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En profundidad / DIC 15 2017 / Hace 9 Meses

El Caimo, un poblado para el descanso urbano

Todos sus habitantes están de acuerdo en su apacible ambiente, y eso se refleja en los rostros de los pobladores.

El Caimo, un poblado para el descanso urbano

La Institución Educativa El Caimo en donde hay sembrado un árbol frutal que hace honor al nombre del corregimiento y el colegio.

Para llegar a El Caimo, el único corregimiento de la capital del Quindío, se accede fácilmente en los buses de transporte normal que recorren las rutas de Armenia y se sigue hacia el suroccidente, tomando la calzada que conduce a La Paila.

Es una sola vía calle la que se transita, la carrera 2, a la que se entra y se vuelve a salir por dicha carretera. Se respira total tranquilidad y es destacable al recorrer sus escasas tres cuadras y no encontrar parque alguno, aunque sí esta el pequeño para los niños.

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Todos sus habitantes están de acuerdo en su apacible ambiente.  Y eso se refleja en los rostros de los pobladores, como el de doña Cecilia Medina, quien permanece orgullosa tras los “pinos educados” del antejardín de su casa.

Su ubicación como suelo urbano (dispuesto por el POT) quedó delimitada en una pequeña franja que está rodeada de aquella vía congestionada, por donde  avanzan raudos los vehículos que van y vienen del Valle del Cauca y de Bogotá.

Fue creado en 1978 y en su jurisdicción se manejan 5 veredas. La riqueza del caserío estriba en su amplitud rural, en el movimiento turístico que caracteriza a cientos de fincas de su jurisdicción, al perfil industrial que se configura en su entorno, además de los hoteles calificados y fábricas que allí se encuentran.

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Descanso

Es el sector del descanso de cientos habitantes de la capital, que tienen sus propiedades para ese destino del ocio, aprovechando los hermosos paisajes que se otean hacia la cordillera y su agradable clima.

Tampoco ha olvidado su vocación agrícola aprovechando la fertilidad de las tierras,  donde se pueden apreciar cultivos de café y plátano, incluso en el mismo marco urbano.   Dos elementos del ámbito histórico y cultural  llaman la atención sobre su existencia.

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El primero, el origen de su topónimo, que recuerda un árbol frutal, del cual no existen muchas comprobaciones actuales.  Los nombres, en este caso provenientes de la fitonimia (referencias de especies vegetales), sólo han quedado en el recuerdo de los quindianos.  Para conservar la memoria  se ha sembrado un ejemplar frente al colegio “El Caimo” pues ello trae remembranza de un árbol muy escaso.  De él existe una reseña de la etnohistoria, que nos parece muy curiosa y, además, inconfundible, porque es esa la cualidad de la fruta.

La escribió el cronista soldado Pedro Cieza de León en “La Crónica del Perú”, cuando acompañaba a Jorge Robledo en la conquista del territorio Quimbaya en el siglo XVI.  Refiriéndose a la pródiga naturaleza, menciona varias frutas, entre ellas el caimo.  Sobre este  último escribió:  “… hay en esta provincia, sin las frutas dichas, otra que se llama caimito, tan grande como durazno, negro de dentro; tiene unos cuexquecitos muy pequeños, y una leche que se  pega a las barbas y manos, que se tarda harto en tirar; otra fruta hay que se llama ciruelas, muy sabrosas; hay también aguacates, guabas y guayabas, algunas tan agrias como limones, de buen olor y sabor”.

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Pulpa

Pocos quindianos han probado esta dulce carnosidad de la pulpa del caimo, así como muy escasos coterráneos conocen otro aspect o arqueológico del corregimiento:  el llamado petroglifo (grabado en piedra) del cacique, una gran roca ubicada en las orillas del rio Quindío, que corre en el gran cañón que se aprecia a la izquierda de la vía de acceso a El Caimo.  Sus figuras, talladas por los indígenas prehispánicos corresponden a espirales, aunque presenta ese yacimiento una gran fisura en la piedra, producto, tal  vez, de un intento antiguo de fraccionamiento por parte de los guaqueros.

La sede del Hogar del Anciano Anita Gutiérrez de Echeverri, casas  recreativas de entidades y muchas fincas de esparcimiento en su jurisdicción hacen de El Caimo un lugar para el descanso urbano.

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Próxima entrega:  Quebradanegra, alcarraza y resguardo indígena.


Roberto Restrepo Ramírez
Academia de Historia del Quindío
Especial para LA CRÓNICA


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