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General / JUL 22 2012 / Hace 6 Años

Deportes Quindío y su viejo estadio San José

En los albores del fútbol profesional en Colombia, el Deportes Quindío era solo pensamiento de unos cuantos soñadores emocionados de un Deportes Caldas, al que iban a ver por una carretera vieja y destapada con regreso incierto en noches tormentosas.
Deportes Quindío y  su viejo estadio San José

De una especulación publicada en el diario El Espectador donde decían que el Juventus de Italia jugaría por Armenia el campeonato de 1951, nace el Atlético Quindío. Dos semanas después en la manga de Don Ciro López se inicia la remoción de tierras, de allí en adelante siguen las especulaciones y la imaginación de los aficionados, el 8 de enero de 1951 se fundó el Club Atlético Quindío.

Como a finales de 1950 se encontraba en nuestro país de gira el Club Wanders de Rosario, Argentina, los señores Josué Moreno Jaramillo, Aristóbulo Gómez, Julián Velásquez, Ancízar López, Nepomuceno Jaramillo, y Andrés Giraldo, entre otros, estudiaron la posibilidad de contratar a algunos jugadores que inicialmente harían parte del equipo. Después de varias charlas con Prospero Fabrini, y Moisés Emilio Reuben, encargados del equipo argentino, se concreto la negociación y confirmaron que todo el equipo se quedaría en Armenia, el estadio San José estaba en construcción, los jugadores comenzaron a entrenar en la cancha de la batea.

El día de la inauguración del estadio, marzo 18 de 1951, frente al Deportes Caldas, pocos minutos antes del partido los directivos se encargaron de terminarlo. Unos pintaban, otros colaboraban con el césped que hacía faltar.

Deportes Quindío empezó ganando 3 a 1, Armenia se volvió fútbol, no se hablaba de otra cosa en hogares y en esquinas.
El orgullo era que en solo 100 días habíamos construido el estadio San José, los directivos cumplieron, encargaron como técnico a Próspero Fabrini y Armenia tuvo fútbol profesional.



Un encuentro social y deportivo
De ahí en adelante un domingo cualquiera, se volvió alegría y bullicio, con un paisaje único, toda la ciudad se reunía en torno al equipo, los comentaristas deportivos se ocupaban en nombrar y destacar la actuación de sus jugadores.

El Quindío obtiene la máxima goleada en el 52, Samarios 1, Quindío 11, Cazabuzón y el Manco Gutiérrez, hacen la primera tripleta, cada uno. En el 53 es subcampeón, y por decisión del alcalde se cambia de nombre por el de Atlético Quindío.
En el 54 es subcampeón, en el 55 tercero, en el 56 obtiene su máxima estrella, es campeón y da su primera y única vuelta olímpica en su historia.

De ahí en adelante el estadio y sus alrededores se volvieron un punto de encuentro dominical, la calle 21 en toda su extensión desde la carrera 19, se convertía desde tempranas horas del día en un río humano, los vendedores de toda clase de comestibles, fritanga, paletas, forcha, dulces y todas las gentes se desplazaban alegres y en medio de un gran bullicio, rumbo al San José.
Antes de cada partido en los tertuliaderos más famosos se miraban las alineaciones, se hacían las apuestas, y se apuntaba el marcador, y se hablaba de otros jugadores famosos, Dante Pais, Solano Patiño, EL Manco Gutiérrez, Walter Marcolini, Julio Asciolo, y muchos otros.

En la tienda de Memo Aldana, el famoso Campín de don Arnulfo Ríos, en la tiendita El Deporte, de doña Merceditas, o en El Granero, Los Cambulos, de don Noé Carvajal, que salía presuroso 5 minutos antes del partido, con su infaltable silla se sentaba detrás del arco norte, allí se reunían trabajadores del centro de Armenia, de los bancos y de los pueblos vecinos, en un ambiente de confraternidad y en medio de un refresco, un cerveza o un buen doble de aguardiente manzanares, la euforia era total.

Los niños menores y futuros hinchas del equipo, no nos perdíamos la fiesta, unos buscaban su padrino para entrar, ya dentro del estadio y después de dar las gracias, nos ubicábamos en cualquier sitio.

También existían los gorriones en la parte sur, antes de entrar, saboreábamos el mecato de doña Marieta y los helados de doña edilma.

Se vuelven famosos sus hinchas más furibundos, aparecen personajes que no faltaban a la cita dominical, Repollito, Guazabra, Velorín con su chiva, el Paraguayo que pegaba los afiches, el padre Henao, Pinga Pérez, Llamarada, el Nano con su inolvidable sirena, don Israel Arias, que se encargaba de la venta de los refrescos dentro del estadio.

En la época actual, el equipo carece de dolientes, Quindío es más producto de emoción que de concepto claro, responsable y comprometido, como debe ser una empresa, en este caso una empresa del fútbol.

Cada día con menos hinchas, sin sentido de pertenencia, abandonado por los gobiernos locales que la ven como desgaste y desangre económico, no hay dirigencia. No tenemos una estructura, ni seguidores porque se espantan ante la carencia de resultados. Necesitamos la revolución del orden y el compromiso, para algún día ver en el Centenario un Quindío vs Boca o un Quindío vs Corinthians en alguna final soñada.


Por: Arlés Marín Gallego


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