Jueves, 22 Ago,2019
En profundidad / MAR 31 2019 / hace 4 meses

El planeta y un sector social, esclavos de la avaricia

Se pasó de la esclavitud del pueblo africano, con no pocos muertos, al extermino de millones de personas en sus propios países y la apropiación de sus recursos naturales. 

El planeta y un sector social, esclavos de la avaricia

Mujeres, niños y adultos miran hacia la lontananza, buscando un futuro que no ven en su país, el Congo. Mientras las potencias se apropian de sus recursos naturales, la muerte ronda.

Tanto la Tierra como los humanos cuya casa materna es África, vienen siendo víctimas de la codicia. El consumo desaforado, la destrucción de los bosques, la contaminación del aire y el agua, están obligando al planeta a girar con dolor. Además, los países de occidente, sobre todo los que han sido potencias, han traficado con los africanos. Los vendieron como esclavos, los han explotado miserablemente y como si fuera poco, África, cuna de la humanidad, sigue siendo ultrajada.

La deforestación sigue su avance. El Amazonas va perdiendo su variedad de colores verdes y la poda de árboles destruye la flora y la fauna, y el negocio de las empresas madereras enriquece las arcas de unos pocos. La explotación minera crece sin pudor y afecta uno de los pulmones del planeta, además se está contaminando el agua y enfermando la vida de sus ríos. Las cifras son alarmantes: Según algunas ONG, si no se toman medidas, para el 2020 se habrá perdido más de 800 mil hectáreas de bosques. Brasil y Colombia compiten a ver cuál destruye más.

Durante varias centurias, la ‘civilización’ occidental atropelló a más de 15 millones de hombres, mujeres y niños, quienes fueron víctimas de la deplorable trata transatlántica de esclavos, manchando la historia de la humanidad. Como si fuera poco ese abuso, los países europeos, unos más que otros, con el acompañamiento de EE.UU. y el contubernio de gobernantes nativos, siguen ultrajando a ese continente.

Para llamar la atención de la sociedad, varias ONG, la ONU y la Unesco, hacen proclamas y determinan fechas del año en las que se resalta las anteriores problemáticas y otras más. Por ejemplo, el Fondo Mundial para la Naturaleza, WWF —por sus siglas en inglés—, propuso en 2006 que todos los años —el 30 de marzo— se apagasen las luces entre las 8:30 y 9:30 de la noche, es ‘La hora del planeta’. Según WWF, en 2018, 188 países se unieron a esta propuesta y 17.900 monumentos apagaron sus luces. El Empire State de Nueva York y la Torre Eiffel en Paris, por ejemplo, ocultaron su belleza.

Asimismo, cada año, el 25 de marzo, la Unesco invita a hacer un reconocimiento al grupo humano que fue esclavizado. Por eso esa fecha fue el Día Internacional de Recuerdo de las Víctimas de la Esclavitud y la Trata Transatlántica de Esclavos. Se quiso recordar a aquellos que sufrieron y murieron a manos de este brutal sistema de esclavitud. Otro objetivo de esa conmemoración fue el de generar conciencia sobre los peligros del racismo y los prejuicios en la actualidad. 

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El planeta convertido en basurero 

Pero es pertinente preguntarnos: ¿Son útiles esas conmemoraciones? Cuando se conoce el estado del planeta que ha sido convertido en un basurero, y se conoce que tanto en el siglo pasado como en este XXI, se sigue insultando a futbolistas porque su piel no es blanca, además sabiendo que grandes empresas extranjeras y gobernantes de países llamados civilizados, siguen explotando a países africanos y, peor aún, sembrado los conflictos armando a mandatarios y sectores de la población. Entonces hay que decir que esas fechas son meros  golpes de pecho, que no generan eco en la conciencia. 

No nos importa la advertencia de los expertos que nos alertan, que de seguir con el ritmo de producción y consumo actual, en el 2050 el mar tendrá más plástico que peces. Tampoco nos llama la atención las señales de alarma que dan los estudiosos del cambio climático, así como el mismo comportamiento del clima en este siglo. La temperatura media sigue aumentando. Los fenómenos de La Niña y El Niño, ya no tiene un comportamiento regular. Los polos se descongelan, el nivel del mar está aumentando y la fauna se está afectando con mayor prisa. Por ello, la WWF le agregó al apagón tres retos más.

Propone reducir las emisiones de efecto invernadero, GEI, a la atmósfera con el fin de minimizar el calentamiento global. Otro reto consiste en mermar el consumo de carne, pues producir un kilo de carne roja requiere 17.000 litros de agua. La carne de cerdo es más benévola con el agua, puesto que producir un kilo solo se necesita 4.500 litros de agua. La FAO atribuye a estos alimentos un 14,5% de las GEI.

El tercer reto es el de evitar o disminuir la producción y consumo de plástico, porque cada año se contamina la Tierra con 100 millones de toneladas de plástico. Evitar el uso de pitillos, tener su pocillo en el sitio de trabajo para tomar bebidas y llevar al mercado bolsas de tela o cabuya para no usar las plásticas. Asumir esos retos ayuda al planeta y si se le da énfasis al consumo de frutas, verduras, legumbres y leguminosas, estamos dándole vida a la naturaleza.


África, víctima del hombre civilizado

Por otra parte, seguimos sin superar el atropello del que históricamente han sido víctima los pueblos africanos. Es sano recordar que, durante varias centurias, más de 15 millones de personas fueron sometidas a la deplorable trata transatlántica de esclavos, uno de los hechos más repugnantes de nuestra historia. Pero qué nos pasa que olvidamos los errores cometidos y, lo más grave, se sigue ultrajando al africano.

