Viernes, 20 Abr,2018

Salud / ABR 08 2018 / Hace 11 Dias

¿El autismo genera limitación intelectual?

Jacob Barnett fue diagnosticado de autismo a los dos años, con apenas 11 años fue aceptado en la universidad de Purdue, en Indiana, y con 14 años estudiaba un doctorado en física cuántica. 

¿El autismo genera limitación intelectual?

Jacob Barnett se deleita pensando en las matemáticas. Su trastorno mental le ha permitido aprender con más facilidad y recorrer el ciclo escolar en pocos años.

Existen varios trastornos mentales que presentan diferentes manifestaciones. Según la Organización Mundial de la Salud, OMS, se caracterizan por una combinación de alteraciones del pensamiento, la percepción, las emociones, la conducta y las relaciones con los demás. La entidad cita la depresión, el trastorno afectivo bipolar, la esquizofrenia y otras psicosis, la demencia, las discapacidades intelectuales y los trastornos del desarrollo, como el autismo. 

Voy a destacar lo relacionado con el autismo, resaltando dos personas quienes han salido adelante en sus estudios y uno de ellos es un destacado físico. También, porque la Organización de las Naciones Unidas, ONU, declaró el 2 de abril como ‘Día Mundial de concienciación sobre el Autismo’, queriendo generar conciencia sobre este trastorno del desarrollo; y con el objetivo de contribuir a mejorar la calidad de vida de los niños y adultos que lo padecen. “Rompamos juntos barreras por el autismo. Hagamos una sociedad accesible” es el lema elegido en 2017 y 2018 para esta conmemoración. 

El autismo se ha estudiado desde inicios del siglo XX, y no ha faltado la controversia académica sobre cómo dictaminarlo y tratarlo. Abordaré esta parte, parcialmente, apoyándome en el artículo que se divulgó en la revista Mente y Cerebro número 84 de 2017, con el título: “Del autismo al espectro autista”.

Los autores, Josep Artigas Pallarés, neuropediatra, licenciado en psicología y director del Centro Médico Psyncron e Isabel Paula Pérez, profesora del departamento de métodos de investigación y diagnóstico de la universidad de Barcelona, España, quien también dirige el curso de posgrado ‘Autismo: diagnóstico e intervención’, hacen un relato histórico de lo que se ha dicho de este trastorno desde 1908
 

Leo Kanner, padre del autismo

El padre del autismo, teniendo en cuenta los datos históricos, fue Leo kanner (1896-1981), psiquiatra judío de origen austriaco que utilizó por primera vez ese término para referirse a una enfermedad novedosa. En el año 1943 publicó el artículo ‘Trastornos autistas del contacto afectivo’ y en la introducción Kanner manifestaba: “Falta de contacto con las personas, ensimismamiento y soledad emocional”, características de las personas que se les dictaminaba este trastorno mental. Así lo expresan Artigas Pallarés y Pérez.

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“No fue el primero en percibir los síntomas, pero sí fue él quien por primera vez la diferenció de la esquizofrenia, como se venía dictaminando el autismo, palabra derivada del griego clásico: autos (uno mismo) e ismos (modos de estar). Los autores también expresaron: “El trabajo —de Kanner— que se sustentaba en la descripción minuciosa de once personas —ocho niños y tres niñas—, mostraba un fenotipo basado en tres aspectos básicos: incapacidad para establecer relaciones con las personas, retraso y alteraciones en la adquisición y el uso del habla y del lenguaje e insistencia obsesiva en mantener el ambiente sin cambios”.

 

Otro estudioso del autismo: Asperger

Otro estudioso del autismo fue Hans Asperger (1906-1980), quien en 1943 presentó su tesis sobre la psicología autista en la infancia. Él se incorporó en 1932 al grupo de investigación de Erwin Lazar, quien estando en la universidad de Viene, fundó en 1918 la unidad de pedagogía terapéutica, donde se aplicaban ideas pedagógicas avanzadas en su tiempo. Lazar creía que su equipo tenía la obligación de aprender de los niños.

Para conseguirlo, como manifestaron Artigas Pallarés y Pérez, era preciso participar en sus juegos y observar, sin ideas preconcebidas, la actividad espontánea. Lazar entendía que la educación se basaba en la comprensión, por lo cual el profesor debía estar de parte del alumno. Él había estudiado psiquiatría con Eugen Bleuler (1857-1939) quien usó la palabra autismo en 1908 pero con un significado diferente al de Kanner. Lo asociaba a un síntoma de la esquizofrenia.

