Miércoles, 14 Nov,2018

General / AGO 14 2016 / Hace 2 Años

El Museo del Oro Quimbaya, un lugar con doble nacionalidad

En la celebración de los primeros cincuenta años del Quindío es justo e imperioso referirse a uno de los recintos más importantes, que además está cumpliendo 30 años de existencia en el entorno cultural de este departamento.

El Museo del Oro Quimbaya, un lugar con doble nacionalidad

En suu interior se guardan, se exhiben y se validan para la memoria del país los tesoros de la nacionalidad y de la historia regional. Ellos son la colección permanente de piezas arqueológicas de oro.

Tuve la fortuna de laborar en este destacado lugar de la memoria arqueológica e histórica de la región.  Cuando me vinculé al Banco de la República en Armenia, en noviembre de 1986, el Museo celebraba cuatro meses de constantes tareas divulgativas y educativas en aras de dar a conocer a los quindianos el valor de sus colecciones.

Todavía se contaban las historias de su inauguración, en julio, con la asistencia del presidente Belisario Betancur y el gerente del Banco de la República, el quindiano Hugo Palacios Mejía, y de muchas figuras del medio cultural regional y local, incluyendo las autoridades administrativas de Armenia y el gerente del Banco en Armenia, acompañado de sus funcionarios del Área Cultural.

Las anécdotas de esa noche de inauguración son también recordadas.  Sobre todo las que se refieren a la mojada de zapatos elegantes de muchos asistentes al acto, cuando los introducían en los canales o atarjeas del espacio central de esa simbólica arquitectura que nos regaló el arquitecto Rogelio Salmona. Por allí corría el agua, impulsada por un silencioso mecanismo, además alumbrada tenuemente por las luces dispuestas en su recorrido.

 Más de uno recuerda el evento por el refresco cultural de sus pies, parodiando además ese hecho con el baño poético de los calarqueños en su río Santo Domingo.

Premio nacional

Para el Quindío, en sus veinte años de vida administrativa, nacía el más destacado proyecto cultural.

Muy pronto el Museo cosecharía los primeros reconocimientos, como fueron el Premio Nacional de la Bienal de Arquitectura 1986 – 1987 y el reconocimiento nacional de Fundalectura a la labor desarrollada en uno de sus espacios singulares, la Sala de Lectura Infantil. (Premio a La Mejor Labor de Promoción de la Lectura en 1996).  

Proteger el patrimonio quindiano

Son 30 años de silencioso trajinar cultural buscando (como lo anuncia el postulado misional de su organismo rector) proteger el patrimonio cultural de los quindianos. Y es que en su interior se guardan, se exhiben y se validan para la memoria del país los tesoros de la nacionalidad y de la historia regional. Ellos son la colección permanente de piezas arqueológicas de oro, cerámicas y líticas que se han presentado al público a través de dos guiones museográficos, el último con el ajuste y actualización que exige el rigor histórico y científico.

La compilación de prensa escrita, revistas, libros y documentos de la región, que conforman un interesante fondo de información llamado Centro de Documentación Regional.

 Una renovada, solicitada y agradable colección de libros infantiles que han formado público desde la consigna de la lectura, en un espacio donde además se impulsan actividades literarias y de construcción textual.

 Un conjunto de jardines, plantas ornamentales y especímenes vegetales como el guamo y el achiote, que engalanan un recorrido con visos de historia y patrimonio natural.  Algunas obras de arte y de la plástica. 


Se puede decir que estos imponderables bienes son el mayor patrimonio archivístico de los quindianos. Allí se encuentran, por ejemplo, tres piezas de oro de uno de los hallazgos arqueológicos más famosos de Colombia, efectuado en Puerto Nare en 1988, llamado popularmente el Nuevo Tesoro Quimbaya.

 Un bello ejemplar del libro (o la primera reseña turística de Armenia) publicado en 1936, de los autores Eduardo Londoño Restrepo y Guillermo Jaramillo Arango, que además tiene estampillas antiguas en sus páginas adheridas por el propietario, quien lo entregó al Museo.  El boceto del maestro Antonio Valencia Mejía sobre su obra mural “La Epopeya del Quindío”. 

El jardín de abejitas

En el recorrido del jardín, pequeñas colmenas de abejitas “angelitas”, las mismas que empleaban los indígenas prehispánicos en sus labores de orfebrería, mediante la técnica de la cera perdida.  Colecciones completas y relativamente bien conservadas de periódicos desaparecidos del medio regional; entre ellos llama la atención el que circuló en Pereira en 1936, “El Quindío”, como un presagio de la independencia de esta región ocurrida 30 años después.

Con la presencia de este centro cultural, Armenia debe sentirse como una ciudad privilegiada ya que es uno de los seis Museos del Oro que tiene Colombia. Además es el único del centro occidente de Colombia.  

Entre 1986 y la primera década del 2000, se exhibió la colección orfebre en el marco de una información tradicional que giraba en torno del tema de la Cultura Quimbaya.

