Domingo, 23 Sep,2018

Educación / SEP 09 2018 / Hace 13 Dias

El analfabetismo es mucho más que no saber leer y escribir

“La mayor parte del pueblo, que emerge desorganizado, ingenuo y desesperado, con fuertes índices de analfabetismo y semianalfabetismo, llega a ser juguete de los irracionalismos”,  Paulo Freire.

El analfabetismo es mucho más que no saber leer y escribir

Las mujeres adultas se entregan con consagración a aprender a leer y escribir. Ellas saben que saberlo les da poder y posibilidades económicas.

En el sitio de la ONU se afirma que los Objetivos de Desarrollo Sostenible, aprobados en septiembre de 2015, promueven el acceso universal a una educación de calidad y oportunidades de aprendizaje a lo largo de la vida de las personas. Enfatiza que una de la metas del Objetivo Nº 4 está orientada a garantizar que todos los jóvenes aprendan a leer y escribir y tengan conocimientos básicos de aritmética, y que los adultos que carezcan de esos conocimientos tengan la oportunidad de adquirirlos.

Para llamar la atención de los gobiernos, instituciones públicas y privadas, así como a la sociedad en general, la ONU determinó que el 8 de septiembre se conmemorase el Día Internacional de la Alfabetización. Este año se realizó bajo el tema “La alfabetización y el desarrollo de competencias”, porque, aunque se ha progresado, los desafíos relacionados ante la necesidad de que la mayoría de las personas, sino todas, sepan leer y escribir persisten y, al mismo tiempo, las demandas de competencias requeridas para el trabajo evolucionan rápidamente.

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Para esta fecha la institución internacional enfatizó que se analizará y destacará enfoques integrados que simultáneamente pueden apoyar el desarrollo de la alfabetización y las competencias, con el propósito de mejorar la vida y el trabajo de las personas y contribuir a sociedades equitativas y sostenibles.

Como destaca la web de la ONU, la idea de celebrar un día internacional dedicado a la alfabetización se gestó en la Conferencia Mundial de Ministros de Educación sobre la Erradicación del Analfabetismo que tuvo lugar en Teherán, Irán, del 8 al 19 de septiembre de 1965, y en el informe final del evento, entre otras cosas, se destacó que los sistemas educativos tenían que responder a las necesidades de formación tanto de las generaciones jóvenes que aún no habían comenzado la vida laboral, como de las adultas que no se han beneficiado de los mínimos esenciales de una educación básica.
 

En lo ambiental también hay analfabetas

Cincuenta y tres años después, el mundo no solo ha cambiado, sino que lo hace como evoluciona el cosmos: aceleradamente. El ritmo de los avances científicos que jalonan el desarrollo tecnológico, se manifiestan en la forma cómo la industria produce y cómo se trabaja el agro, además la industria de servicios va adquiriendo más protagonismo. Ese acelerado cambio está haciendo desaparecer no solo puestos de trabajo tradicionales, sino que los nuevos también van cediendo el puesto en poco tiempo a otros más novedosos. Así que el reto va más allá de saber leer y escribir, así se haga bien.

La ONU y la Unesco han planteado cambios en el concepto de alfabetización, reflejados en los temas que se invocan en las conmemoraciones de ese día en los últimos años. En el anterior se enfatizó en “La alfabetización en un mundo digital”, el 2016 “Leyendo el pasado, escribiendo el futuro”, en el 2015 “Alfabetización y las sociedades sostenibles”, el 2014 “Alfabetización para el desarrollo sostenible” y en el 2013 “Alfabetización para el siglo XXI”.

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Dos de ellos formulan el problema medioambiental, de capital importancia porque el hombre está modificando el clima y con ello la posibilidad de nuestra extinción. Así que es fundamental alfabetizar en lo que le está pasando al planeta y cómo tanto la gran industria, los medios de transporte, el uso de energías fósiles, el consumo adictivo, el mal uso del agua y de la energía, las desigualdades sociales y las guerras -que también contamina-, destruyen la Tierra.

También, contribuye a la contaminación el flagelo que golpea derechos básicos como la salud y la educación: la corrupción. Y la otra plaga que en parte está conectada con la anterior: los psicoactivos, que está contaminado a toda la sociedad, daño más perjudicial cuando se está involucrando a la niñez en el consumo, ampliando la base social de un negocio que, por ser ilegal, deja grandes utilidades y además corrompe.  Así que no se puede limitar la alfabetización a la capacidad de los individuos para codificar y decodificar textos escritos y al aprendizaje de la aritmética. Asimismo, se debe inducir a ‘leer’ y entrar en sintonía con la pachamama y comprender que no la debemos maltratar. La sociedad también debe alfabetizarse en la lectura del problema que hay detrás del narcotráfico. Del mismo modo, que a la alfabetización informática y tecnológica, la sociedad tiene derecho a salir del analfabetismo científico y cultural; y está en el orden del día la alfabetización afectiva y emocional, que podría ayudar a minimizar la violencia.
 

La educación debe enfrentar los múltiples analfabetismos

Entonces, la educación a todos los niveles debe enfrentar nuevos desafíos, en particular la enseñanza básica. Ello implica un nuevo educador y por ende un cambio radical en la formación de docentes, que los han enredado con asuntos ‘pedagógicos’ mal concebidos y cuando llegan al aula cae en otra trampa: llenar documentos que poco contribuyen a la calidad. Eso sí, la formación de saberes poco importa y qué tanto el estudiante desarrolla su cerebro, su capacidad de pensar, analizar y argumentar y criticar sí que menos. 

