Lunes, 24 Sep,2018

Región / DIC 25 2017 / Hace 8 Meses

El eje cafetero, entre la RAP y la RET

Los llamados esquemas asociativos entre los cuales la RAP y la RET  resultan ser los más atrayentes para los departamentos.

El eje cafetero, entre la RAP y la RET

El hombre es tan inconcebible sin territorio como sin comunidad. El territorio es un constructo histórico, político y social, sede de la vida, de la producción y la reproducción del ser humano. Esta condición lo objetiva, lo torna valioso y objeto de disputas. La humanidad lo construye, lo moldea y lo destruye a lo largo de los años, conforme a su cultura, a sus valores, a su concepción de la vida, del mundo, de sus necesidades. Entre el hombre y el territorio se genera una interacción dialéctica lo mismo que un vínculo vital de identidad y pertenencia que como toda relación puede fortalecerse, romperse o deteriorarse, conforme a determinadas circunstancias. Antaño, las sociedades primitivas concebían el territorio y la naturaleza como simiente de la vida, y de ahí la deificación de sus elementos ―del sol, del agua, de las montañas― contrario a la profanación contemporánea. Pero la relación sociedad-territorio cambia sustancialmente en el transcurso de la historia, interferida por valores geo-políticos y mercantiles. La noción moderna del territorio está íntimamente vinculada a las relaciones de poder y de dominio.

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Las muchas guerras civiles en Colombia, por ejemplo, fueron guerras por el territorio. Así mismo la expansión territorial en tanto codicia de poder está en los orígenes de las guerras mundiales y otros conflictos locales. Bossano, geógrafo argentino, dice del territorio que, “…es un lugar de variada escala –micro, meso, macro- donde actores ―públicos, privados, ciudadanos, otros― ponen en marcha procesos complejos de interacción –complementaria, contradictoria, conflictiva, cooperativa…”. Entonces, ¿qué es el territorio, sino el lugar donde el hombre nace, crece, se reproduce y muere? ¿Qué es el territorio sino el punto de arranque de la historia? 


Ni descentralizadas ni autónomas

La Constitución Política dice en el artículo 1°, que “Colombia es un Estado social de derecho, organizado en forma de República unitaria, descentralizada, con autonomía de sus entidades territoriales, democrática, participativa y pluralista, fundada en el respeto de la dignidad humana, en el trabajo y la solidaridad de las personas que la integran y en la prevalencia del interés general”. Pero el desfase entre la Carta Magna y la realidad nacional es tan notorio como la distancia entre la tierra y el sol. Por señalar sólo cuatro oposiciones Colombia no es descentralizada, democrática, participativa, pluralista, ni las entidades territoriales son autónomas. Ahora bien, ¿si la Constitución lo establece, porqué sus mandatos no se cumplen? Respuesta: porque los gobiernos no son serios; porque existen intereses creados; porque hay corrupción; porque “la ley es para los de ruana”, etc. Un sinnúmero de razones explican la discordancia entre la Constitución y la práctica. Ninguna válida, por supuesto, porque por encima de cualquier interés la ley debe cumplirse.

Pero el hecho de que la Constitución no se cumpla es un hecho grave por el cual debe responder el Estado. Desafortunadamente al Estado colombiano hay que demandarlo para que asuma sus responsabilidades constitucionales, lo cual resulta aún más grave.

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Las entidades territoriales en Colombia (departamentos, los distritos, los municipios y los territorios indígenas, artículo 386, CN) no son descentralizadas ni autónomas. Están sometidas al poder central, el cual es renuente ―entre otras cosas― a transferirles recursos suficientes para que puedan desarrollarse y ejercer la autonomía que manda la Constitución. Según el Centro de Estudios Regionales de la Federación Nacional de Departamentos los dineros generados por los impuestos los distribuye el Gobierno Nacional, así: 82% para la nación, 13% para los municipios, y 5% para los departamentos. Estas decisiones no son tomadas únicamente por el Presidente de la Republica, por su ministro de hacienda y sus asesores económicos; también por el Congreso, es decir por los senadores y representantes (voceros políticos de las regiones) y autores de la política de ordenamiento territorial. En consecuencia, también ellos son responsables de que el Estado mantenga y reproduzca su estructura centralista. Las regiones son fortines electorales. El desarrollo, los ciudadanos, el bienestar, son secundarios.


La idea de la asociatividad

Veinte años después, guiada por el espíritu descentralizador de la Asamblea Constituyente del 91 la ley abre algunas posibilidades a los departamentos y municipios para compensar, mínimamente, la reticencia de los gobiernos nacionales al reconocimiento de la autonomía y la descentralización, archivada en la Constitución. En efecto, en algo semejante a un esperanzador salvavidas lanzado al espeso mar del centralismo, la LOOT (Ley 1454/2011), crea los llamados esquemas asociativos entre los cuales la RAP y la RET resultan ser los más atrayentes para los departamentos. La RAP viene siendo el primer escalón hacia el encumbrado escenario de la descentralización. Y Caldas, Quindío y Risaralda han optado conjuntamente ―con decisión y entusiasmo― acometer el ascenso para no quedar rezagados frente a los 16 departamentos, del Pacífico, del Caribe, del Centro, que ya coronaron. Es cuestión de aprovechar la oferta de la ley para ponerse a tono con la época. ¿Cómo surgió la idea? “Empezamos a hablar antes de la posesión, no de RAP, propiamente, pero sí de integración”, ―explicó el Gobernador de Risaralda el 12 de diciembre, día de la Cumbre-. “Hablamos de buscar inversionistas, de seguridad, de turismo, de conservar el agua, de agroindustria, de terminar la autopista del Café, de mejorar la calidad de vida de dos millones de habitantes”.

