Jueves, 15 Nov,2018

En profundidad / JUL 22 2018 / Hace 3 Meses

El de independencia, un grito que aún no se silencia

“Yo te perdono de corazón, que tú no tienes la culpa”. Frase dirigida por José María Carbonell a su verdugo el 19 de junio de 1816, momentos antes de ser ahorcado por orden de Pablo Morillo.

El de independencia, un grito que aún no se silencia

El grito de dolor, la mirada de rabia y la participación masiva de todos los marginados de los derechos básicos de una persona, harán posible un cambio social.

Como Colombia es un país de leyes, más que de ejecutorias que favorezcan a toda la población, hubo que esperar 63 años para que el Congreso de “Estados Unidos de Colombia” –nombre del país en esa época- decretara que el 20 de julio sería día festivo. Fue el 8 de mayo de 1873 mediante la Ley 60, cuando los “Padres de la Patria” decidieron que estaba bien un día de descanso para ver desfilar el Ejército con sus armas que siempre han estado al servicio del sector pudiente, y desde esa fecha se sigue conmemorando el Grito de Independencia de 1810.

Personajes como Francisco José de Caldas, Camilo Torres y Jorge Tadeo Lozano, fusilados por el ejército español, hacían parte de la élite criolla y tenían claro la diferencia entre ellos y otros grupos sociales. Caldas afirmaba: “Entiendo por europeos, no solo los que han nacido en esa parte de la tierra, sino también a sus hijos, que conservando la pureza de su origen jamás se han mezclado con las demás castas. A estos se conoce en América con el nombre de ‘criollos’, y constituyen la nobleza del nuevo continente cuando sus padres la han tenido en su país natal”.

Lea también: Otro año más del “grito emancipador”, sin independencia

El célebre “Memorial de Agravios”, escrito por Camilo Torres en 1809, fue una crítica al gobierno español por la falta de oportunidades que los criollos tenían para llegar a los cargos de decisión en la Nueva Granada y en el número de diputados de la Junta Central que gobernaba en España. Además de la exclusión del poder político, también había malestar, por la inmensa carga tributaria que agobiaba a la población, el no poder comerciar libremente con regiones diferentes a las del imperio español y el problema de siempre: la tenencia de la tierra.
 

Las élites criollas admiraban al rey

La admiración que estos criollos sentían por el rey, y el poco interés de liberarse de ese poder, se reflejan en lo que expresaba el “Memorial de Agravios”, que empieza así: “Escrito para la junta de Sevilla por el prócer Camilo Torres T. en 1809, a solicitud del Cabildo de Santa Fe. Señores: Desde el feliz momento en que se recibió en esta capital la noticia de la augusta instalación de esa suprema junta central, en representación de nuestro muy amado soberano el señor don Fernando VII, y que se comunicó a su Ayuntamiento (…)”.

Recordemos que Fernando VII —1784- 1833— estaba de rey cuando Napoleón invadió a España en 1808 y lo depuso por su hermano José I. Los historiadores consideran esa invasión como un factor externo a favor de la emancipación de las colonias americanas.

De archivo: A propósito del Grito de Independencia ¿Conmemoración o celebración?

Ese momento crítico que vivo España se reflejó en el Memorial cuando expresa: “(…) aunque ya sintió profundamente en su alma, que, se asociaban en la representación nacional los diputados de todas las provincias de España, no se hiciese la menor mención, ni se tuviesen presentes para nada los vastos dominios que componen el imperio de Fernando en América, y que tan constantes, tan seguras pruebas de lealtad y patriotismo acababan de dar en esta crisis”.

Que la España criolla y la España europea sigan unidas 

Las quejas de Torres terminan implorando para que las dos españas: la criolla y la europea sigan unidas. Así lo expresó: “¡Igualdad! Santo derecho de la igualdad; justicia, que estribas en esto y en dar a cada uno lo que es suyo, inspira a la España europea estos sentimientos de la España americana: estrecha los vínculos de esta unión; que ella sea eternamente duradera, y que nuestros hijos, dándose recíprocamente las manos, de uno a otro continente, bendigan la época feliz que les trajo tanto bien”.

Al final del Memorial señala que a estos ilustres criollos no les interesaba la independencia: “¡Oh! ¡Quiera el cielo oír los votos sinceros del cabildo y que sus sentimientos no se interpreten a mala parte! ¡Quiera el cielo que otros principios y otras ideas menos liberales no produzcan los funestos efectos de una separación eterna!”. Es decir, los próceres no querían la independencia de España, sino el control político en América y amplia representación en la madre patria.

Lea también: La educación después del Grito de Independencia

Este planteamiento lo plasma Antonio Caballero en su libro editado este año con el título: “Historia de Colombia y sus oligarquías”, cuando expresa: “Era para los criollos ricos para quienes Torres reclamaba derechos: el manejo local de la colonia, no su independencia de España. La independencia que a continuación se proclamó fue el resultado inesperado de un incidente que a la clase representada por Torres se les salió de las manos por la imprevista irrupción del pueblo”.

