Viernes, 18 Ene,2019

En profundidad / ENE 06 2019 / Hace 13 Dias

El álbum fotográfico de familia, un historial de vida

Pero el mejor secreto de este hermoso historial gráfico y visual es la serie de fotos artísticas del espectáculo mundial, así como de toreros conocidos. Refleja ello el contacto permanente con la farándula y que seguramente ella guardó con celo durante muchos años.

El álbum fotográfico de familia, un historial de vida

Conocí a Cecilia De la Pava Echeverry a finales de la década de los noventa del siglo pasado, cuando se dedicaba en Armenia a labores de periodismo cultural. Varias veces la encontré en cercanías del Parque Sucre, caminando tranquilamente con su perrito, reflejando ella la pausa, tranquilidad y elegancia en su proceder y en su relación con los demás.

Después del terremoto de 1999, la desconexión no fue sólo entre la urbe de antes y la nueva imagen que nos trajo la reconstruida ciudad, con sus condominios de la periferia y con la caída social y transformación del centro. También perdimos el rastro de la gente y de acontecimientos populares. Lo cierto es que tanto Cecilia, como otras personas de la cotidianidad, ya no volvieron al escenario urbano o no se vieron más por sus calles. Siempre pensé en dos situaciones, cuales son desterrarse voluntariamente a otras regiones del país o perecer en esa tragedia que nos golpeó a todos.

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Fue a principios de 2017 cuando llegó a mis manos la muestra que revivía —por lo menos a nivel de referencia visual— la existencia de Cecilia. Se trataba de su álbum familiar, que también tuvo que ser el diario gráfico personal, con el cual intercambió muchas veces sus mejores recuerdos en silencio. Y es que ese clásico libro de fotos fijas a las pastas gruesas —que  a la vez eran revestidas con plástico protector— fue para muchas familias el testimonio histórico y afectivo de sus existencias. Se apreciaba mucho al álbum de fotos, porque en ellas había quedado lo mejor de su niñez y de los momentos más trascendentales del pasado.

La técnica digital borró de tajo con esa costumbre, siendo ella la causante de que el álbum pasara a segundo plano para su permanencia en las estancias de la vivienda actual, que además todos los días es más reducida y su funcionalidad no permite ya la ubicación del álbum en el lugar especial que antes le otorgaban los abuelos o nuestros padres.

El ritual de limpieza de fin de año, que se extiende hasta la segunda semana de enero, hace que en los hogares sean suprimidos, desechados o quemados muchos documentos, libros antiguos, muebles, o álbumes fotográficos. Si no se corre mejor suerte, su nuevo destino para algunos es la bolsa de la basura que se deposita en las afueras de la casa, a la espera del paso del carro recolector.
 


De pronto el álbum fotográfico de Cecilia tuvo ese final, aunque fue rescatado por alguien que sí valoro su importancia. Tal vez su presentación física —un empaste de fino cuero— llamó la atención de su salvador, y por esa razón llegó a mis manos.

Desde que lo abrí, conocí los secretos más íntimos de Cecilia, una mujer que recorría las oficinas de la cultura de Armenia en búsqueda de información sobre los acontecimientos del arte y del espectáculo de la ciudad y el departamento, y que luego divulgaba en las emisoras tradicionales. Esa era su faceta conocida, la del periodismo especial.

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Las primeras reseñas del álbum de Cecilia son dos recortes de prensa antigua, que reflejan los dos amores de su vida. El primero me sorprendió, porque dio a conocer algo que yo ignoraba. Su título es muy significativo: ‘Artista de renombre nacional actuará en Palmira’. Evidencia este texto que Cecilia había sido en sus años jóvenes “una consumada intérprete de la danza clásica española y del canto flamenco”. El otro recorte, como el anterior, fue publicado en un diario caleño y da cuenta de la muerte de su señora madre, doña Teresa De la Pava. En la nota luctuosa se envía “una voz condolida a su esposo don Emilio De la Pava, a sus hermanos don Libardo y don Jesús Echeverry, y preferencialmente a sus inconsolables hijos Alfonso, Guillermo, Jaime, Gilberto, Graciela, Ofelia y Cecilia.
 


Años atrás había descubierto yo el talante de cronista cultural  que tenía esta artista y periodista, al leer un boletín de la gobernación y la universidad de Caldas, titulado ‘Bellas Artes, seis décadas’ y publicado en 1991. En su página 42 aparecen los detalles de una interesante entrevista que Cecilia De la Pava Echeverry le había realizado en Armenia a Doña Rina Silva de Hincapié, la pianista dedicada, y que se refería a la fundación del Conservatorio de Manizales, del cual su esposo, don Gonzalo Hincapié, había sido su primer director.