Albert Einstein, en su libro “Mi visión del mundo”, en particular en el subtítulo: “Educación para una independencia en el pensar”, nos enseña que: “No es suficiente enseñar a los hombres una especialización. Con ello se convierte en algo así como máquinas utilizables, pero no en individuos válidos. (…). Tiene que recibir un sentimiento vivo de lo bello y de lo moralmente bueno. En caso contrario se parece más a un perro bien amaestrado que a un ente armónicamente desarrollado. Debe aprender a comprender las motivaciones, ilusiones y penas de las gentes para adquirir una actitud recta respecto a los individuos y la sociedad”.

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Agrega: “Estas cosas tan preciosas las logra el contacto personal entre la generación joven y los que enseñan, y no –al menos en lo fundamental- los libros de texto. Esto es lo que representa la cultura, ante todo. Esto es lo que tengo presente cuando recomiendo humanidades y no un conocimiento árido de la Historia y la Filosofía”.

Sigue expresando Einstein: “Dar importancia excesiva y prematura al sistema competitivo y a la especialización en beneficio de la utilidad, segrega al espíritu de la vida cultural, y mata el germen del que depende la ciencia especializada”. El planteamiento del físico contrasta con las pretensiones de algunas universidades al querer virtualizar la enseñanza, pensando tal vez en ahorrar recursos económicos que en mejorar el proceso de enseñanza aprendizaje. Lo virtual debe ser más un apoyo tanto para el docente y el dicente que pretender reemplazar al profesor por una máquina.


Las competencias pierden rápidamente actualidad

En el tema de este año “La alfabetización y el desarrollo de competencias”, la ideas de competencia, que es diferente a lo competitivo, se formula en el informe de la Unesco “Hacia la sociedad del conocimiento” del 2005, señaló: “como con la rapidez de los progresos técnicos, las competencias pierden rápidamente actualidad, es conveniente fomentar en los distintos ámbitos del conocimiento la adquisición de mecanismos de aprendizaje flexibles, en vez de imponer un conjunto de conocimientos muy definido”.

Sigue afirmando: “Aprender a aprender significa aprender a reflexionar, dudar, adaptarse con la mayor rapidez posible y saber cuestionar el legado cultural propio respetando los consensos. Estos son los pilares en los que deben descansar las sociedades del conocimiento”.

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Los consensos, en el campo del conocimiento debe entenderse en el sentido de que las ciencias naturales, las matemáticas y las demás disciplinas, tienen como base unos paradigmas que deben conocerse con rigor y por supuesto con la capacidad de indagar sus debilidades para desplazar las fronteras del saber, como ha venido sucediendo a lo largo de la historia de la física, la química y la biología. Y es el avance científico, avalado por los experimentos, lo que permite el surgimiento de un nuevo paradigma. 

Así que ese conocimiento, que son los fundamentos de una ciencia, deben enseñarse con rigor. El aprendizaje flexible radica en que el estudiante debe saber que ese conocimiento puede ser modificado, pero si se somete al rigor del juez, como es el experimento en el caso de las ciencias naturales. Esa flexibilidad debe entenderse en el sentido de la “plasticidad del cerebro”, entendiéndolo en el sentido de la capacidad que este tiene de cambiar su estructura y su funcionamiento durante toda la vida.
 

Los educadores deben aprender neuroaprendizaje

La neuroplasticidad, o plasticidad neuronal, como también se le conoce, se refiere al modo en el que nuestro sistema nervioso cambia a partir de su interacción con el entorno, que en el caso de la enseñanza está representado por el docente, el dicente, el ambiente escolar, familiar y social, además de los avances en ciencia y tecnología. Así que lograr esa flexibilidad requiere del aporte de varios agentes, siendo el estudiante el factor más importante porque es quien aprende y debe de hacer el esfuerzo de pensar para activar sus neuronas.

También hay que resaltar que, en estos tiempos de cambios acelerados, los educadores están en la obligación de aprender, en la marcha de su profesión, sobre neurociencia, en particular de neuroaprendizaje. Asimismo, la formación de educadores exige que se inicien en esta área del saber, para que induzcan a sus discípulos en generar un cerebro plástico. Si no se hace, además de los analfabetas elementales —los que no saben leer ni escribir, más los que no saben aritmética— estará acompañados de otra clase de analfabetas, como ya está pasando con el analfabetismo funcional.

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Este se caracteriza por incapacidad de las personas de comprender textos escritos y formular ideas a través de la escritura. Infortunadamente, en este campo están un buen número de bachilleres y de profesionales, lo que impide la interacción social y la comunicación individual. Además, dificulta el proceso de enseñanza aprendizaje. 

Así que, en el siglo del conocimiento, buena parte de la sociedad está inmersa en un “agujero negro” que le impide ver el avance científico, el desarrollo cultural, no ve la luz de la democracia y se deja arrastrar por fanatismos políticos y religiosas que convergen a conflictos sociales. Y el nubarrón del consumismo impide leer los párrafos que nos escribe con dolor el planeta.  


Diego Arias Serna ([email protected] / [email protected])
Profesor-investigador universidad del Quindío
Especial para LA CRÓNICA


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