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Antecedentes

Hasta antes del 2016 las posibilidades de una integración colaborativa entre los Gobiernos del Eje Cafetero, para emprender tareas de envergadura regional ―así fuesen estratégicas― se diluían entre evocaciones, prevenciones y desconfianzas mutuas, producto de la accidentada historia que culminó en el 65 con la desmembración de Caldas. Entonces, poco se hablaba del tema aunque no dejábamos de reconocer los lazos que nos vinculaban como hechuras de la misma historia. Hasta que el milagro cobró cuerpo. Las presiones de la historia global, de la economía global, de la asfixia centralista, de los desequilibrios y necesidades regionales y locales, indujeron el inicio de este dialogo oficial que será más legítimo y enriquecedor en tanto los demás actores se involucren en esta decisión. Decisión ratificada no solo en el Acuerdo de Intención de Chinchina, en diciembre de 2016, sino además en tres Cumbres de Gobernadores, en reuniones de los equipos técnicos, y en otros eventos preparatorios como el Simposio de Experiencias de Esquemas Asociativos, celebrado en Armenia el pasado 30 de noviembre, donde el leiv motiv de la narrativa de los asistentes ―de la Comisión de Ordenamiento Territorial del Senado de la República, de las RAP constituidas, y de la Federación Nacional de Departamentos― fue el apoyo y la congratulación por la propuesta de asociatividad del Eje. En opinión de este cincuenta por ciento de departamentos asociados, crear la RAP Cafetera ha sido una determinación estratégica acertada, adoptada en consonancia con la dinámica nacional por la descentralización, necesaria de concluir. Absurdo e improcedente le resultaría, pues, a los tres departamentos, marginarse de tan importante proceso político. Sería equivalente a renunciar ―a cambio de nada― a la posibilidad de la autonomía.


¿Hacia la RAP pacífico?

Es natural que en este debate inicial surjan diferentes posiciones alrededor del interrogante, ¿hacia cuál RAP nos encaminamos? No es fácil la respuesta, es complejo el asunto. Pero más allá de los intereses inmediatistas, gremiales y geo-políticos que pudiesen existir, hay que aportar elementos sustanciales, coherentes con la urgencia de mejores perspectivas para la región. La unión con el Pacífico es importante, nadie lo duda, como que hacia allá se desplaza el eje de la economía mundial; con la RAP del Centro ni se diga, origina el 37% del PIB. La tercera posibilidad nos acercaría a Antioquia, pero hasta ahora los “paisas” oficialmente no se pronuncian. Sobraría hablar de su interés por la descentralización y por la autonomía. Basta recordar el slogan “Antioquia Federal”, vivo todavía en algunos sectores políticos. 

Sin embargo, frente a las muchas razones existentes para que el Eje apunte por una u otra opción asociativa, el asunto implica sopesar argumentos lógicos: 1), el Eje no debe entrar desunido a tal o cual RAP, pues su debilidad individual ―económica, política, demográfica― es evidente; 2), en consecuencia, ante todo, debe organizarse territorialmente y fortalecerse institucional y políticamente; 3), debe constituir la RAP Eje Cafetero bajo las premisas de la complementariedad y la solidaridad. Constituido como tal no se le cerrarán las puertas a ninguna economía; 4), una vez fortalecido, puede darse el lujo de escoger compañía, o de continuar explorando expectativas; 5), si bien el objetivo es la RET, también lo es la competitividad, la calidad de vida, el futuro.


Conclusión 

Integrarnos con Caldas y Risaralda para crear la RAP del Eje Cafetero ―camino a la RET― será una decisión tan definitiva e histórica, igual que hace 50 años cuando resolvimos separarnos de Caldas. ¡Vaya paradoja! El Quindío no puede continuar aislado, pretendiendo desconocer que el mundo global ―el mundo allende La Línea, allende los ríos Robles y La Vieja― no nos incumbe, porque justamente en esa vasta globalidad se decide ―a diario― la suerte del planeta. Y hay que hacer presencia, y estar activos donde se toman las grandes decisiones. “Vivir con los ojos cerrados, interpretando mal todo lo que se ve, es demasiado fácil”, dijo John Lennon, hace medio siglo, y a la luz de lo que ha sido nuestra historia reciente la reflexión del Beatle vale todavía.


Eddie Polanía R.
[email protected]
LA CRÓNICA


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