Las sorpresas del álbum de Cecilia ampliaban, desde el segundo pliego de las fotos, otros detalles de su vida. Entre ellos, el desempeño de redactora turística y cultural en su sección ‘Relator’ de un periódico de Cali en los años 1954 y 1955. Viajó a Panamá, donde se había ordenado y se desempeñaba en el ministerio sacerdotal uno de sus entrañables amigos, Carlos Pérez Herrera. Las hermosas postales de las esclusas del Canal de Panamá y de otros visos arquitectónicos de país engalanan y se alternan con las fotos personales.

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Un dato relevante del álbum da cuenta de su rol como promotora de espectáculos culturales a través de su empresa ‘De la Pava Agency’ en la ciudad de Cali. El plegable de mano que anuncia la presentación del famoso tenor italiano Tito Schipa en el Teatro Municipal en 1954, junto con fotos de la recepción ofrecida, es muestra de la loable labor cultural que desplegó Cecilia para traer a Colombia muchos artistas de talla mundial.

El registro del álbum continúa con una serie de fotos en el país de Costa Rica, donde aparece con su hermano Alfonso, y que datan de septiembre de 1954. También se combinan con postales de San José, su capital y de Cartago, otra ciudad.
 


 

Pero el mejor secreto de este hermoso historial gráfico y visual es la serie de fotos artísticas del espectáculo mundial, así como de toreros conocidos. Refleja ello el contacto permanente con la farándula y que seguramente ella guardó con celo durante muchos años. Hasta que decidió radicarse en Armenia, donde el álbum continuó siendo su compañero inseparable.

Gracias al álbum, testimonio serial que muchas familias han despreciado, podemos conocer para la posteridad sobre la vida y obra de tantas personas que protagonizaron los guiones en el teatro de su existencia, como si hubieran sido ellos los mejores actores y actrices de libretos de amor y superación personal.

No fue difícil para Cecilia desarrollar su escenificación, en razón a su condición artística innata, aunque sí debió ser duro para ella soportar la añoranza de su vital juventud en las tablas del estrado, que por alguna razón dejó en las décadas posteriores.

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Colijo que las fotos dedicadas por sus amigos y amigas, artistas en vigencia mantuvo en Cecilia el mejor ánimo en su empeño de tener incólume el espíritu. Todo ello debido a la magia del álbum de fotos familiares, que también nos ofrece a los demás el historial de otros personajes.

Gracias al álbum de Cecilia, estos reputados hombres y mujeres del cine, del escenario y de la arena, son y serán conocidos en la fama que brinda el papel fotográfico. Los dos registros más relevantes son una foto de Libertad Lamarque, en la que con su puño y letra escribe: “Este cariñoso recuerdo a Cecilia. 1955”. El otro es la prueba de su amistad, una foto donde aparecen las dos, y en la que la periodista cultural porta su casaca de luces y de presentación.

Es sorprendente el caudal de información sobre la vida y la sociedad que nos ofrece un álbum de fotos. El de Cecilia, además de presentar las evidencias fotográficas de la actriz y cantante argentina Libertad Lamarque Bouza —1908-2000—, nos remite al conocimiento de otras celebridades. Ellos son Rafaele Attilio Amadeo Schipa, el tenor lírico italiano más nombrado como Tito Schipa. La cantante y actriz española Ángeles Moreno Gómez, más conocida como Lolita Sevilla. También se registran fotos y postales de Imperio Argentina, Tamara Toumanova y Conchita Piquer, de los toreros Curro Girón, Agustín Parra Dueñas, conocido como Parrita y Miguel Báez El Litri, así como también Miguel Peralta.
 


 

El álbum fotográfico seguirá siendo a pesar del nuevo sustituto de sus imágenes, el mejor registro de la moda de antaño y de las costumbres de aquellas épocas que siempre fueron gloriosas para sus protagonistas. Por lo menos, así se muestran para Cecilia, otra artista de esta tierra, que hasta ahora descubrimos a través de sus recuerdos gráficos privados.

Ojalá en cada hogar del Quindío se guarden con celo estos álbumes, porque ellos son y serán el único vínculo emocional que conecte al pasado con el presente, y que permita sembrar en los nietos y bisnietos el amor por esta tierra. También permitirá valorar la historia, con el orgullo que ello representa para los pobladores.


Roberto Restrepo
Especial para LA CRÓNICA


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