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El método de trabajo de Asperger, “desbordaba la praxis médica convencional. Solía jugar y hablar con los niños y, sobre todo, observar sus reacciones. Para este pediatra e investigador, el autismo no era ni una enfermedad ni un síndrome y, mucho menos, una categoría. Lo consideraba una condición frecuente, de diagnóstico fácil y evidente a la edad de dos años”. “Cuando sabes lo que buscas, lo encuentras por todas partes”, afirmaba. También consideraba que los individuos con personalidad autista podían llegar a ser muy válidos para la sociedad y que no era raro que estuvieran dotados de altas competencias en algún campo.

La aparición en 2013 de la quinta revisión del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-5) incorporó cambios radicales en la concepción del autismo, coincidiendo con Asperger en un espectro que abarca desde el autismo más duro hasta uno compatible con la plena integración social. Y como expresaron Artigas Pallarés y Pérez, lo que para Kanner era una enfermedad, para Asperger constituía una condición —planteamiento acorde con la genética moderna—, que entiende que los genes involucrados en el autismo determinan solo una mayor o menor probabilidad de que un individuo se encuentre dentro del espectro autista.
 

Jacob Barnett, destacado físico 

Este trastorno, como lo afirmó Asperger, puede decantar en individuos dotados con una inteligencia que les permite sobresalir en la ciencia. Así lo indica BBC Mundo del 14 de mayo 2013, en el artículo que tituló: “Jacob Barnett, el Albert Einstein con autismo”, así inició la noticia: “Jacob Barnett fue diagnosticado con autismo grave con apenas 2 años y los expertos dijeron que tal vez nunca podría leer o atarse los zapatos. A sus 14 años, el joven Barnett estudia un doctorado en física cuántica. La mente brillante de este niño prodigio de Indiana, Estados Unidos, estuvo a punto de perderse en una enfermedad a la que a menudo los padres no saben cómo hacer frente”.

Continúa el artículo expresando que desde que fue diagnosticado, Jacob no volvió a hablar. Fueron largas las horas que pasaba en casa rodeado de expertos en educación especial que le guiaban en una suerte de terapia interminable con estrictos ejercicios, centrados en desarrollar sus habilidades más básicas, para sacar al niño de lo que se creía era una enfermedad que le marcaría toda la vida. “Cuando Jacob volvió a hablar, lo hizo en cuatro idiomas”, aseguró su madre, Kristine Barnett en una entrevista con la BBC.

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Agrega el artículo: “Una vez superó la barrera del habla a los 4 años, Jacob comenzó un sobresaliente aprendizaje que lo llevaría a la universidad con apenas 11 años. Un año después ya recibía un sueldo como investigador de física cuántica y ayudaba a alumnos del alma máter en sus trabajos como profesor adjunto. Además, muy pronto empezó a publicar artículos en revistas de primer nivel.

El secreto para ayudarle a brillar fue centrarse en los aspectos positivos de Jacob y permitir al niño hacer lo que mejor sabía: llenar el suelo y las paredes de modelos matemáticos. Sólo rodeando a los niños de amor y de lo que les gusta, se podrá sacar lo mejor de ellos afirmó la madre de Jacob.
 

En Colombia también salen adelante los autistas

La revista Semana del 15 abril de 2015 publicó el artículo: “Autismo: Un trastorno del que poco se conoce”. En él se planteó aspectos de ese trastorno y hace alusión del documento de Semana.com en él que se relata el testimonio de un joven de 28 años con síndrome de Asperger, una forma de autismo. “Diego estudió bachillerato y se graduó de ingeniería de sistemas en la Universidad de Investigación y Desarrollo, en Bucaramanga. Hoy en día trabaja con su madre en un negocio de computación”.

Continúa el relato: “Su voz parecería la de una persona menor, pero —aunque no mira a los ojos— se comunica con naturalidad, experiencia y franqueza cuando habla de autismo y de todo lo relativo a la ingeniería electrónica, “porque esos temas me gustan”. En lo relativo a otras materias parece más tímido y parco. Le interesa la astronomía, la informática y la psicología, más precisamente lo relacionado con autismo. Esto último, como dice él, “porque he tratado de ayudarme”.

Más adelante afirma: “Las personas con autismo tenemos intereses restringidos, nos obsesionamos con algo y ese es nuestro único tema de conversación. Cuando tenía seis años solo miraba mapas en los libros y de eso era lo único que podía hablar”, explica con paciencia a través de una conversación por Skype. Así que parte de la clave para ayudar a las personas con este trastorno está en el hogar y la escuela: con mucho amor y comprensión. 


Diego Arias Serna ([email protected] / [email protected])
Profesor-investigador universidad del Quindío
Especial para LA CRÓNICA


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