Jueves, 23 May,2019
General / SEP 28 2014 / hace 4 años

Educación y neurociencia

Una gran carrera por el cerebro ha comenzado. La Unión Europea, Japón, China han anunciado programas para comprender como funciona el cerebro y aplicar ese conocimiento para mejorar las computadoras y para mejorar nuestra relación con ellas. Google también está trabajando para crear cerebros artificiales a fin de que se conviertan en su asistente personal de inteligencia artificial .
Educación y neurociencia

Los docentes deben cambiar sus métodos tanto de impartir clases como de evaluar.

En esta carrera global, los estudios nos señalan, igualmente, la necesidad de hacer que la potencia de la computadora esté al alcance de las masas como los adelantos de la computadora Watson de IBM y la computación en la nueva de Amazón y otros.

Ahora, ¿qué esperan estas potencias en las próximas décadas? Que para el 2017, alrededor del 85% de la población del mundo esté cubierta por internet móvil de alta velocidad. China ya tiene casi el doble de usuarios de internet, lo que equivale a toda la población de  Estados Unidos… el 81% de sus usuarios de internet accede a través de los teléfonos móviles. 

En esta carrera tecnológica más de 8.000 millones de dispositivos están conectados a la “internet de las cosas”, lo cual se espera crezca de 40.000 a 80.000 millones de dispositivos para el año 2020. 

Según estudios (Unión Internacional de las Telecomunicaciones – U.I.T.), casi el 40% de la humanidad utiliza internet. Y atención a  esto, el sistema nervioso  global de la humanidad está a punto de terminarse, logrando hacer un cerebro mundial “de facto” de la humanidad – en parte diseñado y en parte surgido espontáneamente-.
Entonces, ¿qué sucede cuando todo el mundo tiene acceso a casi todo el conocimiento del mundo y acceso instantáneo a cerebros artificiales capaces de resolver problemas y crear nuevas condiciones como si fueran genios, borrando las anteriores diferencias entre las realidades virtuales y la realidad física?

Esperamos que estos gigantescos avances de la ciencia y la tecnología no nos deshumanicen, sino todo lo contrario, la humanidad puede llegar a ser más responsable y compasiva en la medida en que el internet de las personas y las cosas crezca en todo el planeta, y nos haga más conscientes de lo que es la humanidad en su conjunto y de nuestros ambientes naturales  y construidos. 

En esa dirección, cada vez es más difícil que los delitos convencionales no sean detectados.

En consecuencia, el ciberespacio se ha convertido en los nuevos medios de comunicación para nuevas clases de delitos. Según Alkamai (24 de julio 2013), hubo 628 ataques cibernéticos durante 24 horas, la mayoría a EE.UU. Los ciber-ataques pueden ser considerados como un nuevo tipo de guerra de guerrillas. La prevención puede ser solo una carrera armamentista sin fin intelectual de piratas informáticos contra otros piratas, poniendo trampas cibernéticas, sacando a la luz a perpetradores e iniciando sanciones comerciales. 

 

Neurociencia: implicaciones y aplicaciones
Con respecto a la neurociencia es importante determinar la actitud que se debe asumir en el ámbito educativo. En cuanto a los resultados de la investigación del cerebro, y el modelo compatible con este nuevo paradigma.
Por lo tanto, es necesario saber que la neurociencia no solo debe ser considerada como una disciplina, sino que es el conjunto de ciencias cuyo sujeto de investigación es el sistema nervioso con particular interés en cómo la actividad del cerebro se relaciona con la conducta y el aprendizaje. El propósito general de la neurociencia (según Kandel, Schwartz y Jessell, 1997), es entender cómo el encéfalo produce la marcada individualidad de la acción humana (Raúl, S., Silva, 2003).

Pero a pesar de lo complejo e interpretaciones de fondo de esta disciplina, la neurociencia, hay que reconocer, siguiendo a Geake -2002); que si el aprendizaje es el concepto fundamental de la educación, entonces algunos de los descubrimientos de la neurociencia pueden ayudarnos a entender mejor los procesos de aprendizaje de nuestros estudiantes y, en consecuencia, a enseñarles de manera más apropiada, efectiva y agradable. En ese sentido se entiende la afirmación de Wolfe (2001) de que el descubrimiento más novedoso en educación es la neurociencia o la investigación del cerebro, un campo que hasta hace poco era extraño a los educadores.
Indiscutiblemente los avances de la neurociencia, no solo han enriquecido otros campos de las ciencias de la educación, han permitido la convergencia de evidencias de diferentes campos científicos (sicología cognoscitiva, la lingüística, la antropología física, la filosofía  y la inteligencia artificial), sino, que frente a los problemas del aprendizaje y su desarrollo han permitido un cuadro más completo de cómo ocurre el desarrollo intelectual.

De la neurociencia a la práctica en el aula y a las políticas educacionales 
Hay tres elementos interactivos de enseñanza que emergen de sus principios y que pueden perfectamente aplicarse en el proceso de enseñanza aprendizaje (Caine y Caine, 1997):

1.Inmersión orquestada en una experiencia compleja: Crear entornos de aprendizaje que sumerjan totalmente a los estudiantes en una experiencia educativa.

