 1973 los quince volúmenes que llegarían a Latinoamérica a principios de los ochentas, convirtiéndose en un éxito en ventas a través de promotores puerta a puerta. Confeccionados en tapa dura color piel con textura, interiores en papel esmaltado mate y textos cortos con fuentes generosas y diagramaciones descansadas, estos libros se han convertido con el paso de los años en piezas de culto y ofrecidos por internet de manera individual (raramente la colección completa), a coleccionistas y nostálgicos que pagan sumas considerables por ellos. 

Acorde con la orientación gráfica que desde siempre ha sido el sello de las enciclopedias, El mundo de los niños tuvo un manejo inigualable de las ilustraciones y las fotografías. ´´No basta seleccionar los temas adecuados a los intereses del público infantil ni presentarlos en un lenguaje sencillo y apropiado… Una buena ilustración explica tan bien o mejor que el más perfecto de los textos. La imaginación se ve ayudada por estos dibujos, la curiosidad se sacia, y el niño llega siempre a esta conclusión: “Por fin lo veo claro. Nunca había logrado entenderlo antes.” ´´, se leía en uno de los apartes de la guía de lectura. 

Sin duda las ilustraciones marcaban la experiencia de lectura cuando se entraba por primera vez a El mundo de los niños. Se podían pasar muchas horas fantaseando con las imágenes antes de adentrarse en el texto. Varios de los dibujos de los volúmenes Cuentos y fábulas y Niños de todo el mundo se quedaron fijados en mi mente y ahora que los hojeo de nuevo no puedo menos que agradecer el hecho de que estos libros hayan estado ahí para mostrarme un camino que desde entonces no he dejado de transitar. 


Juan Felipe Gómez
Especial para LA CRÓNICA

PUBLICIDAD
Temas Relacionados: Cultura Literatura

COMENTA ESTE ARTÍCULO

En Cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

©2009- 2017 todos los derechos reservados