 El segundo guión, el actual, retomó la actualización arqueológica sobre la historia  prehispánica de la zona del Cauca Medio, a la luz de las nuevas investigaciones.

 Por esta razón encontramos dos salas de oro. La primera resalta el desarrollo poblacional de los primeros pobladores (cazadores y recolectores) y las características tipológicas del más antiguo poblamiento de orfebres y ceramistas, denominado el Período Temprano, y al cual pertenece el conjunto denominado El Tesoro de los Quimbayas.

Aparece también en esta sala la reseña científica sobre la evidencia poblacional más antigua del Quindío, llamada Salento 24, con 9.730 años de antigüedad.

Paneles informativos

Separando la primera y segunda salas, uno s paneles informativos nos recuerdan la razón de ser de este museo, basada en el propósito de lo educativo en la conformación de una conciencia para conservar el patrimonio arqueológico.  

Allí, especialmente los estudiantes, comprenden la diferencia entre guaquería y arqueología, como que esto ha sido el punto de partida para despejar de nuestro imaginario colectivo el pasado nefasto de una tradición de saqueo que ha permitido la destrucción de miles de tumbas indígenas y no ha dejado progresar el afianzamiento de la investigación arqueológica en el Quindío.

Al entrar a la segunda sala, se nos aclara el panorama de la cronología en la región del Cauca Medio, cuando nos enteramos que la mayoría de piezas de oro, piedra y cerámica que hemos conocido  (ya en salas de exhibición, ya en colecciones descontextualizadas) corresponden a la existencia de un segundo período poblacional, el Tardío, que ocupó esta región entre el 800 y la época de la Conquista y al cual pertenecieron los quimbayas históricos que encontró Jorge Robledo en 1541, pero también los grupos que habitaban el territorio que hoy se llama Quindío.

Al final del recorrido, encontramos la realidad etnográfica representada en piezas actuales de los indígenas embera chamí. Con este capítulo entendemos que no sólo nos interesa el pasado, sino el presente étnico.
Sus maletas didácticas o viajeras también han cumplido un importante papel formativo: han llegado a muchos sitios distantes de la geografía quindiana y aún a los municipios del norte del Valle del Cauca.

Difusión internacional

Ningún sitio del Quindío ha tenido tanta difusión y apertura tecnológica a través de su información hacia el mundo entero como lo es el Museo del Oro Quimbaya. En 1990, una ponencia sobre su rol educativo llegó hasta el I Congreso Mundial de Arqueología en Barquisimeto y desde entonces no sólo su majestuosa edificación (declarada hoy como uno de los bienes de interés cultural arquitectónico nacional), sino sus piezas de oro exhibidas se extienden en las redes internacionales a través de esas fotos que las reseñan como el legado de las culturas indígenas prehispánicas que las produjeron y que hoy están en el edificio de la memoria.  

El Museo del Oro Quimbaya no es sólo estética y esplendor del metal.  Tampoco es tipo cerámico y durabilidad de lo lítico.

 Es proceso educativo a través de sus colecciones. Por esta razón, desde 1986, incesantemente, se han desplegado actividades diversas en todos los órdenes y sus salas han estado abiertas a la exhibición de otras muestras artísticas, etnográficas y fotográficas, contribuyendo ello al enriquecimiento de la discusión sobre nuestras identidades culturales.

Variada actividad cultural

Desde sus comienzos se implantó una variada programación cultural y un desarrollo talleril que buscaba en los niños (sus más asiduos visitantes) la germinación de una semilla del respeto a la diferencia.

Eso se ha logrado, por ejemplo, con los talleres de cerámica y fundición a la cera perdida o con las salidas al contexto arqueológico del Quindío. Pues es grato escuchar hoy de labios de un adulto quindiano que tal proceso se cultivó y fructificó en ellos gracias a la visita que hicieron de niños a esta soberbia construcción del ámbito arqueológico.

Puedo decir hoy, con orgullo, y como le puede acontecer a miles de quindianos, que el Museo del Oro me transformó, que hizo crecer en mí el sentimiento de quindianidad y que es todavía mi segunda casa.

 Cada visita que hago es una experiencia nueva. Encuentro en los anaqueles del Centro de Documentación Regional un antiguo o nuevo libro del Quindío que me transmite el espíritu de su creador.  

Cada libro infantil es también entretenido para mi condición de adulto mayor. Y en cada pieza arqueológica encuentro los mensajes del pasado como aquel simbolismo que refleja la disposición de su artífice.

Sólo faltan en el Museo del Oro Quimbaya —y sabemos que algún día llegarán— las 122 piezas de oro que en el siglo XIX un presidente colombiano obsequió a España Con las gestiones de instituciones responsables, como la Academia de Historia del Quindío, lograremos repatriar el llamado Tesoro de los Quimbaya a este lugar, que es, en doble condición, un Patrimonio de la Colombianidad, por su arquitectura y su colección arqueológica.

 

Por Roberto Restrepo Ramírez
Especial para la crónica


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