2.Estado de alerta relajado: Eliminar el miedo de los educandos, mientras se mantiene un entorno muy desafiante.

3.Procesamiento activo: Permitir que el estudiante consolide e interiorice la información procesándolo activamente. 

Entonces, ¿Cómo impacta a la educación la aplicación de la teoría del aprendizaje compatible con el cerebro?
Según estudios al respecto (Purpose Associates, 1998-2001), lo impacta en tres aspectos fundamentales:
Currículo; los profesores deben diseñar el aprendizaje centrado en los intereses del estudiante y  hacer un aprendizaje contextual.

Enseñanza; los educadores deben permitir a los estudiantes que aprendan en grupos y usen el aprendizaje periférico. Los profesores que estructuran el aprendizaje alrededor de problemas reales, estimulan muy bien a los educandos a aprender en entornos fuera del aula de clase y fuera de la Escuela.

Evaluación; ya que los estudiantes están aprendiendo, su evaluación debería permitirles entender sus propios estilos de aprendizaje y sus preferencias. De esa manera, los estudiantes supervisan y mejoran los procesos de aprendizaje. 

Lo cierto es que el aprendizaje basado en el cerebro sugiere que los educadores deben ayudar a los estudiantes a que tengan experiencias apropiadas y saquen provecho de esas experiencias.

Para pasar de la teoría de la investigación del cerebro a la práctica escolar, lo primero que hay que hacer es partir repensando la escuela: repensar todos los aspectos de la educación, desde el rol del educador a la naturaleza de la evaluación (Caine y Caine, 2003).

Si pretendemos transformar la escuela, es necesario hacernos la siguiente pregunta, ¿cómo pueden ser las escuelas más compatibles con la manera como los seres humanos aprenden?

Sobre esta pregunta se adelantan posibles soluciones prácticas: Los planificadores de recursos educacionales deben ser artistas para crear entornos compatibles con el cerebro. Los educadores deben de entender que la mejor manera de aprender no es por la clase expositiva, sino participando en entornos reales que permitan ensayar cosas nuevas con seguridad (Purpose Associates, 1998-2001).

 

¿Cuál deberia ser la actitud que los profesores deberian asumir ante la neurociencia?
Los educadores estamos ante un gran desafío profesional. Según Sylwester R, (1995), ejercemos una práctica pedagógica que en esencia es de tipo conductista. Nos fijamos en las manifestaciones visibles, medibles y  manejables de conocimiento más que en los mecanismos y procesos cognitivos.

Si como educador no puede comprender los procesos cerebrales internos se concentra en objetos o eventos externos (estímulos) y en la conducta que emerge de procesos cognitivos desconocibles (respuesta). Aprendemos a manipular el entorno para lograr la conducta deseada. 

La base de la profesión docente está más cerca del Folklore que del conocimiento científico. Podemos predecir lo que sucede en clase, pero no sabemos por qué ocurre. El centrarse en la conducta externa puede llevar a conclusiones inapropiadas.

No comprendemos los mecanismos subyacentes que gobiernan la enseñanza y el aprendizaje como son la emoción, el interés, la atención, el pensamiento y la memoria. No sabemos si nuestros estudiantes aprenden debido a nuestros esfuerzos o a pesar de ellos. 

El estudio de la conducta, por otra parte, nos lleva a diagnósticos y tratamientos parciales de muchas complejas conductas de aprendizaje como dislexia, desórdenes de atención, motivación y  olvido.

Estamos pues, ante una encrucijada: podemos seguir fijándonos en la observación de la conducta externa o buscar una comprensión científica de los mecanismos, procesos y malos funcionamientos que afectan la realización de las tareas complejas del aprendizaje (Raúl, Salas, 2003).

Todas y cada una de estas reflexiones sobre la neurociencia debe llevar a los educadores a repensar y trasladar esa continua investigación al mundo de la educación, pero no traducir esa investigación compleja en estrategias que no resultan. Hay que ser cautos al aplicar los resultados de la investigación basada en el cerebro, pero simultáneamente hay que seguir adelante con lo que sabemos. No podemos esperar hay que actuar. La actual teoría e investigación del cerebro entrega ahora esbozos amplios y tentativos de cómo debe ser la escuela del futuro.

El conocimiento de cómo funciona y aprende el cerebro podrá tener, y tendrá, un gran impacto en la educación. Comprender los mecanismos cerebrales que subyacen al aprendizaje y la memoria, así como los efectos de la genética, el entorno, la emoción y la edad en el aprendizaje, podrían transformar las estrategias educativas y permitir idear programas que optimizarán el aprendizaje de personas de todas las edades y con las más diversas necesidades. Sólo comprendiendo cómo el cerebro adquiere y conserva información y destrezas seremos capaces de alcanzar los límites de su capacidad para aprender (Sara, J., Blakemore, 2008).

Finalmente quisiéramos dejar la siguiente reflexión-compromiso; “Frente a este desafío inaplazable de la neurociencia y su impacto en la educación, es necesario, que en cada institución educativa los educadores y el cuerpo directivo hagan investigación – acción sobre las aplicaciones de los resultados y los avances en neurociencia al proceso de aprendizaje y la enseñanza”.

 

Por: Faber Pérez


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