El florero de Llorente fue un incidente menor y el Virrey Antonio José Amar y Borbón no respondió con el Ejército a ese acto provocador. La insurrección tomó vuelo, como lo dice Caballero, cuando José María Carbonell acudió a los barrios populares a amotinar al pueblo, cuyo protagonismo no estaba previsto por los patricios conspiradores.
 


​Fue el 8 de mayo de 1873 mediante la Ley 60, cuando los “Padres de la Patria” decidieron que estaba bien un día de descanso para ver desfilar el Ejército con sus armas que siempre han estado al servicio del sector pudiente, y desde esa fecha se sigue conmemorando el Grito de Independencia de 1810. 
 

Las campanas de las iglesias congregaron al pueblo

En ese momento histórico los estudiantes —llamados chisperos— tuvieron su arrojo e irrumpieron el cielo con el sonar de las campanas de las iglesias, lo que permitió aglutinar a los despreciados pardos, los artesanos y los tenderos, las revendedoras y las vivanderas del mercado. Estando en la plaza, como afirma Caballero, hicieron poner preso al virrey y a la virreina, además, forzaron un cabildo abierto para que escogiera a los integrantes de la Junta.

Ese acto de quienes más sentían los atropellados por parte de los representantes de la Corona, fue lo que, además de ayudar a desenmascarar las aspiraciones de los criollos, indicó el camino correcto de la insurrección. Caballero nos enseña que en esa Junta tuvieron el control los ricos: los Lozano, Acevedo, Torres, quienes al día siguiente dejaron en libertad al virrey con su esposa, luego los llevaron a palacio donde le ofrecieron a él que tomara la cabeza del nuevo organismo.

Le puede interesar: El grito de la independencia

También recuerda el escritor y periodista: “hubo misa, procesiones, un tedeum de acción de gracias al que asistió toda la “clase militar”, que en pocos días ya contaba más oficiales que soldados”. Mientras los criollos hacían esas genuflexiones a quienes aspiraban reemplazar en el poder político o compartirlo con ellos, los más desamparados en los barrios formaban juntas populares motivadas con los discursos de Carbonell y el apoyo de los chisperos.

Además, el 20 de julio, cuando el Sol ya se había ocultado, los criollos y el virrey pactaron compromisos para beneficio mutuo. Mientras eso pasaba, en las calles el pueblo estaba en fiesta y pocos días después en medio del alboroto, el virrey escapó a Honda y continúo su viaje a España. Mientras huía, la Junta armó un ejército que impuso el orden y Carbonell fue enviado a prisión el 13 de agosto por su participación en el levantamiento popular. En pocos meses quedó libre por la presión del pueblo. Y Como sucede hoy, fue tildado de agitador y demagogo.

Sigue narrando Caballero: “Y apenas quince días después de proclamarse la Independencia el 20 de julio, el 6 de agosto, se celebró solemnemente, con desfiles y procesiones y el correspondiente tedeum, el aniversario de la Conquista”.  Así empezó la Patria Boba.
 

Para los pobres nada ha cambiado

Luego llegó Pablo Morillo restableciendo el orden en la Nueva Granada. Doblegó parcialmente la protesta, como lo hacen los militares: asesinando a los rebeldes; y en eso los españoles no fueron selectivos o los próceres no pudieron convencerlos de lo que ellos querían: Poder político, no independencia. Fueron al patíbulo Caldas, Torres, Lozano, Acevedo, el mismo Carbonell y otros criollos. Asimismo, llevaron al cadalso a la costurera Policarpa Salavarrieta —La Pola— ella sí rebelde convencida de la necesidad de la emancipación de la Corona.

Recomendado: La mujer y su impronta en la lucha por la independencia

208 años después de la firma del Acta de la Revolución en 1810, la situación de marginalidad de grupos humanos que había en esa época, sigue manifestándose. El 1% de los propietarios concentra más del 80% de las tierras rurales, de acuerdo a un informe de la organización internacional Oxfam. El Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural señaló recientemente que el país ocupa el tercer lugar en América Latina en donde hay más inequidad social. 

Eso sí, todos los presidentes, incluyendo a Juan Manuel Santos, declaran que se ha reducido la desigualdad, pero las calles y casas de barrios pobres, que son muchos, muestran otra realidad. Es posible que con falsos positivos se haya reducido el número de pobres. Así que se hace necesario otro Grito de Independencia contra la élite económica que por 200 años han pensado solo en ellos.


Diego Arias Serna ([email protected] / [email protected])
Profesor-investigador universidad del Quindío
Especial para LA CRÓNICA


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

logo-copy-cronica
© todos los derechos reservados
Powered by: rhiss.net