Joan Carrero Saralegui es un español que lleva décadas luchando contra todas las injusticias a que son sometidos sectores sociales. Por su actividad ha sido postulado desde el 2.000 por varias personalidades, como candidato al Nobel de la Paz. Adolfo Pérez Esquivel, ya laureado con ese Nobel, ha estado con el grupo que ha liderado esa propuesta. Carrero publicó en 2008 el libro: África, la madre ultrajada. La verdad sobre los conflictos de los Grandes Lagos que las potencias occidentales se empeñan en ocultar. 

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En la contraportada se presenta una excelente presentación del texto: “Desde el 1 de octubre de 1990, el frente patriótico ruandés y el ejército ugandés han provocado en Ruanda y en el Congo los mayores crímenes contra la humanidad, ocurridos desde la Segunda Guerra Mundial. Más de ocho millones de personas, entre ellas nueve españoles, han perdido la vida. Pero, sorprendentemente, semejante desgracia ha suscitado una escasa atención en el resto del mundo. Hoy en día, una realidad que no aparece en nuestros medios de comunicación es como si no existieran”.

Continúa afirmando: “Pero la falta de imágenes no es casual. Ha habido y sigue habiendo poderosos intereses internacionales para que esta terrible realidad no llegue a nuestros hogares a través de las pantallas de televisión. Solo la derrota del régimen nazi permitió conocer lo que algunos sabían pero el mundo no quería ver: Auschwitz, Treblinka, y otros campos de concentración existían”.


África, cuna de la humanidad, sigue siendo ultrajada. La deforestación, principal problema.


La tragedia de los Grandes Lagos, olvidada 

Termina la contraportada expresando: “El día en que la tragedia de los Grandes Lagos ocupe los espacios que se merece en los medios de comunicación, estaremos ante la página más bochornosa de la historia de Occidente y de la ONU desde su creación (…)”.  Veamos qué afirma Carrero. En el capítulo 1 el libro expresa, entre otras cosas, lo siguiente: “El 1 de octubre de 1990 se produjo la terrible agresión ‘liberador’ de Ruanda por parte de Uganda que desestabilizó todo el África de los Grandes Lagos”. 

Agrega: “Unos 4.000 hombres fuertemente armados, incluso 7.000 según otras fuentes, atacaron Ruanda en esa fecha. Eran experimentados oficiales y soldados del NRA, la guerrilla liderada por Yoweri Museveni que, tras derrocar a Milton Obote y alcanzar el poder en Uganda en 1886, era ya en aquel 1990 el ejército regular ugandés (…)”. 

Añade: “Envalentonados y eufóricos gracias a su victoria en Uganda y a los vientos internacionales que soplaban a favor del nuevo líder emergente, Yoweri Moseveni, desde decisivos centros mundiales del poder, especialmente desde poderosos grupos económicos y políticos del Reino Unido y Estados Unidos, los vencedores ponían ahora su mirada en la conquista de Ruanda”. 

Carrero cita a Peter Erlinder, un analista de Gloval Research y abogado principal de la defensa del Tipr, y por sus comentarios es un caso especial del experto anglosajón que reconocer la responsabilidad de EE.UU. y Gran Bretaña, en el crimen sobre el pueblo africano.  En su artículo: Los aliados de Estados Unidos y del Reino Unido expolian las riquezas del Congo mientras mueren millones de personas,  escrito en noviembre de 2008, manifestó: “No es ninguna casualidad que Uganda y Ruanda sean dos de los mayores receptores de ayuda económica y militar de Estados Unidos y la Gran Bretaña en África”.

Agrega: “Las guerras iniciadas por Yoweri Museveni en Uganda y por Paul Kagame en Ruanda han hecho estragos en África central desde la invasión de Museveni en 1981 para hacerse con el poder en Uganda, sobre quien la Cruz Roja informó que había asesinado al menos 300.000 civiles cuando tomó el poder en 1986”.


Millones de muertos deja el tráfico de diamantes y minerales

Peter Erlinder señala que “las verdaderas razones de la guerra permanente en el Congo están descritas con detalle en varios informes de grupos de expertos del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, los cuales dejan claro que la guerra y las muertes civiles en la zona oriental del Congo desde 1996 poco tiene que ver, si es que lo tiene, con ‘tribus’, ‘etnias’ o, incluso con el genocidio de Ruanda. En su lugar, tiene todo que ver con el expolio de los recursos del Congo por los militares ruandeses y ugandeses y por sus ayudantes locales […]”.

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Afirma además que “Ruanda y Uganda se han convertido en los centros más importantes de comercio de diamante, metales preciosos y otros recursos naturales, que no extraen en ninguno de estos dos países […] pero que existen en grandes cantidades en el Congo. En 2003 los informes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas fijaron el coste en vida civiles en unos tres millones —el cálculo actual es de más de cinco millones de vidas hasta el momento—”.    

Por otra parte, Joan Carrero citó al escritor Gaspar Musabyinama quien en su libro: Rwanda le triomphe de la criminalilté politique expresa: “Guerra de guerrilla especialmente cruel que creaba sistemáticamente el caos y los enfrentamientos étnicos y sociales; asesinatos políticos que eran atribuidos al Ejército gubernamental, y enrolamiento sistemático de niños soldados, dócil carne de cañón, inconsciente del peligro y de una obediencia ciega”. 

Para enseñarnos cómo controlan con mentiras a la sociedad afirma: “El país piloto en la región, citado como ejemplo de estabilidad y de eficacia neoliberal, ha sido Uganda, el país en donde, sin embargo, está el origen de la oleada de violencia que ha atravesado el África Central”.  Así que las potencias siguen ejerciendo las funciones de siempre: atropellando pueblos, usando ejércitos mercenarios y apropiándose de los recursos minerales.


Por Diego Arias Serna
Profesor-investigador universidad del Quindío
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