Jueves, 20 Sep,2018

Región / AGO 31 2017 / Hace 1 Año

“Después de 17 años, todavía espero encontrar a mi hija”

Tras 17 años de ausencia, Luz Nelly Álvarez todavía guarda la esperanza de encontrar con vida a su hija Leidy Viviana Vanegas, quien desapareció el 3 de septiembre de 2000, cuando salió a comprar unos huevos en el barrio Las Acacias de Armenia. 

 

“Después de 17 años, todavía espero encontrar a mi hija”

Familiares de desaparecidos marcharon ayer por las calles de Armenia.


Este miércoles, la cuyabra caminó bajo el sol de la capital quindiana con una foto de su hija en la mano, durante el desarrollo de la marcha por las víctimas de desaparición que se realizó por el centro de la ciudad.
 

“No sabemos nada de ella, ni viva ni muerta. El mismo año que se desapareció, para el día de los inocentes en diciembre, llamaron a mi mamá y le dijeron que Leidy estaba muy grave en un hospital de Soacha, en Bogotá. De la Fiscalía nos ayudaron a verificar y nos dimos cuenta que era mentira. Desde entonces no tenemos ninguna noticia”. 


La joven desaparecida, que para el momento tenía 16 años, dejó un hijo pequeño, con quien apenas pudo disfrutar su primer año de vida. 

“El niño cumple años el 8 de agosto y ella se perdió el 3 de septiembre, un mes después. Para él ha sido muy difícil el proceso, porque nunca pudo conocer a su mamá. Como madre, nunca perderé la esperanza de encontrarla, hasta que me muera”, indicó, entre lágrimas, Álvarez.

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Para Luz Elena, ya son dos años de angustia

En la misma actividad, Luz Elena Ocampo expuso la foto de su esposo Róbinson Rendón Londoño, un líder sindical que se encuentra desaparecido desde hace dos años.
 

“Nosotros vivíamos en una finca en Génova, de donde salió y no lo volvimos a ver. Según parece, a él lo llevaron con mentiras hasta Caicedonia, Valle del Cauca, y en ese municipio le perdimos la pista. Lo que nos dimos cuenta fue que le habían robado toda la plata que tenía en las cuentas bancarias, pero de Róbinson no tenemos ni idea”, dijo la manifestante. 


Para la esposa el proceso es un poco diferente, ya que, tras la denuncia en la Fiscalía, se pudo vincular a dos personas que, al parecer, son responsables de la desaparición de Rendón Londoño, y quienes se encuentran detenidos por el delito. 

Uno de ellos confesó una vez que lo habían matado y dijo que el cuerpo estaba por los lados de Caicedonia, sin embargo, nosotros fuimos con el CTI y los perros de búsqueda y no encontramos nada”.

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Róbinson ejerció como presidente de la Asociación Nacional Sindical de Trabajadores y Servicios Públicos de la Salud y Seguridad Social Integral y Servicios Complementarios, Anthoc, del Valle del Cauca, pero tras ser amenazado de muerte se trasladó a Canadá y durante 13 años y dejó de lado su actividad sindical.

“Es un proceso de lucha y valentía. La desaparición es un crimen de lesa humanidad. Hasta ahora guardamos la esperanza que, a través de la justicia, podamos encontrarlo”. 

Agregó: “Queremos que las personas se sensibilicen frente al fenómeno de la desaparición, porque la gente no entiende el dolor inmenso que produce la pérdida de un ser querido. Es muy difícil porque no hay un cuerpo y no podemos darle cristiana sepultura. No tenemos nada. Estamos luchando para que seamos escuchados, que los ciudadanos no esperen a que les pase para entender lo que significa”.

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“Somos sobrevivientes de la guerra”

Nora Elisa Vélez, defensora de los derechos humanos y líder de la movilización, aseguró que el objetivo final de la actividad era dar a conocer los casos y conmemorar a las víctimas.
 

“Queremos hacer la conmemoración para que los quindianos se den cuenta que somos sobrevivientes de la guerra y que estamos empoderados de cada proceso y cada doliente”. 


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Explicó que las familias que sufren el fenómeno viven una tragedia que no se cura con el pasar de los años

“Es muy triste ver cómo por años esperamos a nuestros seres queridos y después, en algunos casos, encontramos los cuerpos en estado de descomposición. Yo misma soy víctima de eso. En mi familia cuatro hermanos fueron asesinados por los grupos armados y en el caso de uno de ellos, tuvimos que pasar por la incertidumbre de no saber nada de él durante casi cinco años, para luego enterarnos que lo habían asesinado”.


Tatiana Palacio Mejía
LA CRÓNICA


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