Miércoles, 19 Jun,2019
En profundidad / JUN 09 2019 / hace 1 semana

“El perdón te vuelve victorioso”: Leonel Narváez

Es conferencista en muchos escenarios nacionales e internacionales. Leonel nos habla de esta región, donde vive su familia y él visita cada vez que puede sacarle unos días a su trabajo incansable.

“El perdón te vuelve victorioso”: Leonel Narváez

Leonel sabe de eso, “hay millones de personas perdonando”. Sabe de violencias y de perdón desde que nació. Lo trajeron “chiquitico” dice, desde Argelia, Antioquia, a Génova, cuando su familia fue desplazada de su tierra por violencia. Y llegaron precisamente a otro pueblo donde había mucha violencia. Recuerda Leonel Narváez, un sacerdote quindiano por adopción, un personaje que enorgullece a su región por todos los premios y distinciones, pero más aún por los corazones y las almas que ha transformado en un camino de perdón profundo.

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Leonel es sacerdote misionero de La Consolata. Filósofo y sociólogo de profesión, con postgrados de la universidad de Cambridge y de la universidad de Harvard. Es un trotamundos, trabajó 10 años con tribus nómadas en las zonas desérticas de Kenia, Sudan y Etiopía, y vivió diez años en la Amazonía colombiana. Allá su misión fue acompañar las negociaciones con las Farc que se hicieron entre 1998 y 2001.

 

Es más fácil pedir perdón, es más difícil dar perdón. Y lo que pasa es que la palabra perdón lleva dentro de su etimología una inspiración formidable y es que perdón viene de perfecto”.  


Es gestor y actual presidente de la Fundación para la Reconciliación. Con esta obra se ha ganado varios premios de paz, como el Unesco de Educación para la Paz 2000 en mención de honor, la Orden de la Democracia en 2007 del Congreso de la República de Colombia y la Orden Civil al Mérito, del concejo de Bogotá. Su propuesta de Escuelas de Perdón y Reconciliación, Espere, se ha extendido a 21 países de Latinoamérica. Ha desarrollado también los modelos PCR —Pedagogía del Cuidado y la Reconciliación—, y Paz en la Empresa. Entre sus libros están Cultura política de perdón y reconciliación del 2011, y La revolución del perdón de 2013.

Es conferencista en muchos escenarios nacionales e internacionales. Leonel nos habla de esta región, donde vive su familia y él visita cada vez que puede sacarle unos días a su trabajo incansable. “Pienso que el mensaje para el Quindío, que fue la cuna de Tirofijo y donde nació un movimiento armado, es que las armas no solucionan los conflictos y por el contrario son el fracaso de la palabra y la conversación, que son lo único que puede resolver. 

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“El proceso de paz es un avance enorme, estamos en los primeros meses o días de una criatura que recién nace y la paz como cualquier sujeto histórico, nace pequeña. Quiere decir que está expuesta a muchas enfermedades, es frágil, en peligro, porque un bebé es siempre frágil, ahí entra la gran responsabilidad, porque los cuidados maternos nos corresponden a todos los colombianos. Sin duda, lo más importante es el cuidado. Yo soy optimista y creo que hemos dado pasos muy importantes en Colombia.

Los quindianos tenemos una memoria triste de mucha violencia, que me tocó vivir en los años 60. Mi niñez fue muy traumática —superada—, pero muy ingrata. Entonces yo vengo explicando en Colombia y en muchos otros países donde estamos trabajando, que esa memoria de violencia y de dolor solo se supera con la cultura ciudadana del perdón. Esa cultura es un giro narrativo de cómo uno pasa de las ganas de venganza o retaliación, a la compasión. La compasión es la bondad hacia el otro. Si alguien me trata con violencia, con él tengo que ser más bondadoso, y el perdón se da al que no lo merece y al que no lo pide”. Nos llega a la conversación esa frase contundente y difícil de aplicar que nos devuelve el desafío a cada uno: “Quiere al que menos lo merece porque es el que más lo necesita”. 

