Lunes, 18 Mar,2019
General / JUL 07 2013 / hace 5 años

Efrén Fernández Varón: la tierra tiene cuerpo de mujer

El barranquismo, término que aparece en las bibliotecas virtuales, reconoce a Efrén Fernández Varón, como su gestor y creador. Él pertenece a esos hombres que permiten dejar huella.
Efrén Fernández  Varón: la tierra tiene cuerpo de mujer

No puede desaparecer su técnica, ni su filosofía, es lo mínimo que se puede pensar cuando se reflexiona sobre la obra. Efrén es una marca registrada del Quindío al mundo. Es el más fotografiado del departamento hacía el exterior. Póngale precio al aporte que ha realizado este hombre por el departamento. Efrén ha enfrentado a las administraciones culturales, unas con paciencia y otras lo han sacado de quicio, les ha dicho a grito entero a los funcionarios culturales unas cuantas verdades. 

El barranquismo es un aporte del Quindío a los tres departamentos con los que comparte el Paisaje Cultural Cafetero Colombiano. Efrén no es un hombre de llenar formatos y esto lo ha limitado, aunque seguramente los maneja, no existen políticas claras sobre qué hacer con gestores como él, que se convierten para la Unesco y la comunidad en general en parte del patrimonio cultural de la humanidad.



La tierra se vuelve creación
Efrén es un autodidacta. “Cuando estoy haciendo una obra la gente va viendo el co-nacimiento, la formación y el acabado de la obra; la gente disfruta de eso, pasan y ven el barranco cuando se va destapando y va apareciendo la figura. Lo único que hago es quitarle la tierrita de encima porque estas figuras ya estaban ahí y en realidad están ahí porque es el pensamiento el que mueve el mundo, y al proyectar el pensamiento hacia la tierra, lo que hago es realizar lo que el pensamiento graba en las paredes; por eso a mí no se me hace difícil mostrar infinidad de cosas en un mural, por raras que sean. Me siento integrado a la tierra y a los elementos de la naturaleza.

Identifico mi trabajo como escultura mural por lo que está en paredes, en muros de tierra; lo único que cambia es el material, estas esculturas mías al contrario de otras tienen vida propia, se encuentran dentro de la obra, generan muchas clases de animalitos que le dan fuerza a la obra. No es un metal frío, ni muerto, ni de cemento, sino que es pura vida por dentro. Mis obras necesitan un mantenimiento adecuado como cualquier obra. Téngalo por seguro que si uno hace un edificio y no le hace mantenimiento el edificio se cae, por muy buenos cimientos que tenga. Ahora estas obras a la intemperie, así como el agua ayuda, también lo puede ahogar a uno, entonces hay que tener mucha disciplina de trabajo.

Si se daña una o dos figuras de un mural quedan las demás, mis obras tienen la particularidad de que cada hueco que le hacen hay que transformarlo en otra cosa. Entonces esa es la gran ventaja mía porque una escultura de cemento o bronce, si se le cae un brazo hay que remendarlo y eso es muy costoso. Mis obras no, cualquier obrero o gente de los alrededores que se anime puede limpiar, emparejar”.

Efrén con asesoramiento de ingenieros han pensado en unas mallas de hierro que lograrían mayor duración y resistencia a los murales. De Efrén, fuera de sus murales se conoce una réplica de una figura antropomorfa, en el parque Los Aborígenes, sitio donde se realizó una excavación arqueológica en 1970, por tal motivo la Sociedad de Ingenieros del Quindío, le pidió esta escultura en homenaje a los cien años de Armenia.  Me interesaría preguntarle a Efrén qué pasó con el proyecto de un Tigrero para los cien años de Armenia, según él “para que nazca aquí, que brote de la tierra”. Viéndolo bien hace rato no hablo con el maestro.



Más viejo que el barranco de la estación
Efrén Fernández es un hombre que se ilusionó con su trabajo y creo el Barranquismo.

“Armenia con nombre de mujer, había que darle algo, yo tenía que contribuir con un granito de arena. En el arte, todo estaba inventado. Al trajinar por la estación del ferrocarril todo el mundo decía: “más viejo que el barranco de la estación”; a mí no me gustaba eso, ese barranco es tan viejo como todos los barrancos de Armenia; hace años, cuando no sabía que me convertiría en escultor, pensaba que en ese barranco podría ser un parque lineal, en forma de escalera, pero enorme, llena de pasadizos. Le presente la idea a un concejal amigo y me miró como si estuviera “corrido”.

Seguí con la idea del barranco de la Estación. Es mi obra magna. Es el mural que más me he demorado hasta el momento; fueron diez meses con un solo obrero. Allí también fue una lucha, una aventura, no esperaba encontrarme con semejantes dificultades porque es distinto mirar el barranco y quitarle la maleza y otra cosa es verlo pelado. Los inconvenientes con las raíces empotradas, con cuevas de chuchas y todas esas inmensas urbanizaciones de hormigas, ahí es donde a uno se le va la moral a los pies, con un solo trabajador, diez y siete metros de altura y ochenta y cinco de largo, hay que pensar con mucha paciencia, qué es lo que se va a hacer”.



Obras
Lo que fuera en la antigüedad una forma de expresión indígena es hoy un importante hito del arte urbano. Hoy se pueden apreciar tres grandes obras de esta naturaleza en Armenia, pues siete más que había en diferentes sitios de la ciudad han desaparecido por distintos motivos.

La primera está en la entrada a la ciudad por el oriente, barrio María Cristina. Se denomina Diálogos de pensamiento. Son figuras de hombres y mujeres precolombinos dándole la bienvenida y la despedida a la gente. Pero al tiempo tienen algo de cósmico, como el tercer ojo, y una profunda relación con el amor. La segunda es la Alegoría al agua, ubicada en la avenida Bolívar, en el barranco de la estación eléctrica Regivit. Hay plasmadas allí montañas por donde baja el agua, una figura humana que simboliza al dios Montaña, un indio que recoge el agua en una hoja de plátano, un campesino que hace lo mismo pero en una guadua y el tronco y el hacha, símbolos de la ciudad, rodeados por el moderno acueducto.

Y la tercera escultura está en la avenida Ancízar López López, se trata de una alegoría a Armenia, donde también aparecen figuras precolombinas, máscaras, penachos de águila, poporos, caimanes, una silueta de la iglesia catedral de la ciudad y lo que el autor llama un grito cósmico, dado por un hombre en defensa de la tierra. El escultor, Efrén Fernández Varón, trabaja sin descanso para dejarle a la ciudad una cantidad grande de obras de este tipo, pero también prepara una escuela de barranquismo para que la técnica no desaparezca.


Por Jorge Hernando Delgado Cáceres

COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

logo-copy-cronica
© todos los derechos reservados
Powered by: rhiss.net