Leonel Narváez sostiene que es sí posible: “Todo empieza con la palabra dulce y el caminar sereno. Cuando uno es capaz de generar mirada dulce, amable, todo alrededor de uno comienza a cambiar. Tengo miles de historias. En Colombia hay millones de personas perdonando”. 

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Nos cuenta una de las más estremecedoras: “Vi en Manizales a una chica con un muchacho que la molestaba y ella lo despreciaba, una chica muy bonita. Había tenido un bebé con un hombre que la abandonó. A ese que la seguía, un día en la calle 23 de Manizales le dio un empujón y le dijo ‘no moleste más’ y el tipo regresó y le pegó tres tiros al bebé. Como estaban en una calle muy central, lo cogieron y lo condenaron a 18 años de cárcel. La joven estuvo en nuestras escuelas del perdón y la reconciliación y le dimos este mensaje y ella fue a la cárcel con las damas que llevan ayudas a los presos. Le dijo al asesino de su hijo quién era ella y la historia corta es que ellos dos se enamoraron y hoy en día están casados y a él le quedan dos años para salir de la cárcel. Él ha reducido tiempo porque todo este proceso de perdón a él lo trasformó y ya tiene dos carreras y desde la cárcel sostiene al hijo que tuvieron y a ella. Es posible perdonar hasta lo más difícil”.

Argumentó: “El perdón lo aprendí luego de que fracasaron las negociaciones del Caguán. Estudié sociología y me especialicé en temas de conflicto. Y después de las negociaciones fallidas comencé a entender que hay causas internas en toda persona que yo las resumo en tres erres: rabias, rencores y retaliaciones. Y el secreto de superar esas tres erres es el camino del perdón.

Las personas que han sufrido dolor, traumas de la violencia y sobretodo las más golpeadas, descubren el perdón como la herramienta más transformadora de su dolor. En cambio, los otros son personas que se quedan cavernarios, arcaicos y reptílicos. Prácticamente, el esfuerzo que hay que hacer es pasar de la bestia de la caverna, al ángel que tenemos todos por dentro. Es generar narrativas nuevas y en mi experiencia de casi 20 años ayudando a la gente, veo que esto es completamente posible”.
 

...las armas no solucionan los conflictos y por el contrario son el fracaso de la palabra y la conversación, que son lo único que puede resolver”.


Aseveró: “Es más fácil pedir perdón, es más difícil dar perdón. Y lo que pasa es que la palabra perdón lleva dentro de su etimología una inspiración formidable y es que perdón viene de perfecto.  Perfecto es lo que está superbien hecho y el perdón es el don máximo, es el don perfecto. Por eso es que una persona que entiende el significado de la vida, entiende que nació para ser un don. Así como el sol, el agua, la vida misma es un don. El que no entiende que nació para ser un don, perdió el viajecito. Por eso es que la educación de hoy y del futuro es educar a los niños a ser un don, y esas dos palabritas son la revolución contra la economía que quiere amontonar, quitarle al otro, que no se preocupa por la naturaleza, que no le importa dañarla con tal de producir toneladas de plástico… Once años en el desierto del Sahara, trabajando entre nómadas me permitieron entender que la vida entre más sencilla, mejor. Y que entre más ligero de equipaje, mejor viajas en el camino de la vida. El perdón no cambia tu pasado, pero si tu futuro, porque el perdón te saca de ser víctima y te vuelve victorioso”. 

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Explicó que está empezando siete centros de reconciliación en los barrios más duros de Medellín. “El que más nos ha ayudado es el gobierno. Lo más paradójico es que todos los gobiernos entienden la importancia de la cultura ciudadana del perdón y lo más trágico es que la entidad que menos ayuda es la iglesia. Si hay alguien que haya conocido mi trabajo es el actual obispo de Armenia, Carlos Arturo Quintero. Él ha decidido transversalizar toda su actividad pastoral en las parroquias del Quindío con la cultura ciudadana del perdón”. Pocos como Leonel saben que sí es posible.


Ana Catalina Velilla Moreno
Especial para LA CRÓNICA
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